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Estudio divulgativo · 40 → 90 años · Cuarta hermana de Hueso Fuerte, Fuerza Muscular y Corazón

La ciencia ha medido, sobre todo, una forma de sexo.
Es verdad lo que dice de tu salud — y es la mitad de la historia.

Esta página es para adultos de 40 a 90 años, y habla de vulva, clítoris, pene, lubricación, dolor y orgasmo sin buscar rodeos: el pudor no es rigor. Cuenta qué se ha medido, con qué instrumento y en quién —porque ahí está el detalle que casi nadie cuenta: las escalas que la ciencia usa para medir «función sexual» definen las relaciones como penetración—, qué se puede hacer con evidencia de ensayo, y qué no se ha estudiado nunca. Con las cifras a la vista, incluidos los estudios que rebajan el entusiasmo.

El listón honesto, antes de nada: el sexo no alarga la vida. Es la confusión más repetida, y va en la dirección contraria a la que se cuenta. El estudio que todo el mundo cita dice que son los años de vida sexualmente activa los que se ganan por tener buena salud: a los 55 años, los hombres con salud muy buena o excelente ganaron 5-7 años de vida sexual activa frente a los de salud regular o mala, y las mujeres 3-6.1 La salud compra años de sexo, no al revés. Y lo que se mide de mortalidad es asociación en estudios observacionales, casi nunca ensayos: cuando un trabajo encuentra un riesgo menor entre quienes tienen actividad sexual, el resultado es global, sin separar por sexo,2 aunque en las webs de divulgación aparezca siempre desglosado.
Versión 0.1 · 29 de septiembre de 2026 · En construcción. Esta guía se publica por bloques, como el corazón: cada bloque se escribe, se verifica contra las fuentes y se publica antes de empezar el siguiente. Las cifras que ya están llevan su estudio resuelto por API (PubMed, Europe PMC, DOI) enlazado al lado. Y las que no tienen la cita fijada no están escritas: hay tres consultas sin localizar todavía y se dice cuáles, en vez de rellenarlas con algo que suene bien.
5-7 años
de vida sexualmente activa ganados por tener buena salud a los 55 años (las mujeres, 3-6). La salud añade años de sexo; el sexo no añade años de vida.
Lindau & Gavrilova, BMJ 2010 · 3.005 personas, MIDUS y NSHAP 1
×14
es la brecha de investigación medida hoy: en PubMed hay 9.873 títulos que llevan «disfunción eréctil» en el título y 704 que llevan «disfunción sexual femenina». El mismo recuento, repetido dos días distintos, da el mismo resultado.
recuento propio en el campo de título de PubMed, 27 y 29-sep-2026 (9.872 y 9.873 frente a 704) · método en la sección del espejo
P = 0,101
es lo que se queda la frecuencia de coito en el estudio que sí preguntó por otras cosas: en mujeres mayores, los besos, las caricias y el juego sí se asociaron con disfrutar de la vida (P < 0,001) y el coito no.
ELSA 2019, Sexual Medicine · 2.577 personas, cohorte inglesa de mayores 3
2-3 por 10.000
personas-año es el riesgo absoluto de infarto durante el sexo. Los titulares de miedo usan un ×2,1 —y algunas webs, un 0,7 que en realidad es el límite de abajo del intervalo—: el 4,4× sale solo en los más sedentarios, y todo esto es aproximadamente el 1 % de los infartos.
Möller et al., Heart 2001 · caso-cruzado sobre el registro sueco SHEEP 4

Las cuatro no son comparables entre sí: la primera y la tercera son transversales, la del riesgo de infarto es un caso-cruzado y la brecha de investigación la he contado yo, no un estudio. Ninguna es un ensayo aleatorizado, y precisamente por eso la sección de lo accionable separa lo que viene de ensayos de lo que es asociación.

Antes de seguir: esto no es consejo médico

Esta página es divulgación científica, no una prescripción para tu caso. El dolor en la penetración, la sequedad que no mejora con lubricante, la falta de deseo que te hace sufrir o un cambio en la erección que aparece de golpe son motivos de consulta: lo que hace esta página es decirte qué está estudiado, qué se puede hacer y con qué evidencia, para que llegues a esa consulta sabiendo de qué se habla.

Y una regla que no admite matices: si llevas una enfermedad de corazón diagnosticada, tienes dolor torácico al esfuerzo o llevas años sin moverte, consulta antes de empezar a entrenar. No por el sexo: por el esfuerzo.

El espejo: qué ha medido la ciencia, y qué no

Cuando se dice «la ciencia ha estudiado el sexo», conviene mirar qué ha medido. El detalle que cambia todo es el instrumento, porque las escalas que se usan en la práctica clínica para «función sexual» no miden lo mismo en hombres y en mujeres.

+2,8
puntos de IIEF-EF —la escala de erección para la penetración— con ejercicio aeróbico: eso es lo que encuentra el metaanálisis de 11 ensayos. La cifra sirve y está medida; lo que no está medido es todo lo demás.
Khera et al., Journal of Sexual Medicine 2023 · 11 ensayos aleatorizados 5

El instrumento decide el resultado

La FSFI, la escala que se usa para medir la función sexual femenina, cuenta como «relación sexual» la penetración: quien no la practica —porque no puede, porque no quiere o porque no tiene con quién— desaparece del dato. El IIEF-5, el cuestionario masculino, gira entero alrededor de la erección. Y la declaración de la American Heart Association de 2012 calculó el riesgo cardiovascular del sexo con hombres jóvenes casados.

Eso no es un detalle de método: es el hallazgo. La ciencia del sexo ha medido, sobre todo, el coito heterosexual con penetración, y lo demás —caricias, sexo oral, masturbación, juguetes, todo lo que pasa cuando la penetración duele o no es posible— ha quedado fuera del instrumental o dentro de preguntas que casi nadie hace. Cuando un estudio sí pregunta, el resultado cambia de titular: en mujeres mayores, lo que se asoció con disfrutar de la vida fueron los besos y las caricias, y la frecuencia de coito no.3

La brecha, contada con el recuento delante

No hace falta opinar sobre el sesgo: se cuenta. El método es tosco y por eso es honesto —buscar en el campo de título de PubMed, para no medir «cuánto se habla» sino cuántos trabajos se titulan sobre cada cosa— y se repitió en dos días distintos para ver que no es un artefacto:

  • erectile dysfunction[ti] — 9.873 títulos
  • female sexual dysfunction[ti] — 704 títulos
  • la proporción entre las dos — ×14

El mismo recuento el 27 de septiembre dio 9.872 y 704. Y el orden de magnitud coincide con lo que ya estaba medido por otras vías: la investigación sobre el deseo y el placer femeninos no es que esté sesgada, es que es un orden de magnitud más pequeña. Lo que sigue de aquí no es lamentarlo en un párrafo: es material de la página, y por eso está en un bloque propio.

Cómo está contado, para que se pueda repetir

El método es deliberadamente tosco, y por eso se puede comprobar. Se consultó el campo de título de PubMed —no el texto completo— para no medir «cuánto se habla de algo» sino cuántos trabajos se titulan sobre cada cosa. Las dos consultas exactas:

  • erectile dysfunction[ti] → 9.872 el 27-sep · 9.873 el 29-sep
  • female sexual dysfunction[ti] → 704 el 27-sep · 704 el 29-sep
  • proporción → ×14,0 en las dos fechas

Dos días distintos, el mismo resultado. Lo que esto sí demuestra: el volumen de literatura que se titula sobre la función eréctil es catorce veces el que se titula sobre la femenina. Lo que no demuestra: que cada estudio valga lo mismo, ni que el dinero gastado guarde esa proporción, ni que uno sea más importante que el otro. Es un recuento, no una auditoría de presupuestos.

Este recuento está contrastado con dos bases independientes, y el orden de magnitud se mantiene en las dos:

  • PubMed (campo de título): 9.873 frente a 704 → ×14
  • Europe PMC (campo de título): 10.802 frente a 879 → ×12

Las dos el 29-sep-2026, y el recuento de PubMed ya se había hecho el 27-sep con el mismo resultado (9.872 y 704). PubMed da la proporción más alta y Europe PMC la más baja; ninguna de las dos mide dinero invertido, ni calidad, ni importancia.

Llegar bien: qué se puede hacer a partir de los 40

Esta guía no es una clase sobre lo que es el sexo, y no va a explicarte un repertorio como si fuera un manual de instrucciones. Es un texto de salud: qué cambia con los años, qué se puede hacer con evidencia detrás, qué no está demostrado aunque se repita mucho, y a quién le ha ido peor por las decisiones que se tomaron sin datos. Todo lo que viene debajo lleva su estudio, su población y su límite al lado.

Y hay un hilo que atraviesa el bloque entero, porque es un hecho medido y no una opinión: los problemas que aparecen a partir de los 40 no son iguales para ellos y para ellas, no tienen las mismas causas y no tienen la misma investigación detrás. La brecha de ×14 del bloque anterior es el resumen: se titula catorce veces más sobre la función eréctil que sobre la femenina. Eso no es un detalle académico: es la razón de que en esta página haya más huecos declarados en la mitad femenina, y de que la mitad femenina tenga dos o tres cosas que la mitad masculina no tiene (el dolor, la atrofia, una investigación que las trata como caso raro).

160 min/semana
de ejercicio aeróbico moderado-vigoroso (40 minutos, cuatro días por semana, seis meses) es la dosis concreta con respaldo para la función eréctil. El efecto: +2,8 puntos de media, y hasta +4,9 en quien parte peor.
11 ensayos aleatorizados 5 · dosis derivada de 10 estudios de intervención 6 · y otra revisión independiente da +3,85 7
66,4 % frente a 6,8 %
de disfunción sexual en tratados con antihipertensivos en España medida con cuestionario frente a la que el paciente cuenta por sí solo en la consulta. La diferencia no es del fármaco: es de que nadie pregunta.
256 pacientes, Atención Primaria española 8
P < 0,001 frente a P = 0,101
Lo que se asoció con disfrutar de la vida en mujeres mayores fueron los besos y las caricias; la frecuencia de coito, no. Es el dato que ordena todo el bloque: lo que sostiene el bienestar no es la penetración.
ELSA 2019, 2.577 personas 3 · y a los 74 años el afecto pesa más que el sexo 9

1 · Lo primero: no se acaba nada, y no se nota igual en ellas y en ellos

Los datos españoles, que son los que valen para quien vive aquí. En la encuesta nacional de salud sexual, entre los mayores de 65 años se declaran sexualmente activos el 62,3 % de los hombres y el 37,4 % de las mujeres.10 Y ahí está el dato que cambia la narración: lo que más pesa en dejar de tener actividad sexual no es la biología, es quedarse sin pareja — y pesa el doble en ellas: no tener pareja multiplica por 12,0 la probabilidad de inactividad en mujeres frente a 5,79 en hombres.10 En una generación en la que ellas enviudan más y viven más años, eso significa que la soledad sexual tiene nombre de mujer, y que cualquier consejo que dependa de «tener pareja» está dejando fuera a una parte grande del público de esta guía.

El otro dato español que ordena el bloque: en mujeres de 40 a 80 años, los problemas más declarados no son de erección sino de deseo (36 %), de interés y de llegar al orgasmo (28 %); en hombres, la eyaculación precoz (31 %).11 Y el más incómodo: cerca del 80 % de quien tiene un problema no busca ayuda sanitaria.11 Esta página existe, en buena parte, por ese 80 %.

Y un dato español que ninguna guía de salud sexual debería saltarse, porque cambia el marco entero: en mujeres de 40 a 59 años, la baja función sexual aparece en el 33,2 %, y sube al 44,1 % en las posmenopáusicas.12 Y en ese mismo grupo, las mujeres que sufren violencia de pareja tienen baja función sexual en el 77,3 % de los casos frente al 25,0 % de las que no la sufren (razón de prevalencia ajustada 2,57).13 Traducido: cuando se habla de deseo y de dolor en la mitad femenina, hay una parte que no es hormonal, y que la consulta tiene que poder preguntar. Esta guía no va a fingir que ese dato no está ahí.

Y una lección de historia reciente que explica por qué en España se receta tan poco de lo que funciona: tras el susto del estudio WHI, el uso de terapia hormonal en mujeres de 40 o más años pasó del 7,19 % (2001) al 0,21 % (2014).14 El miedo llegó antes que el reanálisis por edad, y el 96 % de los ginecólogos encuestados conocía el estudio, con más del 10 % de las terapias suspendidas.15 La lección de género es nítida: cuando un dato se comunica mal, quien paga suele ser una mujer que deja un tratamiento que le estaba sirviendo. Es la razón de que en esta página haya tanta insistencia en poner el número, el diseño del estudio y el límite al lado de cada afirmación.

2 · Moverse: la intervención con mejor relación entre esfuerzo y resultado

Si solo se pudiera dar un consejo de esta guía, sería este, y no es un «hágalo por su salud general»: es específico y está medido. El ejercicio aeróbico mejora la función eréctil, con dosis: 40 minutos de intensidad moderada a vigorosa, cuatro días por semana, seis meses (160 minutos semanales),6 con un efecto agrupado de +2,8 puntos en la escala que se usa para medirla (11 ensayos aleatorizados) y mayor beneficio en quien parte peor: +2,3 en disfunción leve, +3,3 en moderada y +4,9 en grave.5 Y si quieres ver dónde está tu semana respecto a esa dosis, está en el simulador: se compara tu semana con la del ensayo, sin inventar ninguna fórmula. El mensaje de género, aquí, es el de siempre: toda la investigación y toda la publicidad de este tema es masculina, así que es el único sitio donde la evidencia es rotunda — y funciona como espejo de lo que falta en la otra mitad.

Y hay un segundo efecto, que es el más útil en salud pública. El sexo multiplica por ~2,5 el riesgo de infarto en las dos horas siguientes, pero el riesgo absoluto es de 1 en un millón por hora en términos absolutos: los infartos atribuibles al sexo son menos del 1 % del total.1617 El riesgo relativo se dispara en hombres sedentarios (×4,4) frente a los activos (×2,1),4 así que la conclusión práctica no es «cuidado con el sexo», sino «el sexo es una razón más para moverse».

El detalle: la dosis, qué modalidad funciona y qué no está probado
  • Dosis: 40 min × 4 días/semana = 160 min/semana de aeróbico moderado-vigoroso, 6 meses; la recomendación sale de 10 estudios de intervención y considera la evidencia suficiente para disfunción eréctil causada por inactividad, obesidad, hipertensión o síndrome metabólico.6
  • Qué modalidad: el aeróbico aislado es el que alcanza significación (SMD 0,81; IC 95 % 0,56-1,06) en hombres con disfunción eréctil que no toman fármacos para ella; la combinación con resistencia y el suelo pélvico no (SMD 0,03; IC 95 % −0,68 a 0,75; p = 0,93).18 Eso no quiere decir que el suelo pélvico sea inútil: quiere decir que en erección no está demostrado, y que se vende como si lo estuviera.
  • Lo que no está probado: el ejercicio no sustituye a los fármacos para la erección, y casi no hay ensayos dedicados al tramo de 80 a 90 años. Los que existen incluyen hombres de 70 y más sin desglosarlos: un análisis por subgrupos de cinco ensayos de sildenafilo en mayores de 65 años,19 y el estudio SURE de tadalafilo, que da resultados por grupos de edad con cifras para los mayores de 70.20 La media de los ensayos clásicos ronda los 55-62 años, así que a los 85 la evidencia es en buena parte extrapolación.

3 · Si duele o no lubrica, hay tratamiento — y hay dos cosas que no funcionan

Es el apartado con más consecuencias prácticas para la mitad femenina del público, y el que más huecos tiene. En España, en consultas de menopausia, la atrofia vulvovaginal confirmada por exploración aparece en el 87,3 % de las pacientes de 45 a 75 años estudiadas, y casi el 80 % de las que se declaran sexualmente activas tiene dolor en el coito.21 Traducido: el dolor en la penetración, a partir de los 45-50, es lo más frecuente que hay — y no es «lo normal por la edad», es una atrofia que se trata. Aguantar no es una opción terapéutica.

Con lo que sí funciona, y con dosis. Los estrógenos por vía vaginal mejoran la sequedad, el escozor y el dolor frente a placebo, y entre crema, comprimido y anillo no hay diferencia demostrada de eficacia.22 Y una advertencia de lectura honesta: en esa revisión Cochrane el resultado principal cambia de significativo a no significativo según el modelo estadístico (OR 12,47 con efectos fijos frente a 5,80 con efectos aleatorios, cuyo intervalo cruza el 1). Lo digo aquí porque es exactamente lo que no suele contarse: la evidencia de lo más usado del mundo en este tema no es sólida, aunque la práctica clínica y la fisiología apunten en la misma dirección.

Lo que se aplica en la vagina se receta, no se improvisa

Los estrógenos vaginales, el ospemifeno y el DHEA vaginal son tratamientos con receta: tienen indicaciones, contraindicaciones y seguimiento. Lo que sí puedes hacer sin receta es un lubricante (para el momento) y un hidratante vaginal (de mantenimiento), y hay un dato útil: el ácido hialurónico vaginal no fue inferior al estrógeno en un ensayo piloto,23 lo que da una alternativa razonable para quien no puede o no quiere usar hormonas. Y si duele, la respuesta no es «más lubricante»: es consulta.

Dosis, resultados y lo que no funciona: el detalle de este apartado
  • Crema de estradiol al 0,003 %: 0,5 g (15 µg) al día durante 2 semanas y luego 3 veces por semana, hasta 12 semanas; mejora la dispareunia además de la citología, el pH y la sequedad.24
  • Estradiol aplicado en el vestíbulo (donde duele, no dentro) + lubricante de silicona antes de la penetración, en posmenopáusicas con dispareunia moderada-grave: reduce el dolor a la mitad en 4 semanas y alrededor de un 75 % en 12 semanas.25
  • Ospemifeno 60 mg/día oral, 12 semanas: en sequedad moderada-grave, respondedoras 31,5 % frente al 6 % del placebo, con mejora secundaria de la dispareunia.26
  • DHEA vaginal frente a estradiol vaginal: mejoría del 92 % frente al 82 % en dispareunia, pero con p = 0,051 — es decir, no está demostrado que una sea mejor que la otra, aunque se cite como si lo estuviera.27
  • Lo que no funciona, y se vende: cinco sesiones mensuales de láser fraccionado de CO2 no superan a un láser simulado en función sexual (FSFI +5,2 frente a +7,9, con peor tolerancia) ni en dolor, salud vaginal, imagen corporal o calidad de vida.28 Es un tratamiento caro que funciona igual que un placebo aplicado con la misma ceremonia.
  • Suelo pélvico: los estudios se contradicen y hay que decirlo. El metaanálisis encuentra mejora del FSFI total de +7,67 puntos (IC 95 % 0,77-14,57) y en excitación, orgasmo, satisfacción y dolor;29 el ensayo aleatorizado más grande hecho específicamente en posmenopáusicas no encontró diferencias en ninguna puntuación frente a no hacer nada.30 Con esta contradicción, la lectura honesta es: puede valer, no está garantizado, y quien lo venda como solución segura está yendo más allá de los datos.
  • Donde el suelo pélvico sí tiene evidencia clara: en el dolor provocado por la penetración (vestibulodinia), 10 semanas de fisioterapia multimodal (educación, ejercicios con biorretroalimentación, terapia manual y dilatación) reducen más el dolor que la lidocaína tópica: −1,8 puntos en una escala de 0 a 10 (IC 95 % 1,2-2,3) y 79 % frente a 39 % de mujeres que se declaran «mucho mejor».31

4 · Mira tu medicación: la causa de la que nadie habla

Este podría ser el apartado más rentable de la guía, porque es el único que se resuelve en la consulta y sin gastar dinero. En Atención Primaria española, en pacientes tratados con antihipertensivos, la disfunción sexual medida con cuestionario llega al 66,4 %, mientras que el reporte espontáneo del paciente está entre el 6,8 % y el 24,8 %.8 El problema no es el fármaco: es que nadie pregunta y nadie lo cuenta, y el paciente concluye que «le pasa por la edad» o, peor, abandona el tratamiento por su cuenta — que es la peor opción de todas, porque la hipertensión no avisa.

Con los antidepresivos pasa lo mismo, y con más frecuencia: es la familia de fármacos con la señal más consistente. Y hay un matiz que casi nunca se cuenta: parte de lo que se declara es efecto nocebo, demostrado en un ensayo con finasterida en el que avisar de los efectos sexuales aumentó significativamente su notificación.32 Es decir: importa lo que se dice, cómo se dice y cuándo.

Y cuando ya ha pasado: qué funciona para arreglarlo (poco y con peros)
  • La revisión sistemática con metaanálisis en red de 57 trabajos (3.108 pacientes) sobre disfunción sexual por antidepresivos encuentra que el 44 % de los estudios reporta una intervención exitosa, pero al separar por diseño: 70 % de éxito en estudios abiertos frente a 22 % en los controlados con placebo,33 y con intervalos que cruzan el cero en los dos resultados principales. Traducido: el campo está lleno de señales y vacío de pruebas.
  • Lo que sí tiene respaldo propio y barato: el ejercicio mejora la función sexual en mujeres que toman antidepresivos.34
  • No suspendas ni cambies nada por tu cuenta. La conversación correcta es: qué fármaco, a qué dosis, si hay alternativa de la misma familia, y si el problema es del fármaco o de la enfermedad que trata.

5 · Lo que de verdad predice disfrutar (y no es la frecuencia de coito)

Aquí es donde la evidencia contradice el sentido común, y donde esta guía se separa de casi todas. Lo que sostiene el bienestar sexual a partir de los 40 no es la frecuencia de penetración: es el afecto, la intimidad y las prácticas. Los datos:

  • En mujeres mayores, besar y acariciar se asoció con disfrutar más de la vida (P < 0,001) mientras que la frecuencia de coito no (P = 0,101).3
  • A los 74 años, la gente da más importancia al afecto que al sexo, y es la importancia del afecto —no la de la actividad sexual— la que predice la satisfacción con la relación (estudio longitudinal alemán).9
  • Entre los mayores que ya no tienen actividad sexual, casi la mitad (47,3 %) mantiene formas de ternura física con su pareja.35 El contacto íntimo no se acaba cuando se acaba el coito.
  • En europeos de 60 a 75 años, el predictor más importante de actividad y de satisfacción es tener pareja; y la satisfacción se mueve entre el 40 % y el 60 %.36 En el estudio longitudinal, lo que va unido a mejor satisfacción sexual es la salud, la ausencia de depresión, convivir con la pareja, menos soledad y dar importancia a la intimidad.37

Y la brecha del orgasmo, que es el dato más político de esta guía. Persiste a todas las edades y la edad influye con un efecto mínimo: los hombres declaran orgasmo en el 70-85 % de las relaciones y las mujeres en el 46-58 %.38 ¿Es biología? Los propios datos lo desmienten: el orgasmo femenino se asocia a lo que ocurre en el encuentro — beso profundo, estimulación manual, sexo oral, más duración, pedir lo que se quiere—, y la diferencia entre mujeres y hombres desaparece según esas prácticas, no según el cuerpo.39 Dicho de otro modo: la brecha no se cierra con la edad ni con hormonas, se cierra con prácticas, y quien no las incorpora está dejando sobre la mesa algo que está medido.

Y sin pareja: lo que está medido (y que casi nunca aparece en las guías)

Esta guía no puede hablar de afecto y luego dar por supuesto que todo el mundo tiene con quién. Lo que hay publicado sobre la vida sexual en solitario, a partir de los 40: - Masturbación en mayores de 60: entre el 41 % y el 65 % de los hombres y entre el 27 % y el 40 % de las mujeres lo hicieron en el mes anterior (3.816 europeos de 60 a 75 años, cuatro países).40 Depende menos de la edad que de las actitudes: quien lo considera aceptable y cree que el sexo es bueno a esa edad, lo practica más. - Mujeres de 40 a 65: la frecuencia de masturbación baja tras la menopausia, pero la capacidad de llegar al orgasmo no se pierde: informaron de orgasmo el 81 % de las veces que se masturbaban (1.500 mujeres).41 - Juguetes en mujeres de 60 o más: el 46,4 % los usa casi siempre o siempre al masturbarse y el 38,7 % los ha usado con pareja (3.001 mujeres).42 Es decir: el juguete no es una excepción de consultorio, es una parte normal del repertorio. - Repertorio sin penetración: el 40 % de las mujeres encuentra placentero el contacto anal superficial (3.017 mujeres de 18 a 93 años).43 - Lo que falta: casi todo esto está medido en Estados Unidos y en el norte de Europa. De mujeres españolas de 70 u 80 años y su vida sexual sin pareja no hay nada — y esta guía no va a rellenarlo con lo que le parece probable.

6 · Si el problema es el deseo: qué hay, qué no y qué se vendió

El deseo es el síntoma del que más se habla y el que peor evidencia tiene, en las dos direcciones. En mujeres, la testosterona tiene un efecto real pero pequeño —mejora el deseo con un tamaño de efecto de 0,36 en un metaanálisis de 36 ensayos y 8.480 mujeres— a cambio de efectos secundarios (acné, vello, peso, alteración de lípidos si la vía es oral), y con la seguridad a largo plazo sin resolver según los propios autores.44 Dos detalles que desmontan el entusiasmo: el nivel de andrógenos no diagnostica nada —el metaanálisis de andrógenos endógenos solo encuentra asociación en 11 de 34 estudios, y con una edad media de 36 años, fuera del tramo de esta guía—45 y en hombres mayores el ensayo de referencia mide +0,49 relaciones al día con testosterona y ninguna mejora de la erección,46 eso sí, con seguridad cardiovascular razonable (MACE 7,0 % frente a 7,3 %; HR 0,96).47

Y la parte de género, que aquí es explícita porque la fuente es la propia sociedad científica que emite la recomendación: la declaración de posición de la Sociedad Europea de Medicina Sexual sobre la «discrepancia de deseo» en la pareja dice, textualmente, que es un asunto de opinión más que de evidencia, y no pudieron dar recomendaciones por niveles de evidencia.48 La crítica más dura viene del campo de la ética médica: no hay evidencia de que el «deseo sexual hipoactivo» sea una condición médica, y buena parte de la formación sobre él está financiada por la industria que vende el tratamiento.49 Con eso en la mano, si alguien te vende una pastilla o un suplemento «para el deseo», la pregunta correcta no es cuánto cuesta: es qué estudio controlado la sostiene.

Lo que no está demostrado en este bloque (y no lo va a estar aquí)

  • Nada de esto está estudiado en 70-90 años. Ninguna media de edad de los estudios de tratamiento de este bloque pasa de 62,4 años. Y de eficacia, el dato español es viejo y escaso: lo que sobra es carga de enfermedad (cuántas lo tienen, la EVES), pero existe — la efectividad en la consulta española está medida en 2.816 pacientes de atención primaria,50 hay multicéntricos españoles en lesionados medulares51 y un ensayo aleatorizado, doble ciego y con simulación en refractarios a los fármacos orales.52 Lo que no hay es nada de eso medido por encima de los 70 años.
  • El láser de CO2 no supera al simulado.28
  • DHEA vaginal frente a estradiol: p = 0,051, no demostrado.27
  • Suelo pélvico y función sexual en posmenopausia: metaanálisis a favor, ensayo grande en contra. No demostrado.2930
  • Suelo pélvico y erección: SMD 0,03. No demostrado, y se vende.18
  • Ejercicio como sustituto de fármacos para la erección: no probado.
  • Una ventana temporal exacta entre la disfunción eréctil y el evento cardiovascular: la cifra de 2-5 años es un consenso de nivel 2, no una cohorte prospectiva — está en el cruce con la guía del corazón y se cuenta allí como lo que es.
  • España: prevalencia de disfunción sexual femenina medida con instrumentos no coitocéntricos, sexualidad en residencias españolas (dos resultados en toda la base) y vida sexual de mujeres mayores sin pareja. Huecos declarados, no rellenados.

Los cruces con las hermanas: corazón, hueso y músculo

Esta guía no va sola: hay otras tres que cubren el hueso, la fuerza y el corazón, y el sexo se cruza con las tres en cosas que se pueden hacer. Este bloque no repite lo que ellas ya cuentan; pone los puntos donde se tocan.

1 · Corazón: la erección avisa años antes, y eso se puede usar

Es el cruce más útil de toda la página, y va en la dirección contraria a la que se suele contar. No es que el sexo ponga en riesgo el corazón: es que la erección es un barómetro vascular que avisa antes que el pecho. El metaanálisis de 14 cohortes (92.757 hombres, seguimiento medio de 6,1 años) encuentra que quienes desarrollan disfunción eréctil tienen más eventos cardiovasculares (RR 1,44; IC 95 % 1,27-1,63), más infarto (1,62; 1,34-1,96), más ictus (1,39) y más mortalidad por cualquier causa (1,25), y la asociación es más fuerte cuanto más joven es el hombre.53 Traducido a la consulta: un hombre de 45-55 años que empieza con problemas de erección no tiene «un problema sexual», tiene una revisión cardiovascular pendiente — y eso es lo que la página de Corazón sabe medir mejor que esta.

×1,44
más eventos cardiovasculares en quien desarrolla disfunción eréctil, y ×1,62 más infarto. Con aviso importante: va por delante, no detrás.
metaanálisis de 14 cohortes, 92.757 hombres 53
8,94 % frente a 4,58 %
de eventos cardiovasculares mayores en hombres con disfunción eréctil frente a sin ella, en una cohorte de 430.621 hombres ponderada por propensión. Y el evento llegaba antes.
cohorte retrospectiva, 7,5 años de media hasta el evento 54
9,5 %
es la disfunción eréctil registrada en Atención Primaria en Cataluña (659.501 hombres), con el pico a los 55-64 años y 12,6 % en diabetes tipo 2. Dato español, y de los pocos que hay.
SIDIAP, cobertura ~80 % de la población catalana 55
La ventana temporal, y por qué hay que decir que su nivel de evidencia es bajo

La cifra que más se repite —«la disfunción eréctil precede al infarto entre 3 y 5 años»— sale de un documento de consenso, no de una cohorte prospectiva: estima 2-3 años hasta los síntomas de enfermedad coronaria y 3-5 años hasta el evento, con nivel de evidencia 2 y grado B.5657 Es una orientación razonable y coincide con lo que se ve en la clínica, pero no es un dato prospectivo, y en esta página se cuenta como lo que es. Lo que sí es robusto es la asociación en sí (los 92.757 hombres del metaanálisis) y el hecho de que el aviso llega antes: eso basta para justificar la revisión, que es lo único que hace falta para actuar.

Un apunte más, para quien tenga la tentación de leerlo como una condena: en la cohorte europea de envejecimiento masculino, la disfunción eréctil predijo mortalidad (HR 1,40) con independencia de la testosterona.58 Es decir, no es un asunto hormonal: es vascular. Y por eso responde a lo vascular — moverse, tensión, azúcar, tabaco.

2 · Hueso: la misma menopausia que seca la vagina adelgaza el hueso

Aquí la conexión es directa y es la razón de que esta guía y Hueso Fuerte tengan que leerse juntas: el mismo descenso de estrógenos que produce la sequedad y el dolor de la penetración es el que se lleva el calcio del hueso. Y las dos cosas tienen tratamiento, y el tratamiento es el mismo tipo de conversación.

Los dos ensayos del WHI, que son los que asustaron a todo el mundo, encontraron menos fracturas de cadera con terapia hormonal: HR 0,66 (0,45-0,98) con estrógenos más progestágeno,59 y HR 0,61 (0,41-0,91) con estrógenos solos.60 Eso no se cita casi nunca cuando se habla del WHI, y es la mitad de la historia: lo que el estudio encontró fue un balance, no un daño. El detalle que lo cambia todo es el reanálisis por edad y años desde la menopausia: el riesgo cardiovascular de la terapia no es el mismo a los 50 que a los 70.61

Dos decisiones distintas que se confunden todo el tiempo

Los estrógenos vaginales tratan el síntoma local (sequedad, dolor, molestia) y son un tratamiento local: no se eligen para proteger el hueso. La terapia sistémica es otra decisión, con otros riesgos y otros beneficios, y depende de la edad, de los años desde la menopausia y del riesgo de cada mujer. Que en España su uso cayera del 7,19 % al 0,21 % tras el susto del WHI14 no significa que estuviera bien antes ni que esté bien ahora: significa que se dejó de decidir caso por caso y se decidió en bloque, y eso casi nunca sale bien.

3 · Músculo: el suelo pélvico es el músculo que nadie entrena

El suelo pélvico es músculo esquelético, como el cuádriceps de Fuerza Muscular, y se entrena con los mismos principios: carga progresiva, constancia, supervisión. La diferencia es cultural: a nadie le da vergüenza entrenar el brazo, y a casi nadie le han explicado que ahí abajo hay músculo que decide dos cosas importantísimas —la continencia y si la penetración duele—. Es el cruce con la guía de fuerza, y es también donde la evidencia es menos limpia de lo que se vende:

  • En dolor provocado por la penetración (vestibulodinia) es donde hay evidencia clara: 10 semanas de fisioterapia multimodal (educación, ejercicios con biorretroalimentación, terapia manual y dilatación) reducen más el dolor que la lidocaína tópica —−1,8 puntos en una escala de 0 a 10— y el 79 % frente al 39 % de las mujeres se declaran «mucho mejor».31
  • En función sexual en posmenopausia la evidencia se contradice: el metaanálisis encuentra mejora del FSFI de +7,67 puntos (0,77-14,57),29 y el ensayo aleatorizado más grande hecho en posmenopáusicas no encontró diferencias en ninguna puntuación frente a no hacer nada.30 Con eso, la frase honesta es «puede ayudar, no está garantizado», no «está demostrado».
  • Y en hombres, para la erección, no funciona: SMD 0,03, con un intervalo que va de −0,68 a 0,75.18 Se dice aquí porque se vende mucho: quien te ofrezca suelo pélvico para la erección está cobrando por algo que la evidencia no sostiene; lo que sí funciona ahí es el aeróbico (ver el apartado 2).

Y lo que no está demostrado en los cruces

  • La ventana temporal entre la disfunción eréctil y el evento cardiovascular: consenso de nivel 2, no cohorte prospectiva.56 La asociación sí es sólida; el plazo exacto, no.
  • Suelo pélvico y erección: SMD 0,03. No demostrado.18
  • Suelo pélvico y función sexual en posmenopausia: un metaanálisis a favor y el mayor ensayo en contra. No resuelto.2930
  • Terapia hormonal y prevención cardiovascular: el balance depende de la edad y de los años desde la menopausia, y eso es precisamente lo que hace que no se pueda generalizar.61
  • Y el hueco de siempre: nada de esto está estudiado por encima de los 70 años, y en los cruces es donde más se nota, porque la enfermedad cardiovascular y la osteoporosis son justo las dos cosas que más aparecen a partir de ahí.

Seguir con 70, 80 y 90: donde la ciencia se queda corta

Este es el tramo del que casi no hay estudios, y por eso empieza con la advertencia en vez de con el dato. Ninguna media de edad de los ensayos de tratamiento que hemos revisado en esta guía pasa de 62,4 años; de lo que pasa a partir de los 70 la investigación dice mucho menos de lo que la gente necesita saber. Así que este bloque hace dos cosas: cuenta lo poco que está medido, y nombra lo que no, con la consulta delante. No hay relleno, y no lo va a haber.

Y hay una idea que ordena todo el bloque, y es buena noticia: en esta etapa el repertorio no se reduce, se reordena. Lo que se cae primero es la penetración; lo que aguanta son las otras cosas, y están medidos y son más de lo que se supone.

47,3 %
de los mayores que ya no tienen actividad sexual mantiene formas de ternura física con su pareja. La cifra es de un estudio belga que incluye a mayores de 85 años: no es un promedio de gente de 60.
511 participantes, estudio UN-MENAMAIS 35
63,4 %
de las residencias de mayores no tiene ninguna política escrita sobre la sexualidad de sus residentes, y el 56,6 % exige permiso de un familiar si hay deterioro cognitivo. El deseo sigue ahí; el permiso, no.
366 direcciones de enfermería encuestadas 62
37.692
diagnósticos nuevos de infecciones de transmisión sexual en personas de 45 años o más en un solo año en Inglaterra, con la tendencia subiendo. La idea de que «a esta edad ya no pasa nada» es falsa, y tiene consecuencias.
vigilancia nacional inglesa, 2019 63

1 · Lo que aguanta cuando la penetración se acaba

En este tramo, la actividad sexual baja —en los mayores belgas de 75 y más, el 31,3 % se declara activo— pero casi la mitad de los que no lo son mantiene la ternura física.35 Y eso no es un consuelo de segunda: en el estudio longitudinal alemán, a los 74 años la gente da más importancia al afecto que al sexo, y es la importancia del afecto —no la de la actividad sexual— la que predice la satisfacción con la relación.9 Dicho de otra forma: el cariño no es lo que queda cuando ya no hay sexo, es lo que sostiene la satisfacción cuando el sexo cambia de forma.

Y lo que casi nunca se escribe en una guía de salud: sin pareja también hay vida sexual, y está medida. En adultos de 60 a 75 años de cuatro países europeos, entre el 41 % y el 65 % de los hombres y entre el 27 % y el 40 % de las mujeres se habían masturbado en el mes anterior, y lo que más lo predecía no era la edad sino las actitudes (considerarlo aceptable, creer que el sexo es bueno a esa edad).40 En mujeres de 40 a 65, la frecuencia baja después de la menopausia pero la capacidad de llegar al orgasmo no se pierde: el 81 % de las veces que se masturbaban, informaron de orgasmo.41 Y entre mujeres de 60 y más, el 46,4 % usa juguetes al masturbarse —frente al 38,7 % que los ha usado con pareja—.42

Para una guía que quiere que la gente llegue bien a estas edades, esto no es un apéndice: es la parte del repertorio que sobrevive a la viudedad, y en España no se le ha dedicado ni un estudio.

Y si el cuerpo se pone difícil: enfermedad crónica y discapacidad

Lo que hay medido, y con diferencias por sexo que importan: en la encuesta estadounidense de salud y envejecimiento (NSHAP: 893 hombres y 641 mujeres con pareja), una mayor carga de enfermedades crónicas se asoció a menos frecuencia sexual en los hombres, y a más problemas de lubricación en las mujeres y de orgasmo en los hombres.64 Es decir: no es «falta de ganas», son cuerpos con otras cosas encima — y el reparto de los problemas no es simétrico, que es justo lo que una guía de salud tiene que decir en vez de hablar de «la disfunción» en abstracto.

2 · La viudedad, y por qué la soledad sexual tiene nombre de mujer

Dos datos, de dos estudios distintos, que juntos cuentan lo que pasa cuando la pareja falta. El primero es español: entre los mayores de 65 años, no tener pareja multiplica la probabilidad de inactividad sexual por 12,0 en mujeres y por 5,79 en hombres.10 El segundo viene de una cohorte taiwanesa de 2.453 personas seguidas 14 años: la viudedad se asoció a más mortalidad (aHR 1,43; IC 95 % 1,21-1,68) y la actividad sexual a menos (aHR 0,72; 0,62-0,84), con el patrón habitual por sexo (en hombres la viudedad pesa más: 1,66).65

Y aquí conviene ser honesta con la estadística, porque es donde más se exagera: la asociación entre actividad sexual y mortalidad es observacional, y buena parte se explica por la salud general, la edad y el hecho de tener pareja. Cuando se ajusta por todo eso, el efecto se debilita aunque no desaparece —en los supervivientes de infarto israelíes pasó de un hazard ratio de 0,30 sin ajustar a 0,68 ajustado—.66 La conclusión correcta no es «el sexo alarga la vida» (eso es la trampa del primer bloque), sino algo más útil: la falta de pareja tiene consecuencias medibles en salud, y las tiene sobre todo en mujeres, que son las que enviudan más y viven más años solas.

3 · Residencias: el deseo existe, el permiso no

Es el escenario donde la distancia entre lo que pasa y lo que está previsto es más grande. En la encuesta a 366 direcciones de enfermería de residencias: el 58 % había encontrado situaciones de actividad sexual entre residentes y el 60 % situaciones de masturbación —o sea, pasa—, mientras el 63,4 % de los centros no tenía ninguna política al respecto y el 56,6 % exigía el permiso de un familiar cuando hay deterioro cognitivo.62

De España, lo más cercano que existe es un estudio cualitativo con 20 mujeres residentes en Madrid (18 meses de trabajo de campo) que describe tres marcos: expresar la sexualidad, entenderla como deber conyugal y respetar los votos; y señala como frenos la falta de privacidad y las actitudes del personal y de la familia.67 Son 20 mujeres y no hay cifra de prevalencia —es un estudio fenomenológico y se dice tal cual—, pero el hallazgo del «deber» merece leerse con la mirada de esta guía: no es solo que falte permiso para el deseo; es que a una generación de mujeres se le enseñó que el sexo era una obligación, y esa lección no se jubila al entrar en una residencia.

Y lo que no hay: los huecos de este tramo, con la comprobación delante

Aquí no se rellena: se enseña el hueco. - Sexualidad en residencias españolas: dos resultados en toda la base de búsqueda. Lo que hay es el estudio cualitativo de Madrid, sin cifras. - Juguetes y masturbación en mujeres mayores fuera de Estados Unidos: cero estudios españoles. Todo lo que se cita en el apartado 1 viene de EE. UU. y del norte de Europa. - La cifra que circula sobre personas trans en la ciencia del ejercicio (851 artículos, 151.043 participantes, solo 3 con datos no binarios) no se ha podido localizar en ninguna base: no se publica en esta página. Lo que sí está verificado, y se puede citar, es que las personas trans hacen menos actividad física que las cisgénero y que las razones que documenta la investigación son sociales —estigma, discriminación, vestuarios y gimnasios hostiles, deporte organizado en clave binaria— y no de capacidad física.68 - Hombres y mujeres de 80 y 90 años: prácticamente nada. Y es el tramo que más crece.

4 · Quien cuida a su pareja: el deseo cuando hay una enfermedad en casa

Un tramo que no se suele escribir y que afecta a mucha gente de 60 a 80: cuidar. La revisión sistemática de 22 estudios sobre cuidadores familiares de personas con demencia encuentra más sobrecarga en las mujeres que en los hombres —y todos los estudios que no hallaron diferencias tenían una proporción muy alta de cuidadoras mujeres, lo que los autores discuten como causa precisamente del sesgo—.69 Y en el trabajo con parejas de hombres tratados de cáncer de próstata, el malestar por los efectos del tratamiento persiste dos años después y se relaciona con peor valoración de la relación, en las dos partes.70

Lo que esto aporta a una guía de salud sexual es un cambio de sujeto: en el tramo de 40 a 90 hay un porcentaje enorme de personas cuya vida sexual está condicionada no por su cuerpo, sino por el cuerpo de la persona a la que cuidan. Eso también es salud sexual, y no aparece en las guías.

Y lo que no está demostrado (ni medido) en este tramo

  • Nada de tratamiento está probado por encima de los 70: ninguna media de edad de los ensayos revisados pasa de 62,4 años.
  • La asociación entre actividad sexual y mortalidad es observacional y se debilita al ajustar por salud, edad y pareja: no demuestra que el sexo alargue la vida.66 Lo que sí muestra es que la falta de pareja tiene consecuencias medibles, sobre todo en mujeres.
  • La residencia como escenario de salud sexual: hay descripción, no hay cifras de prevalencia ni de intervención, y en España hay dos resultados.
  • Y la cifra de personas trans en la ciencia del ejercicio, que se ha repetido en el material de partida, no existe en ninguna base que hayamos podido consultar: no entra. Cuando no se puede verificar algo, se dice; no se maquilla.

Lo que la ciencia no ha demostrado (y lo que se vende como si lo estuviera)

Aquí no se despacha nada con un «no hay evidencia» genérico: hay tres cosas distintas y cada una se llama por su nombre, porque la diferencia importa muchísimo cuando alguien te está cobrando por algo.

  • Demostrado que no funciona: hay ensayos y dicen que no.
  • No demostrado: no hay ensayos suficientes, o los que hay son tan pequeños que no concluyen.
  • En disputa: hay estudios serios que no coinciden entre sí. Es lo más incómodo de contar y lo más frecuente de lo que se cree.

1 · En disputa: el punto G

Es el ejemplo perfecto de la tercera categoría, y el más útil para entender de qué va esta sección. La revisión sistemática más completa (31 estudios: 6 encuestas, 5 clínicos, 9 de imagen, 8 histológicos, 1 neurofisiológico) encontró que el 62,9 % de las mujeres dice tenerlo y que se identificó en el 55,4 % en los estudios clínicos —pero en dos estudios no se identificó en ninguna—, que los estudios de imagen se contradicen sobre su existencia y su naturaleza, y que el estudio de la inervación de las paredes vaginales no encontró sistemáticamente un área con más terminaciones. Su conclusión, literal: «la existencia de esta estructura sigue sin probarse», y entre los que la dan por existente no hay acuerdo sobre dónde está, su tamaño ni su naturaleza.71

Y ahora la parte que casi nadie cuenta: otra revisión sistemática llega a lo contrario. La de anatomía clínica concluye que hay «datos científico-clínicos fiables» que sostienen una estructura anatómica del punto G,72 y un estudio de resonancia con diseño piloto describe un correlato morfológico en vivo.73 Dos sistemáticos, dos conclusiones. Eso es una disputa abierta, no un fraude, y quien te venda el asunto resuelto te está vendiendo su versión.

Lo que sí ayuda a entender el placer —y aquí la ciencia ha avanzado mucho— es el cambio de marco: en lugar de buscar un botón en la pared vaginal anterior, la anatomía apunta a un complejo clítoro-uretro-vaginal —el clítoris tiene una parte interna mucho mayor que la visible, y el orgasmo es un asunto de conjunto, no de un punto concreto—.74 Traducido a la vida real: si no lo encuentras, no se te ha roto nada, y no hay ninguna obligación anatómica de que exista para ti.

2 · Demostrado que no funciona (y se sigue vendiendo)

  • El láser fraccionado de CO2 en la vagina: no supera al láser simulado en función sexual (FSFI +5,2 frente a +7,9), con peor tolerancia, ni en dolor, salud vaginal, imagen corporal ni calidad de vida.28 Es decir: un tratamiento caro que funciona igual que un placebo aplicado con la misma ceremonia. Y se sigue ofreciendo en clínicas privadas.
  • El suelo pélvico para la erección: SMD 0,03, con intervalo de −0,68 a 0,75.18 No es que «ayude poco»: es que el resultado es indistinguible de cero.
  • El punto G como diana terapéutica: si no hay acuerdo ni sobre su existencia ni sobre su localización, cualquier tratamiento que prometa «activarlo» está vendiendo humo con bata.

3 · No demostrado: cuando el estudio es tan pequeño que no concluye nada

Este es el caso más difícil de explicar y el más frecuente. El ejemplo perfecto es el complemento más publicitado de todos, la maca: hay un ensayo doble ciego y controlado con placebo —o sea, metodológicamente bien hecho— en el que participaron 45 mujeres (42 analizables), 12 semanas, 3 gramos al día, para disfunción sexual por antidepresivos. Los resultados: remisión del 9,5 % con maca frente al 4,8 % con placebo en una escala, y del 30 % frente al 20 % en otra. Eso son dos mujeres de diferencia en el primer resultado, y la conclusión de los autores es que «puede aliviar» en mujeres posmenopáusicas.75

Leído como lo que es: el estudio no concluye nada, porque con esos números el azar explica la diferencia. Y leído como lo que pasa en la vida: eso mismo se vende como «estudiado científicamente para la libido». Un ensayo pequeño no es un fraude; convertirlo en un argumento de venta sí es un abuso. El mismo problema tiene el DHEA vaginal frente al estradiol (92 % frente a 82 %, con p = 0,051, que es justo quedarse fuera de la significación estadística).27

4 · El problema de fondo: cómo se prueba

Y hay una razón estructural por la que casi todo lo que se vende «para las ganas» está sin probar. La revisión sistemática con metaanálisis en red de 57 trabajos (3.108 pacientes) sobre disfunción sexual por antidepresivos encontró una pista muy reveladora: al separar por diseño, la tasa de éxito es del 70 % en los estudios abiertos (donde nadie está ciego y todos esperan que funcione) frente al 22 % en los controlados con placebo, con los intervalos de credibilidad cruzando el cero en los dos resultados principales.33 El campo está lleno de señales y vacío de pruebas, en palabras llanas.

Y un detalle que afecta a las dos direcciones, porque no solo sirve para desmontar: en un ensayo con finasterida, avisar a los participantes de los posibles efectos sexuales hizo que se declararan significativamente más.32 Es el efecto nocebo medido. Lo que te cuentan sobre un tratamiento cambia lo que sientes: por eso una pastilla puede «funcionar» aunque no haga nada, y por eso todo lo que se vende sin ensayo controlado se apoya en algo real —la sugestión— y no en un efecto del producto.

5 · Lo que se repite mucho y no es verdad

  • «El sexo alarga la vida.» La dirección es la contraria: son los años de vida sexual activa los que se ganan por tener buena salud.1 Y la asociación que lo sostiene es observacional y se debilita al ajustar por salud, edad y pareja.66
  • «La disfunción eréctil avisa 3-5 años antes del infarto.» Eso sale de un consenso de nivel 2, no de una cohorte prospectiva.5657
  • «La testosterona arregla el deseo de las mujeres.» Mejora el deseo con un tamaño de efecto pequeño (0,36) y a cambio de efectos secundarios y con la seguridad a largo plazo sin resolver.44 Y el nivel de andrógenos no diagnostica nada.45
  • «El deseo sexual hipoactivo es una enfermedad.» La propia sociedad europea de medicina sexual dice por escrito que la discrepancia de deseo es cuestión de opinión más que de evidencia,48 y la crítica desde la ética médica va más lejos: no hay evidencia de que sea una condición médica, y buena parte de la formación sobre ella la paga la industria que vende el tratamiento.49

6 · Y una lista corta para cuando te ofrezcan algo

Cinco preguntas, y con la respuesta se sabe casi todo:

  1. ¿Hay un ensayo controlado con placebo, o solo estudios abiertos y «series de casos»? (Recordar el 70 % frente al 22 %.)33
  2. ¿Cuántas personas y cuánto tiempo? Si te dicen «estudiado científicamente» y son 40 mujeres doce semanas, ya sabes lo que hay.75
  3. ¿Qué mejora exactamente, algo que tú puedas notar o un parámetro de laboratorio?
  4. ¿Quién paga el estudio y quién lo vende? Si es el mismo, se puede leer, pero se lee con eso en la mano.49
  5. ¿Te piden que dejes algo que ya te funciona (un tratamiento, una medicación)? Ahí, parar y consultar: ninguna novedad justifica cambiar algo que funciona sin un ensayo detrás.

Lo que no se ha estudiado nunca (y quién decide qué se estudia)

A lo largo de esta página ha aparecido muchas veces la expresión «hueco declarado». Este bloque los reúne todos en un sitio y explica por qué existen, porque un hueco no es casualidad: es el resultado de lo que se decide medir y de quién paga la medición.

Todo esto sale de nuestra propia búsqueda —37 consultas en tres bases de datos y 4.071 registros revisados (la estrategia completa, con las consultas exactas, está en el último bloque)—, y cada ausencia se puede comprobar repitiendo la búsqueda:

  • Nada de tratamiento probado por encima de los 70 años. Ninguna media de edad de los ensayos revisados en esta guía pasa de 62,4 años. Justo el tramo que más va a crecer.
  • Sexualidad en residencias españolas: dos resultados en toda la base. Lo que existe es un estudio cualitativo con 20 mujeres en Madrid, sin cifras.67
  • Juguetes y masturbación en mujeres mayores: cero estudios españoles. Las cifras que sí existen son de Estados Unidos y del norte de Europa.4042
  • La vida sexual de las mujeres mayores sin pareja: ni un estudio. Y es exactamente la situación de una parte enorme de las mujeres de 70, 80 y 90 años.
  • Datos españoles de eficacia: hay, y son viejos y flojos. Lo que sobra es carga de enfermedad (cuántas lo tienen, cuánto duele, qué fármacos la provocan);21 lo que hay de resultados son estudios abiertos de los años 2000 en atención primaria (2.816 pacientes)50 y en lesionados medulares (170, 16 unidades),51 una cohorte española de efectividad y satisfacción,76 varios ensayos aleatorizados con placebo firmados desde España entre 2006 y 2013 —casi todos pagados por el fabricante del fármaco que evaluaban— y un ensayo aleatorizado con simulación en Barcelona, en 76 refractarios.52 Un ensayo español con placebo y con pacientes de 70 a 90 años: ninguno.
  • Ensayos de retirada o cambio de dosis de fármacos con desenlace sexual: ninguno. Es decir: se sabe que muchos medicamentos producen disfunción sexual, pero nadie ha financiado el ensayo que responde a la pregunta del paciente («¿y si lo cambio o lo dejo, mejora?»).
  • Y la cifra de personas trans en la ciencia del ejercicio que venía en el material de partida (851 artículos, 151.043 participantes, 3 con datos no binarios): no existe en ninguna base consultada. Lo verificado es otra cosa y también cuenta.68

2 · Por qué existen: tres mecanismos que sí se pueden señalar

Uno: el instrumento decide qué existe. Las escalas que miden «función sexual» definen las relaciones como penetración (FSFI) o giran alrededor de la erección (IIEF). Lo que no entra ahí —caricias, sexo oral y manual, masturbación, juguetes, dolor en toda su complejidad— no aparece en los datos, y lo que no aparece en los datos no se estudia después. No es una conspiración: es una consecuencia de haber empezado a medir por un sitio muy concreto.

Dos: el mercado decide qué se financia. En PubMed hay 9.873 títulos sobre disfunción eréctil y 704 sobre la femenina: ×14. Esa proporción no la fija la frecuencia de los problemas —en mujeres de 40 a 80 años, el problema más declarado es el deseo y la dificultad de llegar al orgasmo—.11 Y cuando hay un mercado, aparece el incentivo documentado: crear el diagnóstico y financiar la formación que lo difunde, que es literalmente lo que describe la crítica desde la ética médica sobre el deseo sexual hipoactivo.49

Tres: se estudia a quien es fácil reclutar, no a quien va a usarlo. Nadie excluye a los mayores por maldad: se excluyen solos porque tienen más enfermedades, más medicación y más riesgo, y eso complica los ensayos —y encarece—. El resultado es que la población que más va a recibir el tratamiento es la que menos ha estado en los estudios que lo autorizan.

Y hay una vuelta de tuerca que cierra el círculo: cerca del 80 % de la gente con un problema sexual no consulta.11 Si no se consulta, no se factura, y si no se factura, no hay presión para investigar. La falta de estudios y el silencio de los pacientes se alimentan el uno al otro.

3 · Qué se puede hacer con un hueco

  • Preguntar «¿en quién se ha estudiado esto?» Si la respuesta es «en mujeres de 45 a 55» y tú tienes 78, esa es la información más valiosa de la consulta: no significa que no te vaya a servir, significa que estás decidiendo sin datos directos, y eso hay que decirlo en voz alta.
  • Desconfiar de lo que se ofrece justo donde no hay estudios. Si nada está probado en 70-90, ese es el hueco perfecto para vender cualquier cosa sin que nadie pueda contradecirla con un ensayo.
  • Pedir que se mida lo que importa: no solo la frecuencia de penetración, también el dolor, el deseo, el placer y el malestar. Un instrumento que solo mira una cosa produce una ciencia que solo ve esa cosa.
  • Y para quien investiga o financia: incluir a mayores de 70 y publicar los resultados negativos. Lo segundo parece menor y no lo es: el sesgo de publicación —lo que funciona se publica y lo que no, no— es la mitad del problema del bloque anterior.

Y una confesión necesaria para cerrar: esta guía tampoco ha llenado los huecos. Los ha nombrado, que es lo único honesto que podía hacer con ellos. Una página de salud que no dice dónde acaba lo que se sabe está fingiendo, y fingir en salud sexual —donde la gente llega con dudas y con vergüenza— es la peor manera de escribir esto.

Bibliografía y estrategia de búsqueda (para poder repetirlo)

Esta página no pide que te fíes: pide que compruebes. Aquí está el método completo —las consultas, las bases, los límites medidos de cada base y cómo verificar cualquier cita— para que cualquiera pueda repetir la búsqueda y ver si le sale lo mismo.

1 · Cómo se buscó

  • 37 consultas, diseñadas por subtema (menopausia, sequedad y dolor, deseo y testosterona, fármacos, ejercicio y erección, residencias, viudedad, discapacidad, ITS, personas trans, cuidadores, datos españoles, la brecha de investigación y las dos citas que estaban sin localizar).
  • Tres bases: PubMed, Europe PMC y OpenAlex. 109 peticiones en total.
  • Un fallo que merece contarse: en la primera pasada, Europe PMC falló en las 37 consultas (nos estaba frenando por volumen de peticiones). Se reintentó con menos hilos y una espera mayor: cero fallos de API, las 37 consultas con las tres bases. Los resultados completos están en el repositorio del proyecto (_busquedas/resultados-sexo/barrido-consolidado-3bases.json).
  • Cribado: 4.071 registros revisados por título y resumen (673 de Europe PMC, que incluye resúmenes, y 3.398 de OpenAlex). Las bases solo devuelven títulos de forma masiva en Europe PMC y OpenAlex: de PubMed se guardan los recuentos, no las fichas.
  • Fichas de evidencia: 6 bloques temáticos, hasta 12 fichas por bloque, con un formato fijo (afirmación, cifra, población, tipo de estudio, fuente y limitaciones) y una sección obligatoria de «qué NO está demostrado».
  • Y la parte que más errores ha cazado: cada DOI se resuelve contra Crossref y cada PMID contra PubMed antes de escribirse en la página. El sistema paró un error mío: cité de memoria el PMID del ensayo WHI de estrógeno solo y el número que recordaba pertenecía a un artículo de filogenia. En esta página, un identificador que no resuelve no entra, y eso incluye a los que escribe quien redacta.

2 · Las consultas exactas

El fichero con las 37 consultas en los tres formatos (el de PubMed, el de Europe PMC y el de OpenAlex) está en el repositorio del proyecto: _busquedas/consultas-sexo-40-90.json. Los temas son estos:

Las 37 consultas, por tema (para repetir cualquiera)
  1. Menopausia y función sexual · 2. Perimenopausia y deseo · 3. Síndrome genitourinario de la menopausia (tratamiento) · 4. Sequedad vaginal en posmenopausia · 5. Testosterona en mujeres ·
  2. Testosterona en hombres mayores · 7. Disfunción eréctil como marcador cardiovascular ·
  3. Disfunción eréctil y ejercicio · 9. Disfunción eréctil en mayores · 10. Antidepresivos y disfunción sexual · 11. Antihipertensivos · 12. Fármacos (revisión amplia) · 13. Suelo pélvico y función sexual · 14. Dispareunia en la mediana edad · 15. Sexualidad en residencias · 16. Viudedad · 17. Orgasmo en mayores · 18. Autoerotismo en mayores · 19. Satisfacción sexual en mayores · 20. Encuesta española de salud sexual · 21. Enfermedad crónica y discapacidad · 22. Prácticas sin penetración · 23. ITS en mayores de 50 · 24. Afecto, caricias e intimidad · 25. Volumen de investigación en disfunción sexual femenina (recuento) · 26. Volumen en disfunción eréctil (recuento) · 27. Personas trans en la ciencia del ejercicio · 28. Juguetes en mujeres mayores · 29. Infarto durante la actividad sexual · 30. Terapia hormonal en España · 31. Disfunción sexual en España · 32. Función sexual en la mediana edad · 33. Vestibulodinia · 34. Deseo sexual hipoactivo · 35. Reanálisis del WHI · 36. Actividad sexual y mortalidad · 37. Cuidados a la pareja y sexualidad.

Las dos consultas que producen el recuento de la brecha (la del ×14) se pueden repetir en cualquier momento y tardan treinta segundos:

  • En PubMed: erectile dysfunction[ti] frente a female sexual dysfunction[ti] (el campo [ti] busca solo en el título).
  • En Europe PMC: TITLE:"erectile dysfunction" frente a TITLE:"female sexual dysfunction".

El 27 y el 29 de septiembre de 2026 dieron 9.872 y 9.873 frente a 704 y 704 en PubMed (×14), y 10.802 frente a 879 en Europe PMC (×12). Dos bases independientes, mismo orden de magnitud.

3 · Los límites de cada base, medidos (y por qué importan)

Los hemos medido a golpes, y se apuntan porque cualquiera que repita esto se los va a encontrar:

  • PubMed funciona sin credenciales a un ritmo de unas 3 peticiones por segundo. Y tiene una trampa que explica casi todos los «no hay estudios»: la etiqueta de campo no se reparte entre términos encadenados. testosterone older men sexual[tiab] devuelve cero, y no porque no haya literatura, sino porque la consulta está mal escrita. Un cero se revisa antes de creérselo.
  • Europe PMC no sostiene 8 peticiones simultáneas (devuelve error 503), pero con 4 hilos y medio segundo de pausa va perfectamente. Y su parámetro de citas con 1.000 resultados por página corrompe los títulos: hay que pedir 100 como máximo.
  • OpenAlex es la única de las tres que cobra (0,001 dólares por búsqueda de texto; las consultas por DOI o identificador son gratuitas) y sin clave se queda en unas 100 búsquedas al día. Con la clave gratuita el presupuesto diario sube de 1.000 a 10.000 peticiones, y pedir 100 resultados por página multiplica por cuatro lo que se obtiene por el mismo dinero. Lo mejor de esta base para un lector: cualquier persona puede pedir un artículo por su DOI sin gastar nada, y las consultas de recuento se pueden fechar y repetir.

4 · Y la bibliografía

Las 74 fuentes de esta página están al final, cada una con su DOI y su ficha de PubMed cuando existe, y todas resueltas por API antes de publicarse. Están numeradas en el orden en que aparecen en el texto, así que una cita con el número 3 lleva a la tercera fuente del recorrido.

Para comprobar cualquiera de ellas: se copia el DOI, se pega en doi.org y aparece el artículo original. Si el título no coincide con lo que dice esta página, la página está mal y hay que corregirla — y eso vale también para las afirmaciones que suenan más seguras.

Lo que viene (y el orden en que se publica)

Esta guía se construye por bloques, y cada uno se publica cuando está verificado. Lo que falta, por orden:

  1. Llegar bien: qué se puede hacer a partir de los 40 — publicado arriba en esta página: ejercicio con dosis, dolor y sequedad con tratamiento (y lo que no funciona), la medicación que nadie revisa, lo que de verdad predice disfrutar y el deseo.
  2. Los cruces con las hermanas: corazón, hueso y músculo — publicado arriba: la disfunción eréctil como señal vascular temprana (con su ventana temporal y el nivel de evidencia que tiene), la menopausia que seca y adelgaza a la vez, y el suelo pélvico como músculo entrenable.
  3. Seguir con 70, 80 y 90 — publicado arriba: lo que aguanta cuando la penetración se acaba, la viudedad y la soledad sexual con nombre de mujer, las residencias sin política escrita, quien cuida a su pareja, y los huecos declarados de este tramo.
  4. Lo que la ciencia no ha demostrado — publicado arriba: lo que está demostrado que no funciona, lo que no concluye por pequeño, lo que está en disputa (el punto G), cómo se prueba todo esto y una lista de cinco preguntas para cuando te ofrezcan algo.
  5. El simulador — publicado: tu contexto, la curva de lo que está medido por edad y sexo, tu dosis de ejercicio y las diez semanas de suelo pélvico, con la fuente y el DOI al lado de cada cifra.
  6. Lo que no se ha estudiado nunca, y quién decide qué se estudia — publicado arriba: el catálogo de los huecos, los tres mecanismos que los explican (el instrumento, el mercado y la facilidad de reclutar) y qué se puede hacer con un hueco.
  7. Bibliografía y estrategia de búsqueda — publicado arriba: las 37 consultas, los límites medidos de cada base y cómo verificar cualquier cita de la página en treinta segundos.

Y tres cosas que están sin cerrar

En vez de rellenarlas, se dicen. Son las que impiden publicar más bloques hoy:

  • La cifra de personas trans en la ciencia del ejercicio (851 artículos, 151.043 participantes, solo 3 con datos no binarios): viene del material de partida y Europe PMC no localiza la fuente. No se publica hasta tenerla.
  • La de juguetes en mujeres mayores (Hille 2026): mismo caso. Sin la cita, no entra.
  • El enlace oficial de la ENSS II 2025 (la encuesta española de salud sexual, del Ministerio de Sanidad) para citarla como fuente del país.

Y hay tres consultas de la búsqueda que salieron a cero en PubMed y hay que reescribir antes de afirmar que no hay literatura: testosterona en hombres mayores, infecciones de transmisión sexual en mayores de 50, y actividad sexual y mortalidad. Un cero en PubMed no es un hueco: es una consulta mal escrita.

Las tres consultas que salieron a cero, y por qué

No son un vacío de literatura: son un error de sintaxis mío, y conviene dejarlo escrito para no volver a confundir las dos cosas.

  • testosterone older men sexual[tiab] → 0 resultados. PubMed no reparte el campo [tiab] entre los tres términos: al encadenar cuatro palabras el motor devuelve cero. Hay que partirlo en dos consultas o usar [ti].
  • sexually transmitted infections older[tiab] → 0. Mismo motivo, y aquí además «older» no es una palabra que aparezca en los títulos: en la literatura se dice middle-aged and older adults.
  • sexual activity mortality[tiab] → 0. Esta es la más instructiva: la relación entre actividad sexual y mortalidad sí está estudiada (es justo el tema de la referencia 2), pero no se titula con esas dos palabras juntas. La consulta tiene que nombrar lo que el estudio mide de verdad (mortality risk, all-cause), no la idea que yo llevaba en la cabeza.

La regla que saco de aquí y que aplico ya en el resto: un cero se revisa antes de creérselo. Se comprueba con una consulta más ancha (una o dos palabras) y, si esa tampoco da nada, entonces sí es un hueco de verdad.

Referencias de esta primera entrega

Cinco fuentes, todas resueltas por API el 29-sep-2026. Cada una lleva su DOI y, cuando existe, su ficha en PubMed.

  • Lindau ST, Gavrilova N. «Sex, health, and years of sexually active life gained due to good health: evidence from two US population based cross sectional surveys of ageing». BMJ. 2010;340:c810. PMID 20215365 · DOI 10.1136/bmj.c810. Estudio transversal sobre MIDUS y NSHAP: a los 55 años, los hombres con salud muy buena o excelente ganaron 5-7 años de vida sexualmente activa frente a los de salud regular o mala; las mujeres, 3-6. Es el estudio que se cita al revés.
  • Cao C, et al. «Trends in Sexual Activity and Associations With All-Cause and Cause-Specific Mortality Among US Adults». Journal of Sexual Medicine. 2020. PMID 32665214. La asociación con mortalidad es global, sin desglose por sexo: no existe el «−50 % en hombres y −31 % en mujeres» que circula.
  • Smith L, et al. «Sexual Activity is Associated with Greater Enjoyment of Life in Older Adults». Sexual Medicine. 2019;7(1):11-18. PMID 30554952 · DOI 10.1016/j.esxm.2018.11.001. Cohorte ELSA (Inglaterra). En mujeres, besar y acariciar se asoció con disfrutar más de la vida (P < 0,001) mientras que la frecuencia de coito no (P = 0,101). Texto completo en abierto (PMC6377384).
  • Möller J, et al. «Sexual activity as a trigger of myocardial infarction. A case-crossover analysis in the Stockholm Heart Epidemiology Programme (SHEEP)». Heart. 2001;86(4):387-390. PMID 11559674 · DOI 10.1136/heart.86.4.387. El riesgo relativo de 4,4 corresponde a los sedentarios; el global es 2,1 (IC 95 % 0,7-6,5), y el 0,7 que algunos citan como protector es solo el límite inferior de ese intervalo.
  • Khera M, et al. «Effect of aerobic exercise on erectile function: systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials». Journal of Sexual Medicine. 2023. PMID 37814532. Once ensayos aleatorizados; el efecto se mide con el IIEF-EF: +2,8 puntos (hasta +4,9). Los porcentajes de mejora que circulan («15 %», «30 %») no constan en la fuente.
  • Gerbild H, Larsen CM, Graugaard C, Areskoug Josefsson K. «Physical Activity to Improve Erectile Function: A Systematic Review of Intervention Studies». Sexual Medicine. 2018. DOI 10.1016/j.esxm.2018.02.001 · PMID 29661646. De aquí sale la dosis: 40 minutos, cuatro días por semana, seis meses.
  • Gerbild H, et al. «Physical activity and exercise for erectile dysfunction: systematic review and meta-analysis». British Journal of Sports Medicine. 2017 (en línea 2016). DOI 10.1136/bjsports-2016-096418 · PMID 27707739. 7 ensayos, 478 participantes: +3,85 puntos de IIEF (IC 95 % 2,33-5,37).
  • «Frequency of Iatrogenic Sexual Dysfunction Associated with Antihypertensive Compounds». Journal of Clinical Medicine. 2021. DOI 10.3390/jcm10225214. Atención Primaria española, 256 pacientes: 66,4 % por cuestionario frente a 6,8-24,8 % de reporte espontáneo.
  • «Sexuality and Affection among Elderly German Men and Women in Long-Term Relationships». PLOS ONE. 2014. DOI 10.1371/journal.pone.0111404 · PMID 25369193. A los 74 años el afecto pesa más que el sexo, y predice la satisfacción con la relación.
  • «Sexual Behaviors Among Older Adults in Spain: Results from a Population-Based National Sexual Health Survey». The Journal of Sexual Medicine. 2012. DOI 10.1111/j.1743-6109.2011.02511.x · PMID 22023664. Encuesta nacional española: en mayores de 65, activos el 62,3 % de los hombres y el 37,4 % de las mujeres; la ausencia de pareja multiplica la inactividad por 12,0 en mujeres y por 5,79 en hombres.
  • «Sexual activity, sexual dysfunction and associated help-seeking behaviours in middle-aged and older adults in Spain». World Journal of Urology. 2005. DOI 10.1007/s00345-005-0035-1 · PMID 16341533. Estudio GSSAB en España (40-80 años): eyaculación precoz 31 % en hombres; falta de interés 36 % y dificultad de orgasmo 28 % en mujeres; alrededor del 80 % no busca ayuda sanitaria.
  • «Assessing sexual function in middle-aged sexually active Spanish women». Menopause. 2021. DOI 10.1097/GME.0000000000001745 · PMID 33651740. Baja función sexual (FSFI-6 ≤ 19) en el 33,2 % de las mujeres de 40 a 59 años y en el 44,1 % de las posmenopáusicas.
  • «Sexual function and intimate partner violence in middle-aged women: a community-based study». Menopause. 2026. DOI 10.1097/GME.0000000000002770 · PMID 41875274. Baja función sexual en el 33,7 %; en mujeres con violencia de pareja, 77,3 % frente a 25,0 % (aPR 2,57). Se cita aquí porque ninguna consulta de salud sexual puede ignorarlo.
  • Baladé Martínez L, Montero Corominas D, Macías Saint-Gerons D. «Uso del tratamiento hormonal sustitutivo en España: tendencias en el período 2001-2014». Medicina Clínica. 2016. DOI 10.1016/j.medcli.2016.05.023. Base BIFAP: del 7,19 % al 0,21 % de uso en mujeres de 40 o más años.
  • «Relevance of the results of the Women's Health Initiative on the prescription of hormone therapy in Spain». Climacteric. 2005. DOI 10.1080/13697130500062662 · PMID 15804730. El 96 % de los ginecólogos encuestados conocía el WHI; suspendieron más del 10 % de las terapias.
  • Muller JE, et al. «Triggering myocardial infarction by sexual activity. Low absolute risk and prevention by regular physical exertion». JAMA. 1996;275(18):1405-9. DOI 10.1001/jama.275.18.1405 · PMID 8618365. RR 2,5 en las dos horas siguientes; riesgo absoluto en torno a 1 por millón.
  • Dahabreh IJ, Paulus JK. «Association of episodic physical and sexual activity with triggering of acute myocardial infarction». JAMA. 2011. DOI 10.1001/jama.2011.336 · PMID 21427375. Metaanálisis: el desencadenante es el esfuerzo puntual, no el sexo en sí.
  • «Effect of different physical activities on erectile dysfunction in adult men not receiving phosphodiesterase-5 inhibitors therapy: a systematic review and meta-analysis». Andrology. 2024. DOI 10.1111/andr.13682 · PMID 38937909. Aeróbico aislado SMD 0,81; suelo pélvico SMD 0,03 (−0,68 a 0,75).
  • Wagner G, Montorsi F, et al. «Sildenafil citrate (VIAGRA) improves erectile function in elderly patients with erectile dysfunction: a subgroup analysis». The Journals of Gerontology. Series A. 2001. DOI 10.1093/gerona/56.2.m113 · PMID 11213274. Análisis por subgrupos de cinco ensayos: los hombres de 65 años o más mejoran de forma parecida a los más jóvenes. Es la prueba de que la edad sola no anula el tratamiento — y también de que no se estudió como grupo propio.
  • «The influence of age on treatment outcomes in men with erectile dysfunction treated with two regimens of tadalafil: results of the SURE study». BJU International. 2007. DOI 10.1111/j.1464-410x.2007.06547.x · PMID 17227498. Resultados de tadalafilo por grupos de edad, con cifras para los mayores de 70: el efecto se mantiene, con más abandonos y más efectos secundarios a esa edad. Autor con centro español (Hospital Gregorio Marañón).
  • «Impact of Vulvovaginal Atrophy of Menopause in Spanish Women: Prevalence and Symptoms According to the EVES Study». Sexual Medicine. 2019. DOI 10.1016/j.esxm.2019.01.005 · PMID 30885552. 1.177 pacientes españolas de 45 a 75 años: atrofia confirmada en el 87,3 %; de las sexualmente activas, casi el 80 % con dolor en el coito.
  • «Local oestrogen for vaginal atrophy in postmenopausal women». Cochrane Database of Systematic Reviews. 2016. DOI 10.1002/14651858.CD001500.pub3 · PMID 27577677. 30 ensayos, 6.235 mujeres: mejora frente a placebo, pero el resultado principal pasa de significativo (OR 12,47, efectos fijos) a no significativo (OR 5,80, efectos aleatorios).
  • «A randomized, pilot trial comparing vaginal hyaluronic acid to vaginal estrogen for the treatment of genitourinary syndrome of menopause». Menopause. 2024. DOI 10.1097/GME.0000000000002390 · PMID 39042017. No inferior en un ensayo piloto: alternativa, no equivalente demostrado.
  • «A randomized, multicenter, double-blind study to evaluate the safety and efficacy of estradiol vaginal cream 0.003 %». Menopause. 2018. DOI 10.1097/GME.0000000000000985 · PMID 28926514.
  • «Treating where it hurts — a randomized comparative trial of vestibule estradiol for postmenopausal dyspareunia». Menopause. 2023. DOI 10.1097/GME.0000000000002162 · PMID 36787525. Dolor a la mitad en 4 semanas.
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  • «Effects of vaginal dehydroepiandrosterone and estradiol on dyspareunia». Maturitas. 2026. DOI 10.1016/j.maturitas.2026.108924 · PMID 41903372. 92 % frente a 82 %, p = 0,051: no demostrado.
  • «Effect of Fractional Carbon Dioxide vs Sham Laser on Sexual Function» (LIGHT). JAMA Network Open. 2023. DOI 10.1001/jamanetworkopen.2022.55697 · PMID 36763359. El láser no supera al simulado.
  • «Pelvic floor muscle training as treatment for female sexual dysfunction: a systematic review and meta-analysis». American Journal of Obstetrics and Gynecology. 2024. DOI 10.1016/j.ajog.2024.01.001 · PMID 38191016. FSFI total +7,67 (0,77-14,57).
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  • «Multimodal physical therapy versus topical lidocaine for provoked vestibulodynia: a multicenter, randomized trial». American Journal of Obstetrics and Gynecology. 2021. DOI 10.1016/j.ajog.2020.08.038 · PMID 32818475. −1,8 puntos (IC 95 % 1,2-2,3); 79 % frente a 39 % «mucho mejor».
  • «Finasteride 5 mg and Sexual Side Effects: How Many of These Are Related to a Nocebo Phenomenon?» The Journal of Sexual Medicine. 2007. DOI 10.1111/j.1743-6109.2007.00563.x · PMID 17655657. Avisar de los efectos sexuales aumenta su notificación: el efecto nocebo medido.
  • «Pharmacologic interventions for antidepressant-induced sexual dysfunction: a systematic review and network meta-analysis of trials using the Arizona sexual experience scale». CNS Spectrums. 2021. DOI 10.1017/S1092852921000377. 57 trabajos, 3.108 pacientes: 70 % de éxito en estudios abiertos frente a 22 % en los controlados con placebo.
  • «Exercise improves sexual function in women taking antidepressants». Depression and Anxiety. 2013. DOI 10.1002/da.22208.
  • «Sexual Activity and Physical Tenderness in Older Adults: Prevalence and Associated Characteristics From a Belgian Study». The Journal of Sexual Medicine. 2022. DOI 10.1016/j.jsxm.2022.01.516 · PMID 35236640. 31,3 % sexualmente activos; 47,3 % de los inactivos con ternura física en el último año.
  • Træen B, Štulhofer A, Janssen E, et al. «Sexual Activity and Sexual Satisfaction Among Older Adults in Four European Countries». Archives of Sexual Behavior. 2019. DOI 10.1007/s10508-018-1256-x · PMID 29987546. Cuatro países europeos, 60-75 años: el predictor positivo más importante es tener pareja.
  • «Sexual satisfaction of middle-aged and older adults: longitudinal findings from the English Longitudinal Study of Ageing». Age and Ageing. 2020/2021. DOI 10.1093/ageing/afaa161 · PMID 32960208.
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  • «Differences in Orgasm Frequency Among Gay, Lesbian, Bisexual, and Heterosexual Men and Women in a U.S. National Sample». Archives of Sexual Behavior. 2018. DOI 10.1007/s10508-017-0939-z · PMID 28213723. «Casi siempre/siempre»: 95 % hombres heterosexuales, 89 % gais, 88 % bisexuales hombres, 86 % lesbianas, 66 % bisexuales mujeres, 65 % heterosexuales. En mujeres, el orgasmo se asocia a beso profundo, estimulación manual, sexo oral y pedir lo que se quiere.
  • «Prevalence of Masturbation and Associated Factors Among Older Adults in Four European Countries». Archives of Sexual Behavior. 2022. DOI 10.1007/s10508-021-02071-z · PMID 34751860. 3.816 europeos de 60 a 75 años: 41-65 % de los hombres y 27-40 % de las mujeres en el último mes.
  • «Masturbation frequency and experiences among US women aged 40-65 years: comparisons across different stages of the menopause transition». Menopause. 2025 (índice 2026). DOI 10.1097/GME.0000000000002597 · PMID 40627719. 1.500 mujeres: orgasmo el 81 % de las veces que se masturban, sin pérdida tras la menopausia.
  • «Sex toy use among a demographically representative sample of women 60 and older in the United States». Menopause. 2025 (índice 2026). DOI 10.1097/GME.0000000000002679 · PMID 41288446. 3.001 mujeres: 46,4 % al masturbarse, 38,7 % con pareja.
  • «Women's techniques for pleasure from anal touch: Results from a U.S. probability sample of women ages 18-93». PLOS ONE. 2022. DOI 10.1371/journal.pone.0268785 · PMID 35767540. 40 % encuentra placentero el contacto anal superficial.
  • Islam RM, et al. «Safety and efficacy of testosterone for women: a systematic review and meta-analysis of randomised controlled trial data». The Lancet Diabetes & Endocrinology. 2019. DOI 10.1016/S2213-8587(19)30189-5. 36 ensayos, 8.480 mujeres: deseo SMD 0,36 (0,22-0,50); seguridad a largo plazo pendiente.
  • «Are Endogenous Androgens Linked to Female Sexual Function? A Systematic Review and Meta-analysis». The Journal of Sexual Medicine. 2022. DOI 10.1016/j.jsxm.2022.01.515. Asociación solo en 11 de 34 estudios, con edad media de 36,5 años.
  • «Effect of Testosterone Replacement Therapy on Sexual Function» (subestudio de TRAVERSE). The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism. 2023. DOI 10.1210/clinem/dgad484. 1.161 hombres con libido baja: +0,49 relaciones al día y ninguna mejora de la erección.
  • «Cardiovascular Safety of Testosterone-Replacement Therapy» (TRAVERSE). New England Journal of Medicine. 2023. DOI 10.1056/NEJMoa2215025. 5.246 hombres: MACE 7,0 % frente a 7,3 %, HR 0,96.
  • «Sexual Desire Discrepancy: A Position Statement of the European Society of Sexual Medicine». Sexual Medicine. 2020. DOI 10.1016/j.esxm.2020.02.008. «De opinión más que de evidencia».
  • «Hypoactive sexual desire disorder: inventing a disease to sell». Journal of Medical Ethics. 2015. DOI 10.1136/medethics-2014-102596.
  • Gil A, Martínez E, Oyagüez I, Palacios G, Rejas J. «Erectile dysfunction in a primary care setting: results of an observational, no-control-group, prospective study with sildenafil under routine conditions of use». International Journal of Impotence Research. 2001. DOI 10.1038/sj.ijir.3900782 · PMID 11918250. Dato español de resultado, no de prevalencia: 2.816 pacientes de atención primaria española tratados con sildenafilo, efectividad del 86,6 % y +13,2 puntos de IIEF (p < 0,001). Abierto y sin grupo control: eso es lo que le falta, no el dato.
  • Sánchez Ramos A, Vidal J, Jáuregui ML, et al. «Efficacy, safety and predictive factors of therapeutic success with sildenafil for erectile dysfunction in patients with different spinal cord injuries». Spinal Cord. 2001. DOI 10.1038/sj.sc.3101210 · PMID 11781860. Multicéntrico español: 170 pacientes de 16 unidades de lesionados medulares, mejoría referida por el 88,2 % de los pacientes y el 85,3 % de sus parejas, y el dominio eréctil del IIEF de 12,5 a 24,8 (p < 0,001). Abierto, antes-después, sin grupo control.
  • Vinay J, Moreno D, Rajmil O, Ruiz-Castañé E, Sanchez-Curbelo J. «Penile low intensity shock wave treatment for PDE5I refractory erectile dysfunction: a randomized double-blind sham-controlled clinical trial». World Journal of Urology. 2021. DOI 10.1007/s00345-020-03373-y · PMID 32696128. Ensayo aleatorizado, doble ciego y con simulación hecho en el servicio de Andrología de la Fundació Puigvert (Barcelona), 76 pacientes con disfunción eréctil refractaria a los fármacos orales: +3,5 puntos de IIEF-EF frente a −0,5 con la sonda simulada (p < 0,05) y 52,5 % frente a 27,8 % con erección suficiente a los seis meses. Es el dato español de eficacia más fuerte que hay, y sigue siendo en refractarios y con 76 personas.
  • Vlachopoulos CV, et al. «Prediction of cardiovascular events and all-cause mortality with erectile dysfunction: a systematic review and meta-analysis of cohort studies». Circulation: Cardiovascular Quality and Outcomes. 2013. DOI 10.1161/CIRCOUTCOMES.112.966903 · PMID 23300267. 14 cohortes, 92.757 hombres: eventos cardiovasculares RR 1,44 (1,27-1,63); infarto 1,62 (1,34-1,96); ictus 1,39 (1,23-1,57); mortalidad total 1,25.
  • «Risk of major adverse cardiovascular events in rural vs urban settings among patients with erectile dysfunction: a propensity-weighted retrospective cohort study of 430 621 men». The Journal of Sexual Medicine. 2024. DOI 10.1093/jsxmed/qdae043 · PMID 38600710. 8,94 % de eventos mayores con disfunción eréctil frente a 4,58 % sin ella.
  • «Prevalence and clinical characteristics of erectile dysfunction among men with type 2 diabetes in primary care: a cross-sectional study in Catalonia». Primary Care Diabetes. 2026. DOI 10.1016/j.pcd.2026.04.006 · PMID 42000296. SIDIAP, 659.501 hombres: prevalencia registrada 9,5 %; 12,6 % en diabetes tipo 2 frente a 8,3 %; pico a los 55-64 años.
  • «Erectile dysfunction and coronary artery disease prediction: evidence-based guidance and consensus». International Journal of Clinical Practice. 2010. DOI 10.1111/j.1742-1241.2010.02410.x · PMID 20584218. Documento de consenso (nivel de evidencia 2, grado B): 2-3 años hasta los síntomas coronarios, 3-5 hasta el evento. Es una estimación de consenso, no una cohorte prospectiva.
  • «The temporal relationship between erectile dysfunction and cardiovascular disease». International Journal of Clinical Practice. 2007. PMID 17997808.
  • «Erectile dysfunction predicts mortality in middle-aged and older men independent of their testosterone levels». Age and Ageing. 2022. DOI 10.1093/ageing/afac094. Cohortes europeas de envejecimiento masculino: HR 1,40 con independencia de la testosterona.
  • Writing Group for the Women's Health Initiative Investigators. «Risks and benefits of estrogen plus progestin in healthy postmenopausal women: principal results from the Women's Health Initiative randomized controlled trial». JAMA. 2002;288(3):321-33. DOI 10.1001/jama.288.3.321 · PMID 12117397. Fractura de cadera HR 0,66 (0,45-0,98), 106 casos.
  • «Effects of conjugated equine estrogen in postmenopausal women with hysterectomy: the Women's Health Initiative randomized controlled trial». JAMA. 2004;291(14):1701-12. DOI 10.1001/jama.291.14.1701 · PMID 15082697. Fractura de cadera HR 0,61 (0,41-0,91); fracturas totales HR 0,70 (0,63-0,79).
  • Rossouw JE, et al. «Postmenopausal hormone therapy and risk of cardiovascular disease by age and years since menopause». JAMA. 2007;297(13):1465-77. DOI 10.1001/jama.297.13.1465 · PMID 17405972. El riesgo coronario cambia de signo según los años desde la menopausia: es la clave del balance.
  • «Sex in Nursing Homes: A Survey of Nursing Home Policies Governing Resident Sexual Activity». Journal of the American Medical Directors Association. 2016. DOI 10.1016/j.jamda.2015.08.013 · PMID 26441358. 366 direcciones de enfermería: 71,2 % había tenido «problemas», 58 % situaciones de actividad sexual, 60 % de masturbación; 63,4 % sin ninguna política y 56,6 % exigiendo permiso familiar con deterioro cognitivo.
  • «Trends and projections in sexually transmitted infections in people aged 45 years and older in England: analysis of national surveillance data». Perspectives in Public Health. 2023. DOI 10.1177/17579139221106348 · PMID 35766307. 37.692 diagnósticos nuevos en 2019 en personas de 45 o más años, con tendencia creciente.
  • «Chronic Disease Burden, Sexual Frequency, and Sexual Dysfunction in Partnered Older Adults». Journal of Sex & Marital Therapy. 2019. DOI 10.1080/0092623x.2019.1610127 · PMID 31018802. NSHAP: 893 hombres y 641 mujeres con pareja.
  • «A prospective cohort study on the effect of sexual activity, libido and widowhood on mortality among the elderly people: 14-year follow-up of 2,453 elderly Taiwanese». International Journal of Epidemiology. 2007. DOI 10.1093/ije/dym109 · PMID 17566004. Viudedad aHR 1,43 (1,21-1,68); actividad sexual aHR 0,72 (0,62-0,84).
  • «Frequency of sexual activity and long-term survival after acute myocardial infarction». The American Journal of Medicine. 2020. DOI 10.1016/j.amjmed.2019.06.019 · PMID 31295439. 1.120 supervivientes de infarto en Israel: el hazard ratio ajustado baja a 0,68 respecto al 0,30 sin ajustar — la prueba de que buena parte de la asociación es confusión.
  • «Expressing sexuality in nursing homes. The experience of older women: A qualitative study». Geriatric Nursing. 2016. DOI 10.1016/j.gerinurse.2016.06.020 · PMID 27473877. 20 mujeres residentes en Madrid, 18 meses de trabajo de campo. Estudio fenomenológico: sin cifra de prevalencia, y así se cita.
  • «Physical activity among transgender individuals: A systematic review of quantitative and qualitative studies». PLOS ONE. 2024. DOI 10.1371/journal.pone.0297571 · PMID 38416705. Menos actividad física que las personas cisgénero, con barreras sociales y de entorno, no de capacidad.
  • «Sex and gender differences in caregiving burden experienced by family caregivers of persons with dementia: A systematic review». PLOS ONE. 2020. DOI 10.1371/journal.pone.0231848 · PMID 32310969. 22 estudios: mayor sobrecarga en mujeres.
  • «Partners' long-term appraisal of their caregiving experience, marital satisfaction, sexual satisfaction, and quality of life 2 years after prostate cancer treatment». Cancer Nursing. 2013. DOI 10.1097/ncc.0b013e3182567c03 · PMID 22728952.
  • Vieira-Baptista P, Lima-Silva J, Preti M, et al. «G-spot: Fact or Fiction? A Systematic Review». Sexual Medicine. 2021;9:100435. DOI 10.1016/j.esxm.2021.100435 · PMID 34509752. 31 estudios. Conclusión: «la existencia de esta estructura sigue sin probarse», y sin acuerdo sobre localización, tamaño ni naturaleza.
  • «G-Spot Anatomy and its Clinical Significance: A Systematic Review». Clinical Anatomy. 2019. DOI 10.1002/ca.23457 · PMID 31464000. Llega a la conclusión contraria: hay datos «científico-clínicos fiables» que sostienen una estructura anatómica. Se cita por eso mismo: es la otra mitad de la disputa.
  • «The G-spot: an observational MRI pilot study». BJOG. 2016. DOI 10.1111/1471-0528.13864 · PMID 26776843. Estudio piloto: describe un correlato morfológico en vivo. Piloto, no confirmatorio.
  • «Beyond the G-spot: clitourethrovaginal complex anatomy in female orgasm». Nature Reviews Urology. 2014. DOI 10.1038/nrurol.2014.193 · PMID 25112854. El cambio de marco anatómico: del punto al complejo.
  • Dording CM, Schettler PJ, Dalton ED, Parkin SR, et al. «A Double-Blind Placebo-Controlled Trial of Maca Root as Treatment for Antidepressant-Induced Sexual Dysfunction in Women». Evidence-Based Complementary and Alternative Medicine. 2015. DOI 10.1155/2015/949036 · PMID 25954318. 45 mujeres (42 analizables), 12 semanas, 3 g/día: remisión 9,5 % frente a 4,8 % y 30 % frente a 20 %; conclusión de los autores, «puede aliviar». Con esos números, el estudio no concluye.
  • «Efectividad y satisfacción con el tratamiento en pacientes con disfunción eréctil en España: estudio EDOS». Actas Urológicas Españolas. 2010. DOI 10.1016/j.acuro.2010.02.018 · PMID 20470698. Servicio de Urología del Hospital Carlos Haya (Málaga): efectividad y satisfacción medidas en pacientes españoles. De la misma serie europea salió la cohorte de 8.047 pacientes del EDOS general.