Diferencias individuales
Última clase del curso, y la que recoge el hilo de todas las anteriores: se ha ido quitando la culpa a quien tiene un diagnóstico. La epilepsia dejó de ser un pacto con Satán cuando se supo que fallaba un canal iónico; la esquizofrenia dejó de ser cosa de las madres con los primeros antipsicóticos, y la dislexia es hoy una diferencia de aprendizaje. El daño está en un continuo: la destrucción total de la corteza frontal es el extremo visible y lo demás son receptores, sinapsis y grados. Pasa revista al repertorio de lo raro y cierra en la compatibilidad entre ciencia y compasión.
32 · Diferencias individuales · última clase
La esencia y el fallo biológico encima
Cerrar el curso es quitar la culpa: el daño está en un continuo.
Lectura de 1 minuto
- Cuatro siglos quitando culpa: la epilepsia pasó de pacto con Satán a canal iónico mal regulado, y la esquizofrenia dejó de ser cosa de las madres con los antipsicóticos.
- La dislexia es una diferencia de aprendizaje, no una vagancia; y el sobrepeso extremo tiene mutaciones de receptores detrás.
- Los sesgos implícitos contra casi todos los grupos han bajado desde 2004; el peso es la única excepción que no cede.
- Todo es un continuo: la destrucción total del frontal (Gage) es el extremo visible, y lo demás son receptores, sinapsis y grados.
- En Huntington el daño frontal precede al temblor y desinhibe; la clase le atribuye más descendencia en esa ventana, con el estudio sin identificar.
- Pleiotropía negativa: una ventaja temprana y la factura que llega después.
- El Tourette es un fenotipo superpuesto, no un deseo oculto, y en una parte de los casos el estreptococo abre la puerta del cerebro (PANDAS).
- Acaparamiento, Jerusalén, París y Stendhal: psicosis predecibles por el sitio y por lo que el viajero esperaba encontrar.
- Tricotilomanía, Rapunzel, Capgras, Fregoli, Munchausen por poderes, somatoparafrenia y apotemnofilia: el repertorio de lo raro.
- Si todos vamos a tener un par de diagnósticos, el peligro no es el diagnóstico sino quien lo use para negar un seguro; la ciencia y la compasión son compatibles.
Quitar la culpa
Una crisis epiléptica fue durante siglos un diagnóstico de posesión, y el tratamiento era la hoguera; cuando se supo que fallaba un canal iónico, el mundo se volvió más humano. La esquizofrenia siguió el camino: los primeros antipsicóticos enterraron en los cincuenta la culpa de las madres, y la enterró la imagen cerebral. La dislexia es hoy una diferencia de aprendizaje, no una vagancia.
El proceso sigue abierto: el peso extremo ya no es falta de voluntad cuando detrás hay mutaciones de receptores de la saciedad, y las pruebas de asociación implícita muestran que el sesgo contra casi todos los grupos ha bajado, con una excepción que no cede, el peso.
El continuo
Destruir del todo la corteza frontal es dramático, pero la pregunta empieza en el 99 %, el 98 % y en quien tiene unos receptores de dopamina más que su vecino. La personalidad represiva es una diferencia, no un diagnóstico.
Huntington es el caso puro: una mutación en un gen y la enfermedad. Años antes del temblor ya hay daño frontal, que desinhibe y lleva al familiar al psiquiatra; la clase dice que en esa ventana tienen más hijos que sus hermanos sanos, y el trabajo que cita es uno sin identificar. La moraleja es la pleiotropía negativa.
«Tienen más descendencia que sus hermanos no afectados»
Tourette, PANDAS y el exorcismo
Lo que todo el mundo cree del Tourette, soltar obscenidades, no llega a arañar la superficie: hay tics motores y vocales, y va superpuesta a la persona. En algunos casos el estreptococo convoca anticuerpos contra los ganglios basales y es el cuadro llamado PANDAS; la cifra que él da de autoanticuerpos, el 20 o el 30 %, es lo que el campo discute. Y es tres o cuatro veces más frecuente en chicos que en chicas, no al revés.
De las personas con Tourette tienen autoanticuerpos contra partes de los ganglios basales. La clase avisa de que no sabe las cifras más recientes, y la lectura de que es justo lo que discute el campo.
Es más frecuente en chicos que en chicas. La clase lo da al revés; el sentido que recoge esta lectura es el inverso.
«Es más frecuente en niñas que en niños»
El sitio y la expectativa
El acaparamiento extremo mata cuando la pila se derrumba. El síndrome de Jerusalén solo se puede tener en Jerusalén: turistas mayores que esperaban ver la Tierra Santa y encuentran tráfico, unas 50 personas al año, con un equivalente en La Meca. El de París es la misma crisis con turistas japoneses, y su versión positiva es el de Stendhal, descrito en Florencia.
El repertorio de lo raro
La tricotilomanía se arranca el pelo y no es un subtipo de TOC; la tricofagia se lo come, y en el extremo la bola se prolonga por el intestino. En el Capgras la persona amada parece un impostor porque se ha cortado una de las dos corrientes visuales (Francia, 1923); el Fregoli es lo simétrico, una persona en muchos cuerpos.
El Munchausen es la enfermedad facticia; su versión por poderes la ejecutan madres que provocan la enfermedad del hijo y matan a un 6-10 % de esos niños. El caso más conocido es el de Gypsy Rose Blanchard.
De cada cien niños a los que un adulto provoca la enfermedad a propósito, los que mueren según las series clínicas. La clase da un 20 %.
«Mata a alrededor del 20 % de los niños»
La somatoparafrenia niega un miembro propio y el síndrome de Cotard niega el cuerpo entero, con el aciclovir entre sus causas y dos casos publicados que no sostienen esa frecuencia. La apotemnofilia cierra el repertorio, con el término mal usado.
«En una de cada mil personas induce un delirio de Cotard»
«Solo se excitan con amputados»
El cierre: ciencia y compasión
El final es el del curso. Si todos vamos a tener un par de diagnósticos, el peligro no es el diagnóstico sino quien lo use para negar un seguro. Que haya mecanismo debajo no resta nada a lo que sentimos, y la ciencia no agota el misterio: lo reinventa. Tampoco habrá que elegir entre ser científico y ser compasivo.
Quiénes salen en este tema
Las citas del cierre del curso
- Arthur C. Clarke — Escritor británico de ciencia ficción (1917-2008). El relato que la clase usa como metáfora, Los nueve mil millones de nombres de Dios, es de 1953: unos monjes tibetanos usan un ordenador para escribir todos los nombres de Dios y, según salen, se van apagando las estrellas. Wikipedia
- J. Robert Oppenheimer — Físico estadounidense (1904-1967), director del laboratorio de Los Álamos. La frase que la clase le atribuye («ahora hasta la física ha conocido el pecado») procede de una conferencia suya de 1947 en el MIT, con otra formulación: «los físicos han conocido el pecado». La clase duda de si salía en la película. Conferencia
- Thomas Sapolsky — Arquitecto e historiador de la arquitectura, padre del profesor, inmigrante ruso que reformó restaurantes en Nueva York en los años cincuenta y sesenta. La clase lo trae por la escuela nocturna de Brooklyn en la que daba clase a delineantes inmigrantes; ese centro no tiene nombre en ninguna fuente. Perfil familiar
- Helen Prejean — Monja católica estadounidense y activista contra la pena de muerte, autora de Dead Man Walking. Es la candidata a ser la mujer de la cita final: la clase de violencia la atribuye a quien acompaña a condenados a muerte en la prisión de Angola, en Luisiana, y el texto que Prejean publicó tiene otra redacción. Wikipedia
Los nombres que la clase sí dice
- Phineas P. Gage — Capataz de ferrocarriles estadounidense (1823-1860). En 1848 una barra de apisonar le atravesó el cráneo y le destruyó buena parte del córtex prefrontal; la clase lo usa como el extremo nada sutil del continuo del daño frontal. Wikipedia
- Stendhal (Marie-Henri Beyle) — Novelista francés (1783-1842). Su relato de 1817 de sentirse desbordado en Florencia dio nombre al síndrome: la clase lo cita como la primera vez que le pasó a alguien que lo dejó escrito. Wikipedia
- Leopoldo Fregoli — Actor italiano (1867-1936), conocido por la velocidad con que cambiaba de vestuario y de aspecto. Su nombre quedó en el delirio simétrico al de Capgras: una sola persona repartida por muchos cuerpos. Wikipedia
- Jane Goodall — Primatóloga británica, la gran estudiosa de campo de los chimpancés. La clase la trae porque tiene prosopagnosia, dificultad para reconocer caras humanas, y se le dan bien las de los chimpancés: el propio profesor dice que lo leyó la noche anterior. McGill OSS
- Gypsy-Rose Blanchard — Mujer estadounidense condenada por la muerte de su madre, Clauddine «Dee Dee» Blanchard, apuñalada en 2015 en Springfield (Misuri). Se presentó como el caso de Munchausen por poderes que acabó en crimen y en varias películas de televisión; se declaró culpable de asesinato en segundo grado. Wikipedia
Los epónimos cuyo autor no se nombra
- Joseph Capgras — Psiquiatra francés (1873-1950). Describió en 1923, con Jean Reboul-Lachaux, el caso de una mujer que decía que su marido y otras personas conocidas habían sido sustituidas por dobles: la ilusión de los sosias. La clase usa el epónimo y no lo nombra. Wikipedia
- Jules Cotard — Neurólogo y psiquiatra francés (1840-1889). En 1880 describió el «delirio de negación»: creerse muerto, putrefacto o inmortal. La clase lo llama directamente síndrome de Cotard sin decir de quién es el nombre. Wikipedia
- Richard Asher — Endocrinólogo y hematólogo británico (1912-1969). Acuñó «síndrome de Munchausen» en 1951, con el barón embustero de la literatura como referencia; el nombre diagnóstico actual es trastorno facticio. La clase no lo menciona. Wikipedia
- Norman Geschwind — Neurólogo estadounidense (1926-1984), de Harvard. Describió el cambio de personalidad entre crisis de la epilepsia del lóbulo temporal, lo que la clase llama «personalidad del lóbulo temporal» y presenta como estilo, no como diagnóstico. Wikipedia
Los autores detrás de los síndromes modernos
- Susan Swedo — Psiquiatra estadounidense del Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU. Describió en 1998 los casos de tics y TOC de aparición brusca tras una infección por estreptococo que la clase llama PANDAS; el diagnóstico sigue siendo discutido. Wikipedia
- Hiroaki Ota — Psiquiatra japonés que trabajaba en el hospital Sainte-Anne de París. Acuñó «síndrome de París» en los años ochenta y publicó un libro con ese título en 1991; la clase dice que no entiende por qué les pasa sobre todo a los japoneses. Wikipedia
- Graziella Magherini — Psiquiatra italiana del hospital Santa Maria Nuova de Florencia. En 1989 puso nombre al síndrome de Stendhal tras observar más de cien casos parecidos en turistas; la clase habla de «varios artículos» sin citarla. Wikipedia
El trastorno de integridad corporal
- Gregg Furth y John Money — Psicólogos. En 1977 describieron la apotemnofilia como una orientación sobre todo sexual, y en 1986 Money llamó acrotomofilia a la excitación por personas amputadas: son las dos cosas distintas que la clase junta bajo un solo término. Wikipedia
- Michael First — Psiquiatra de la Universidad de Columbia. Publicó en 2004 el primer estudio clínico del cuadro, con 52 personas, y acuñó «trastorno de identidad de la integridad corporal», el nombre que la clase pronuncia al revés. Wikipedia
La prueba de asociación implícita
- Anthony Greenwald — Psicólogo social estadounidense de la Universidad de Washington. Junto a Debbie McGhee y Jordan Schwartz publicó en 1998 la prueba de asociación implícita; la clase la usa como herramienta sin entrar en el debate sobre su fiabilidad. Wikipedia
- Mahzarin R. Banaji — Psicóloga de Harvard, coinventora del instrumento y responsable de su mayor base de datos. Con Tessa Charlesworth publicó el análisis de siete millones de pruebas que documenta la bajada general del sesgo y la excepción del peso. Estudio de 2022
Leer la clase entera, palabra por palabra
Transcripción automática del vídeo, sin corregir: solo la hemos limpiado de ruido del subtítulo, maquetado en párrafos y puesto los títulos que él mismo va anunciando. Los estudios y las citas se dejan en su inglés original y se pueden pulsar.
Traducción al castellano automática: si un matiz importa, comprueba el original inglés.
Última clase: causa, voluntad y libre albedrío
This is officially our last lecture and thus I'm not even going to go through the pretense of putting our usual time chart there and instead attempt something resembling summing up. Okay. So we start off, an awful lot about what this course has been about is then, you know, what's the cause of why did this behavior occur?
What are the explanations? And we go through our obligatory one second before, one year before, etc. In between those lines, a lot of what we're often asking is not only why did that behavior occur, but was it volitional?
What control do we have over our behavior? And my, my deepest desire is that lots of you will come out of this class, uh, perhaps questioning the notion that free will is a widespread thing. My personal lunatic stance is that there's no free will whatsoever. And I think that should inform everything we do.
But hopefully seeing where all these different influences are coming from makes the notion of any of us as agents of our own fate, people who have earned our position, people who deserve anything that we've gotten here by anything other than biological luck interacting with environmental luck. That's been my secret, or not so secret, goal throughout the whole class.
De quién es la culpa: una costumbre occidental
And that's very much in the context of what is a Western tendency, which is when saying why did that person do that behavior? Why is it that this or that happened? Often what is actually being said is whose fault is it?
Who is to blame? Why has this unacceptable behavior occurred? Which is where we sure barrel into free will type stuff. Why did that behavior occur? Who's to blame? And studying like, I don't know, the last 400 years of Western culture and Western medicine and such, one of the things that's gone on is revelatory breakthroughs in figuring out who's at fault for something or other.
For example, 400 years ago in virtually every Western European country, if you had an epileptic seizure, there was a medical diagnosis for what caused it, which is you've been in cahoots with Satan as a sign of demonic possession. And the medical intervention at that point was very straightforward: burn the person at the stake.
Centuries and centuries of viewing not only epileptic seizures as being somehow volitional, but something you bring about through having a soiled soul from getting into bed with the devil. And then, I don't know, 200 years ago or so, people began to figure out that no, actually, it's not satanic possession. It's something screwy with some of your ion channels.
It's a disorder. It's a neurological disease. And overnight, people were not cured of epilepsy, but people were cured of the notion that not only was there something stigmatizing about it, but there was something volitional. And we learned how to subtract responsibility out of the notion of seizures. And what do you know?
La esquizofrenia y las madres
The world became a more humane place. And we already know another example of that, one that has occurred in my lifetime, but a little bit early for you, which is the trashing once and for all the notion that schizophrenia is caused by mothers. Schizophrenia is caused by mothers who have an unconscious Freudian pickled-in-bile secret hatred of their child and wish their child had never been born.
And as we heard in the schizophrenia lecture, that should have been trashed completely in the 1950s with the development of the first antipsychotic meds. And what the psychoanalytic establishment did with that was say, "Oh, oh, these, these drugs just like calm somebody down so it's easier to do the psychoanalytic work with them as to what their mothers did to them." And it wasn't until neuroimaging in the 1980s that suddenly hundreds of thousands of mothers were no longer responsible for having caused this nightmare of a disease in their child.
El niño que no aprendía a leer
And the impact of that, and the impact of the decades and decades before of every sage telling every mother exactly how things work, is unmeasurable. So we learned how to subtract volition, free will, out of that one, and the world became more humane. Much more recently, and again within my lifetime, when I was a kid, if I was sitting in school and the kid next to me wasn't learning how to read and whatever, and I would have an attribution, and everybody else in the classroom would have an attribution, including the teacher and the guidance counselors and the parents, maybe, which is, you know what?
Can I say? They're kind of, uh, they're unmotivated, they're lazy, they're not paying attention, they're not very smart. And then along came exactly the sort of stuff we've been studying for 10 weeks. And people figured out, oh, sometimes there's little subtle architectural malformations in one layer of the cortex, in one part of the brain, and as a result, you mix up letters of the alphabet.
You loop them, you switch them, you view them, and oh, it's a learning difference. It's dyslexia. And overnight, suddenly that was transformative, except for the fact that it hasn't been overnight. And transformative, though, when it has occurred, where you could read like 40-year-olds who will say, "Yeah, I finally got a dyslexia diagnosis two years ago.
If only I had got that as a kid. I've spent my whole life hating myself for being lazy, for being stupid, for..." And that's not what caused it. And that has been incredibly liberating. And not only does that like take away that stigma, but it also teaches you how to better treat people, how to better teach people who are learning how to read, who have learning differences like that.
Lo que todavía se está aprendiendo
So, we subtracted blame and free will out of that one. And the world became more humane. And we're seeing other versions of that right now. I think we might be sort of at the cusp end in most parts of this country of realizing who it is you love, what sex you feel is most natural for you is not a choice.
It's a biological phenomenon. We're beginning to learn more and more that extreme obesity is not caused by somebody with no self-control, and they're just self-indulgent, and they probably unconsciously hate themselves and want to do that. And there's like mutations in receptors for digestive tract hormones, which if you have them, you will be extremely obese, as will and be a member of your family.
And we're slowly learning that one. That one interestingly, amid implicit association tests, what unconscious biases people have, a wonderful finding is over the last 30 years or so that those tests have existed, implicit biases against virtually every out-group out there has gotten better. Whoa. Actual progress. With one exception, which has gotten worse over this time, which is implicit bias against people who are overweight.
It's a mutation. It's some of the gene variant stuff we know about. So maybe we're in the middle of a revolution with that of learning how to subtract free will out of that one. Of course, we're not perfect at any of this anymore. We did for the most part figure out that mothers don't cause schizophrenia.
But in the majority of juries and courtrooms in this country, somebody could not be absolved of violence they committed while schizophrenic because they're not ready to say yet that there was no control there. So over and over, going from like, are you sleeping with Satan to like, do you just have like self-control problems when you're looking at Oreos or something?
La esencia y el fallo biológico encima
What we've been seeing is two things: the biology that has dominated this class, teaching us over and over that there could be a dramatic division between the essence of who someone is and the biological chaos that just happened to wind up being superimposed on top and produces a quirk or ruins their life in the process.
Phineas Gage y el continuo del daño frontal
And what we're also seeing is that line between the essence and the biological hiccup on top. That line gets closer and closer to all of us all the time. Now, we've seen already some great examples, and just to review them, where the whole point is the subtleties of these. The subtleties, starting off with not subtle, Phineas Gage, blow away somebody's frontal cortex, is totally dramatic.
But what we know by now is 100% damage to the frontal cortex. Okay. What about 99%? What about 98? What about 97? What about the fact that you've got more dopamine receptors there than the person next to you?
The person down there has more synapses in this part of the frontal cortex. And the, the individual differences, the individual differences. And we've already seen some versions of that: repressive personality. And we saw that is not a psychiatric disorder. These are not people who get diagnoses of depression and anxiety. Those are rule-outs, in fact.
And what is this? This is a predictor of people who can be quite successful. I mean, that's, that's perhaps why you during freshman year spent your evening studying like crazy while your roommate was out playing beer pong, or, or maybe the other way around in that relationship. But what we're seeing are individual differences and the nuts and bolts of this stuff.
And you could begin to imagine already some of these hints. How is it that the person next to you is a little bit better at this or that in a frontal context or a little bit worse?
Huntington: el gen más puro
Or how we are all on a continuum with this? Next example, a disease I alluded to in the very first lecture, Huntington's disease. It's the purest neurological disorder there is out there. The purest genetic neurological disorder. It's a mutation in a single gene. You get the mutation, you get the disease. You don't have it, you don't have the disease.
And it's a movement disorder where you begin to get wild flinging of limbs and it's eventually going to kill you because you can't coordinate swallowing. You choke to death on your saliva. It is a drag of a disease. And what you see is people had long noted something interesting, which is a number of years before Huntington's is a neurological disorder, you get behavioral changes in people.
La desinhibición que precede al temblor
You start getting behavioral disinhibition. You get people doing socially inappropriate things. You get people suddenly shoplifting, suddenly exposing themselves, suddenly having affairs, suddenly getting involved in fistfights with people, this picture of disinhibition and socially inappropriate, sexually inappropriate, all sorts of versions of that. And, whoa, what's the deal with that?
And eventually brain imaging came along which explained the deal with that. What everybody knew was Huntington's was a disorder of certain GABA-releasing neurons in a motoric part of the brain. But when people then figured out, you could tell looking at people who were at risk for Huntington's because they came from a Huntington's family or people where you knew they were going to get it because you had confirmed that they had the mutation, you could start imaging them years before the symptoms.
La imagen cerebral: el frontal se va primero
And what emerged was, years before Huntington's disease began, Huntington's disease had already begun. A few years before the motor pathway damage, there's frontal damage. That's, in fact, the first part that goes. And the age at which Huntington's typically gets people, in their 40s or so, generates a very interesting thing in those few years beforehand where it is mostly frontal disinhibition, where that is not a neurological disease.
That is, take this family member to a psychiatrist or visits by the social workers or the police or any such thing. During that period, as noted, one of the things that you see is sexual disinhibition. And what studies have shown is during that period, people in that window of the early frontal damage of Huntington's out-reproduce their unaffected siblings by becoming sexually disinhibited.
Pleiotropía negativa: la factura que llega después
Huh. What are we looking at? We're looking at a gene which rots away your nervous system by the time you're 50 and kills you five years later. We're looking at a gene which in your late 30s, early 40s, has a good chance of increasing your reproductive success. What we're seeing is a phenomenon in medical genetics called negative pleiotropy: a mutation that, in fact, confers an advantage early in life, and then inevitably the bill comes.
Viejos conocidos: lóbulo temporal, TOC y esquizotipia
And Huntington's seems to fit that profile. And it is a single gene that has a mutation. We saw the other day, temporal lobe personality. And that is not a diagnostic category. It's just a style. There's a certain style of individuals who have temporal lobe epilepsy in a particular location in there. We saw OCD the other day.
OCD, we're beginning to understand more and more on a neurobiological level. The, oh, the obsessions, the thoughts that just won't stop. The blasphemous thoughts, the worrying thoughts, the what if I just punched the person next to me?
What if I just did this? What if I shouted out something right now? What if I didn't lock the door even though I've gone back three times to check and each time it has been locked and it's all fine?
The obsessive stuff, people don't have much of a handle on the neurobiology of yet. But the C, the compulsions, the tapping your fork umpteen times ritualistically before you could start eating. That kind of stuff, the motoric ritualism, that is beginning to be understood. Stick somebody in a brain scanner with OCD, and when they have a compulsive tic, what you see is increased activity in the motor cortex because they're doing a ticking thing there.
Whatever. Increased activity in the basal ganglia. And remember this loop we had? The amygdala stimulates the basal ganglia to cause this is the habitual. This is the implicit. Somebody is not sitting there and thinking, "I shall now tap the table seven times with my fork." It's just this compulsion, this unstoppable thing. This pathway is strengthened while during the compulsive moment, PFC its inhibitory projections up to all of these are weakened.
So OCD, OCD, all sorts of hints for that, now that this is a biological disorder and it runs in families and all of that. We then saw schizotypal personality. It's not a disorder. It is a, in fact, very interesting trait to have in all sorts of traditional cultures and done the right way in our own Westernized cultures.
And the key thing about it is it's not a mental illness. It is not a mental illness to believe in UFOs or to go to Comic-Con or or whatever. These are quirks. These are quirks within this range of what we see as the normative sort of continuum on which we all dwell. We didn't know about most of these diseases not that long ago.
Phineas goes back to the 1840s, but most of these are far more recent and only recent decades. We've been learning these are ways in which your life could be deeply shaped, distorted, constrained, made less successful, more painful, more stigmatizing, whatever, due to just the sort of biology that's on a continuum among all of us.
Los territorios más raros: el síndrome de Tourette
So what we're going to do here is begin to now look at some of the stranger outposts of exactly this phenomenon now that we have covered these. First one, I believe not mentioned before in the course, Tourette's syndrome. Tourette's syndrome, what everybody knows Tourette's syndrome is about is scatology. People have tics. They have verbal tics and they shout out obscenities at totally inappropriate times and everybody knows about that.
That doesn't begin to scratch the surface of what Tourette's syndrome is about. The person shouts out totally inappropriate things. They bark. They make animal sounds. They get caught up on the sounds of words and have to shout it over and over. They get facial tics. They get motoric tics in their body. It simply takes over and it is unstoppable.
And people with severe Tourette's are having Tourette's type tics, I don't know, umpteen times a minute around the clock. And this is a disaster for them. And this completely impairs normal functioning at the extremes of it. And the most important thing, I mean, you get damage to the frontal lobe. And what you see there is it disinhibits stuff that's in there, stuff you might think about, stuff you might, and if anybody knew you were thinking that, you would be so embarrassed and humiliated.
And damage the frontal cortex, and that hidden stuff comes out. People with Tourette's do not have this secret desire to quack like a duck and it has been disinhibited in this disease. It's like you've got hiccups of the id. It's just superimposed on top. It's this neurological disorder that is discernibly separate from the essence of who somebody is with Tourette's and the disease that's superimposed on top.
PANDAS: cuando el estreptococo llega al cerebro
And we're beginning to learn more and more about it. There's genetic components to it. It's got a heavy genetic overlap with OCD, which is extremely interesting. Tourette's in some cases is probably an autoimmune disorder as follows. You have a child, they come down with a strep infection and they're sick and they run a high fever and they get out the other end of it and okay, they're feeling better.
And suddenly a week or two later they suddenly explode into tics, facial tics, vocal tics, all of that. What is this about? And in these circumstances, there's even a name for this situation. It is called PANDAS disease. P.A.N.D.A.S. disease. Pediatric Autoimmune Neuropsychiatric Disorder Associated with Streptococcal infection. What's the deal with that?
You run a high fever when you have a strep infection and in a subset of kids the blood-brain barrier opens up. That tends to happen with fever. But in just the right part of the brain that you really don't want to have opened up. And in come white blood cells and immune factors that are supposed to be kept out of the brain and they start forming antibodies against parts of the basal ganglia.
And as a result, they attack there and you get all sorts of stuff where motoric ticking and verbal ticking. What do you do with that? How do you treat somebody, a kid who has just had an outburst of this two weeks after a strep infection?
This is very rare, by the way. You treat them with an immunosuppressant or you filter their blood to take out that autoantibody, that antibody against this part of it. And they're just fine then until they get their next high fever and two weeks afterward they burst into Tourette's-like ticking again. And I don't know the most recent numbers, but something like 20, 30% of people with Tourette's, you look in their blood and they've got autoantibodies against parts of the basal ganglia, against motoric parts of their body.
And what you see is the more extreme the ticking correlates with more atrophy in subparts of this area. Subparts that you could probably guess right now play an inhibitory role. And they get damaged and disinhibition in this random ticking sort of way. And it is extremely, extremely constraining of life for people with severe versions of it.
Tourette en su contexto histórico: el exorcismo
So let's put Tourette's in a historical context. You get a kid, and most cases onset is in kids overwhelmingly, and for reasons not fully understood, it tends to occur more often in girls than boys, a slight bias in that. But you've got a 10-year-old girl who suddenly starts cursing and blaspheming and doing all sorts of inappropriate movements, grabbing at her throat, grabbing at her crotch, grabbing all sorts of stuff like where suddenly there's an outburst of this, and it's 1528 or something.
And what's your most likely description as to what's happening? They're possessed. They've been possessed by Satan and that's why they're uncontrollably doing this blasphemous stuff. Those of you who are history fans, the movie The Exorcist, which I was never able to make myself sit through, but a kid where this is what Tourette's would look like in that circumstance.
And what was the diagnosis back then? Demonic possession and go in and do something medically appropriate like burn them at the stakes. And now we treat people with Tourette's very differently. Years ago, I had a student in this class who had Tourette's. It wasn't severe. It was a couple of facial tics and a few hand sort of tic things.
And early in the class, he came in and to tell me that he had Tourette's and sort of explaining how it worked. And he was really pleased that I already knew what the disease was. And he was explaining that sometimes in class he would make some inappropriate sounds or gestures. And in those circumstances, if it was disturbing to students around him, it was fine if we do something.
And he spent the whole time doing this and then pulling his arm down. This was his Tourette's. This was the essence of him trying to control it. And you know, burn them at the stake. Nah, he's a child psychiatrist now. So all it does is it take a few centuries for us to go from, what do you do with this hiccup going on here, going from burning at the stake to this is someone who takes the MCATs in a room separate from everyone else so they don't disturb them with their barking sounds.
El síndrome de acaparamiento
We've made some progress there. Another domain of these, getting stranger and stranger, something called hoarding syndrome. Hoarding syndrome. And any of you who will be parents one day will know that you are in the ballpark of getting a hoarding diagnosis because everything, every bit of artwork, everything your child ever does, you will treasure and keep and pile up in some corner of the living room, in a closet sort of thing.
And that is not hoarding disorder. People with this psychiatric disorder hoard. They hoard everything. They hoard every newspaper, every magazine that has come into the house. They hoard used diapers from their child. They hoard rotting food. They hoard the packing materials. They hoard envelopes from letters. They hoard feces-coated toilet paper that, and their house, their lives fill up with this.
And broadly, there appears to be two different subtypes of pathological hoarders. There's the ones who can decisively tell you, "I actually need this. Here's why. Someday I'm going to need this poop-coated piece of diaper. Here's why it's a good thing that I've been saving this for the last 10 years." They justify it.
The other type is the person says, "Yeah, yeah, yeah. I really need to get around to cleaning up," but they can't make a decision as to what to get rid of. Okay, that sounds pretty bad. All of us know someone like that. No, we don't know someone like that. When you get a severe case of hoarding, these are people, for example, where at some point they are living in a little cave in their house with stuff piled up to the ceiling, and one of those piles collapses and smothers them or traps them in there because they can't get out, hoarding extremes.
El síndrome de Jerusalén
These people will get killed by this disease. More weird stuff. These are some of my favorite diseases. Now, something called Jerusalem syndrome. Jerusalem syndrome. There's a whole bunch of papers that have been published on this. Jerusalem syndrome. You can only get Jerusalem psychosis, it's often called that instead, if you are in the city of Jerusalem.
And overwhelmingly the people who get it are tourists. Older American tourists. Older American Southern Baptist tourists. These are people who their whole life have wanted to go and see the Holy Land. And finally, here's the trip, and they go there and they're going to be able to see the streets where Jesus walked.
And something happens to them, which is they're suddenly surrounded by reality. It's like a modern city. There's traffic. There's pollution. There's people being rude. There's litter. There's pickpockets. All of that. And they're disappointed. They're devastated because they thought they were going to see, you know, the little hamlet in which Jesus walked kind of thing.
And they're disappointed. They're disappointed with a few additional sort of, uh, things that go along with it. Number one, they're typically alone. They're typically having a lot of trouble with jet lag. So, they're lying in their room at night. Their whole life they were looking forward to coming to this mythic sacred place.
And reality comes in and it is psychotically disappointing. And this is what happens. Everyone who, everyone who has a Jerusalem syndrome break at this point. They pull the bed apart. They pull out the sheets, shred them, take their clothes off, make a toga out of the sheet. And before you know it, they're out on a street corner of Jerusalem preaching to everybody about how they need to go back to their simple ways.
Whoa. Isn't that crazy? How bizarre is that? There are 50 cases a year at the main psychiatric hospital in Jerusalem. And this is the profile of these are, by definition, if you were going to get this diagnosis, by definition you don't have a history of psychosis, that's a rule-out. You get these people and they're disappointed.
They're crestfallen. All of their expectations. And they pour it into, people have ruined this place with modernity and I'm going to somehow get them. And before you know it, they're out there in their toga preaching, which has always struck me that like a solution for, uh, Jerusalem syndrome or a way to prevent it is to have like all of the sheets in the hotel rooms there be like checkered or paisley or something because having a pure white sheet I suspect is very facilitating of it.
50 people a year. And the person is hospitalized for a week or two until their head clears and they go back home to wherever it is they came from and are fine for the rest of their life. There's papers on this. This is an identifiable disorder. I read interestingly a recent paper showing an exact equivalent of Jerusalem syndrome among people who are doing their once-in-a-lifetime pilgrimage to Mecca.
And they are expecting it to be the land where Muhammad strode and all. It's a city. It's a modern way. And they have the same psychotic break, the same exact sort of thing where they are psychotically, pathologically intent on trying to turn the clock back. Another version of that is called Paris syndrome.
El síndrome de París y el de Stendhal
And this gets about a dozen people here. And overwhelmingly they are Japanese tourists. I don't understand what this is about, but apparently in Japan there's this incredibly idealized view of what France and Parisians are like. Everybody there is beautiful and thin and gliding through the streets filled with culture and all the garbage smells like perfume and there's a mime on every single corner.
And they get to Paris and it's like a city and it's dirty and people are rude and it's all of that. And they have the same crash, the same crash of disappointment. They don't wind up, you know, on a street corner dressed as a mime telling people to go back to simpler ways.
It's simply a psychotic break that happens in these individuals. About a dozen cases a year, 10 out of the 12 or so tend to be Japanese. But you have the flip side of it, a good version, Stendhal Syndrome. Stendhal, French writer, who the first time he went to Florence. If you ever go to Florence, you will almost certainly have some mini version of Stendhal because everywhere you look, there's a museum filled with incredible stuff and everything is ancient and magnificent and it is totally overwhelming after a while where you want to scream, "Enough with this beautiful stuff!" And Stendhal syndrome is people get into a psychotic state of euphoria and awe and gratitude from seeing all this stuff.
I don't know how many cases a year, but there's multiple papers on this. Look at all these ways that things can go wrong. You bark uncontrollably because your immune system has attacked part of your brain. You can't throw anything out and eventually it collapses and suffocates you. You go to places and you have a predictable pattern of psychosis if you are the right person with the right sort of problems, and before you know it, you've shredded the sheets there and it's off to the Jerusalem syndrome ward where they get 50 a year.
Tricotilomanía, tricofagia y el síndrome de Rapunzel
So that's pretty strange. But then, then we get even stranger and into a whole terrain that's very, very puzzling. First, a disease called trichotillomania. You excessively pull out your hair. People with trichotillomania will pull out all their eyelashes, all their eyebrow hair. They'll pull it just where it does very damaging, discernible things and it can't be stopped.
These are people who are compelled to do this. Interestingly, it is not classified as a subtype of OCD and OCD medication doesn't work on trichotillomania. Then you have trichophagia. Trichophagia where the compulsion is not just to pull out the hair but to eat it. To eat the hair, to bite it, to chew it, to swallow it, all of that.
And in extreme forms, this is somebody who goes over to somebody's house for dinner. And at one point they go to the bathroom and rifle through the host's, host cabinet there to find a brush, a hairbrush full of hair. And they pull it off and they eat the hair and then they go back to dinner.
With this one, there is an extreme version of it called Rapunzel syndrome. You know, Rapunzel with a golden hair and all of that. And this is the trichophagia taken out to a truly pathological extent. This is someone who eats, swallows so much hair that it forms a hairball in their stomach which extends all the way up their esophagus and often all the way down into their gut.
And this is life-threatening. And when the surgery is done and you pull out this clot, it's this big old ball of hair with a long, long thread of it there. What goes up the esophagus?
Oh, just like Rapunzel with her hair. This can take this extreme of a form. If you don't fix it, if you don't go in there surgically, it bursts the stomach and the person bleeds to death. But there's even more strange things out there. Something called Capgras delusion. The people around them who they know and love don't seem like those people anymore.
El delirio de Capgras
You are in there. You're in a hospital bed. Okay, it's often after a head injury. You're in there and your beloved comes in and you don't think it's them. You think they're an imitation. You think the person is an impostor. You think they've been replaced by a robot. You can say, "Yeah, yeah, yeah, I know.
Looks just like them. The same height, the same hair, all of that. The same... Whoa, good job, guys. You really got it with the freckles there. Good. That one's a little bit off, but like, good job. Almost fooled me there, but you're an impostor. You're not really my loved one there." And this quickly sort of barrels into paranoia.
Who is it who has taken your loved one and replaced them with this robot, with this? And this for decades and decades was classified as a psychiatric disorder with psychosis, and people would be hospitalized. It was first described in the 1900s or so in France. And this is contrasted with Fregoli syndrome. This one you believe one person can inhabit multiple bodies and that they keep switching them on you again in some sort of paranoid state.
El síndrome de Fregoli y las dos corrientes visuales
You're sitting there and in comes, you know, some big beefy Hungarian guy and he goes out of the room and 10 minutes later in comes a like very diminutive woman from Thailand or, and you insist it's the same person. They went out and quickly changed and came back in. Named for Leopoldo Fregoli, Italian actor in the 19th century who was famed for how quickly he could change costumes.
Ah, you step out of the room as a big beefy male Hungarian and you come back in as a very diminutive Thai woman. Yeah, you just changed costumes. So Fregoli, notice this contrast there of what the delusion is. In the first case, you can have somebody who can look just like your loved one, be inhabiting an identical body, but it's not really them.
Or in Fregoli, the delusion can be that this is the same person and these three different bodies that have come, yeah, they've come in four times so far today, each time they're in a different whatever, but I can spot them and I know what they're up to, frequently barreling into paranoia. So that was a psychiatric disorder until people started getting some insights into Capgras.
And with that, you need a different comparison between Capgras syndrome and prosopagnosia, which is a disorder where you can't recognize faces. I read last night Jane Goodall has prosopagnosia, which I think is fascinating. I would assume only for humans because she's just fine at recognizing the faces of lots and lots of chimps over the years.
A face blindness, that's sort of a more generic term for it. You cannot distinguish one face from another. So in Capgras delusion, your loved one is standing right in front of you and you're saying, "Yeah, looks just like them. That's not them. They've been substituted." And with Fregoli syndrome, your loved one comes in and you say, "I don't know.
I've never seen this person before. Hi, good to meet you. My name is Register." And it's only more recently that people have been beginning to figure out the neurology of both of these as follows. So you got your visual cortex here. And something people have known for a while is you then send, after doing the basic processing there of what, sends it to the parahippocampal cortex.
Don't worry, I've said that word maybe three times. It's not important. They send the information there. But the key thing is in two separate streams. That's the word that's used. Two separate streams. And one of them seems to carry the information of who is this?
What is this? This is a sea otter. This is my sibling. This is a... Who is this? And the other stream is carrying what's their meaning? What's their emotional significance to me? What are my feelings about them?
So if you get a stroke in this stream and this is knocked out, you look at your loved one and you know, yeah, the freckles are in the right place, all of that, but they don't feel like my loved one. They feel like an impostor. You could recognize the concrete details that made them look just like your whoever, but because this pathway has been knocked out by a stroke, they don't feel like the whoever.
And the only thing you can, can do as a conclusion is they've been replaced. This is a robot. This is an actor. This is an impostor. Conversely, if you get a stroke in this stream, you can't recognize the face of your loved one anymore. But here's what you see. You get someone like that in the prosopagnosia after they've had stroke damage there and their loved one comes in the room and they say, "Oh, hi.
I don't believe we met." They have no recognition of them. They don't know who they are. They will tell you they've never seen this person before in their life. All of that. And then they'll say, "But, you know, I got a good feeling about them. I got a, they're, they're a, they're a good egg.
I sort of just have a sense that, yeah, I, I like the feel of that person." Or it will be autonomic. Their loved one walks in and they don't recognize the face, but their heart beats faster. And what you're seeing there is they can't do the concrete, who is this, but the feeling is coming through.
La enfermedad de Munchausen
So these are two ways that things can go wrong. More areas of wildness, something called Munchausen's disease. Munchausen, or probably it's called Munchausen if you're actually literate. Munchausen disease is a factitious disorder where people fake medical symptoms. They go from doctor to doctor complaining about this or that pain, this or that problem.
They will fabricate symptoms in themselves. They will swallow bleach to induce gastrointestinal or whatever. And they are compulsively driven to invent medical maladies for them. And they wind up just completely lost in the medical system, often convincing doctors that indeed there is something wrong. So that's pretty weird, but like, hold on to your hats, then there's Munchausen by proxy, where most typically, in about 95% of cases, you are a mother of a child.
Munchausen por poderes
In those cases, you induce the symptoms, you induce the illness in your child. Oh, you don't just go in and say, "Oh, they have sleep apnea during the night. They stopped breathing or they ran a big fever." Yes, you put all sorts of stuff. You put poisons in your child to generate fevers.
You do unspeakable things. What typically happens is this is a child who has been through round after round of surgery, and they're often very young and in no position to say, "Mommy makes me drink bleach now and then. Mommy rubs my skin over and over with sandpaper until I seemingly have this rash.
Mommy does this." And what typically happens is you got a child in there who's gone through rounds of surgery because the Munchausen by proxy mothers are often very, very good at this and convince the doctors. And almost always what it is is some seasoned cynical head nurse who has seen it all who begins to notice the kid only spikes a fever right after mom has visited and gets people to say, set up a closer TV camera in the room secretly.
And that's when you see unbelievable stuff like the kid has a feeding tube because of this imaginary gastrointestinal problem and you see on camera, mom disconnects the tube or mom disconnects the IV line and infuses some dog feces into it. And that child will have a raging infection for days afterward that nobody can, and no kid is in a position to say, "Wow, when nobody's in the room, mom comes in with a pillow and smothers me until I almost suffocate." And then you can see my electrolytes are all screwy afterward.
Some such thing where mom injects me with our dog's feces into my circulation. This is a disaster of a disease and it winds up killing about 20% of kids who have Munchausen by proxy. Actually, people in the field debate, is the diagnosis for the kid or the mother, or does it float in between or does it float between the two of them and the medical staff that is pulled into going along with this?
And these mothers are often very, very good and very, very persuasive. What's the motivation for them? The really boring stuff is they get sympathy. They get acclaim. They get free whatevers. They get, you know, Make-A-Wish Foundation for their supposedly dying from cancer child and them to go on a luxurious trip to Disneyland things.
There's like material incentives. But that's not the interesting part. What it really drives is these are people who just have a compulsive need, an unstoppable need to somehow be enveloped in the medical world, to know all the staffers by first name, to be there around the clock with their sick child. Also, they walk down the hall and you know the nurses will turn to each other probing and say, "Oh my God, have you ever seen a mother who is that devoted?" She becomes friends with the nursing staff.
She brings them brownies. She invades her way into their lives and all of it is to be just enveloped in this medical system. Interestingly, a high percentage of women with Munchausen by proxy have had a history of some medical training and almost always where they failed at it, where they had to drop out of the physician's assistant program where they were never able to complete it.
And it is some psychological both wanting to be just enwrapped in that world and at the same time be telling them, "Screw you. You threw me out of nursing school. Look at how good I am. You have no idea that these symptoms are not for real. I'll show you." Incredibly pathological. There was a famous case of it that got turned into who knows how many made-for-TV movies.
El caso de Gypsy Rose Blanchard
Gypsy Rose Blanchard. Gypsy, who was the daughter of a severe Munchausen by proxy mother, and it is a nightmare seeing what happened to that child until she eventually escaped in early adulthood, still kept in this neotonized sickened state, the whole world believing she was paralyzed in a wheelchair, had cerebral palsy, was developmentally delayed in a very serious way.
And she secretly had a boyfriend that she had figured out online who she secretly convinced to kill her mother. So, Munchausen by proxy. But, whoa, that is nothing compared to some of the stuff we got coming now. Next. Next, we have somatoparaphrenia. What is that about?
Somatoparafrenia y el síndrome de Cotard
That is somebody who insists, you know, this limb, this limb of mine, this isn't really mine. This is someone else's. This is prosthetic. This is a fake. Where's my limb? Somebody took it. Or it's over in that freezer. Or every time I try to get it out of the freezer, they move it again.
It's this delusional belief that one of your limbs is not actually part of your body. How crazy is that? Or it can go one step further into Cotard syndrome, where you insist your entire body is not you because you're dead. You're putrefying. You're immortal. You're whatever. This isn't really my, my body is somewhere else entirely.
Whoa, what a psychiatrically troubled disorder. And it turns out there's lesions. There's lesions in parts of the cortex that have to do with integrating your body feedback stuff. You see things like when someone is saying, "This arm is not part of my body. This is not my arm." And you go in and the, and the doctors touch it and you get activation of the insular cortex.
"Ah, that's disgusting. That's, this isn't me. This isn't me." And it's some sort of neurological problem that you see. Three different things that can cause it. The first is, yes indeed. In about half of cases, it is slowly emerging schizophrenia. So it is indeed a psychosis. In most of the remaining cases, there's some sort of mild stroke damage to one area of the motor cortex and one area that integrates that information that gives you a sense of your body as a coherent whole, and it doesn't work very well and this piece doesn't feel like me.
Or the third circumstance, I had to read this one twice, that seems so bizarre. There is an antiviral medication called acyclovir, and in one out of a thousand people who take it, it induces a Cotard delusion that this isn't really my body anymore, and it clears out of their system and they're fine at that point.
Apotemnofilia y el trastorno de integridad corporal
This can go wrong. But oh, so much weirder at this point. We get to some of these final disorders here where I even have to look at them because I can never pronounce them correctly, with apotemnophilia. This is a psychiatric disorder that was first described about 20 years ago. These are people who can only become sexually aroused by amputees.
Then there's vorarephilia. Vorarephilia, a sexual paraphilia, a fetishistic obsession with being cannibalized. You are only sexually aroused by the thoughts of being cannibalized. Two different subtypes. One of them is you are swallowed whole, and the other is you are chopped up into little bits and pieces first. And there's websites of people with this disorder talking with each other about what their particular cannibalistic fantasy.
This is not people fantasizing that they are cannibals. You know, we all know dozens of people like that. That one's a dime a dozen. This is in the opposite that can go wrong. But then, then just to top it all, apotemnophilia. But this is someone who has shown, ever since childhood, has been convinced that they are supposed to be an amputee.
That the way in which they will feel like a whole person, the person who they were meant to be is if this arm could be removed, if this leg can be removed, where they only have a sense of themselves being who they were always going to be if they have a limb amputated.
In males, it's like 90% males. Um, somehow losing a limb, having a limb removed preserves your masculinity. And I didn't get that one at all. Another theory, this was another paper, that this is the most frightening thing you could imagine, losing a limb and wanting it to happen and going about getting it to happen is your chance to overcome the fear.
Okay? And then of course some psychoanalytic gibberish comes in that this is some sexual distortive hatred of your mother. There was one case I read a case report about a guy who developed this disorder when he was young. He saw another boy with an amputated limb and fixated on this boy. He was gay and he fixated and thought the only way I could be worthy of him, equal to him, to be him, who knows what, is to have an amputated limb.
Ulcerative body dysmorphic disorder, gender identity disorder. I don't really understand where that one comes in. Body identity integrity disorder, which seems to be different from all these different theories. And then people look in the brain and there's abnormalities in parts of the brain where for example you're not getting somatosensory feedback from the limb you want to have removed.
So it just feels like this weird alien thing on you that is disgusting and your insula activates. And what is most horrifying about it is people with this disorder, they've got chat groups. They talk to each other. They give each other advice on a doctor out in this place or some doctor who lost their license but is willing to for the right amount of money amputate somebody's limb.
Here's the way you can generate an industrial accident that will cost you a limb. This is a real psychiatric disorder. These diseases didn't exist 100 years ago. The wild ones I just went through didn't exist 10, 20 years ago. We don't even have names right now for some of the ways in which your biological luck can go way, way wrong and ruin your life.
But we will be getting those names and we get more and more of these and we get more and more of these diagnoses and eventually we're all going to have a few of them. I do not have OCD, but whenever I go up a flight of stairs, I have to count the steps.
I cannot stop myself from doing it, no matter how irritating it is. I've got some other things like that that I can't... Okay, here's, here's what I've been doing today. This morning, I thought about the scene in Harry Potter 1 where Hagrid first comes in and says, "You're a wizard, Harry." So, I think about how cool that is, and then I think about Hagrid saying it, and then I wonder if I could do his Scottish accent, and then I realize my lips are moving.
And then I think, "Stop screwing around. You got to get ready for class." And then I think about the scene where Hagrid first comes in and says, "You're a wizard." I don't know how much of this morning I wasted with. We all got stuff like this going on. With 600 people in this class.
A heartbreaking number of you have struggled with depression or anxiety. But there's some of you there I will be willing to bet who struggled with trichotillomania or bulimia or some of these, some of these, and these all strike close to home. So, what are we going to do when we get to the point where we all have a couple of names for these and we all suffer from some of them and we all have to consider the good luck we had versus the one whose life is completely derailed by it?
Okay, one of the scary outcomes is you better bet as soon as people get these diagnoses that's going to be such a great opportunity to deny them medical insurance or fair housing or employment or things like that. That is going to happen every time and every sort of rule and law out there about genomic privacy is not going to work in the long run.
El lado malo y el lado bueno de saberlo
So that's the bad side of it. The good side is we all learn to extend this umbrella of who compels compassion out of us and who counts as someone whose life has been done in by one of these disorders. And we've learned in recent decades that yes, one way for your brain to betray you is schizophrenic hallucinations.
Another way is if you can't leave the house because you have to get a symmetrical thing with your shoelaces or something that, that's a way in which your life could be ruined. Absolutely. And as we learn more of that, we learn over and over what's the obvious thing, which is, if you had a couple of more receptors of this or a few less of that or whatever there, but for the grace of biology, go you.
We're all on a continuum with this. And what you realize is eventually this supposed boundary between the essence of who we are and the biological tumult superimposed on it. That boundary as it gets closer and closer, we realize that's a completely false boundary. There's no difference. And at the end of the day, being healthy is having the same diseases that most other people do because we all have some of these.
So, what does this mean about like the nature of life and that we're machines? We're biological machines. We're biological machines. We're, we're made of the same building blocks as a sea slug. The unique thing about us is, as far as I can tell, we're the only biological machines who know we are biological machines.
But we're biological machines. And like, what to make of this? And this is where people often get very, very uncomfortable and is pretty reliably a subset of people in this class because what that's beginning to attack is this treasured pretense that we all have that we are unique, that we are unmatched, that we are this flickering flame of individuality.
Los nueve mil millones de nombres de Dios
And all this science is going to do is come along and extinguish that stuff and explain more and more about less and less and all the mystery will disappear. This was wonderfully summarized, this classic science fiction story by Arthur C. Clarke called The Nine Billion Names of God, wherein a, a bunch of Tibetan monks with some super duper 1950s computer start spitting out the names of God.
All nine billion names. A metaphor for attaining the unattainable there, the sublime. And as the story goes, as each new name comes out of the computer, one of the stars in the sky goes dark. This is the metaphor for why all of this is worrisome. That is, those scientists go and inadvertently explain everything and turn it all into mechanism and turn us into machines.
That with each new factoid, one of the stars in the heaven is going to go dark. This is the last thing you have to worry about for a number of reasons. First off, the fact that we turn out to have mechanistic stuff going on underneath the surface in no way should rob whatever we feel about what is on the surface.
You can turn Bach into a bunch of contrapuntal rules and you could turn a gazelle leaping into a bunch of biomechanics equations. And the fact that you could do that doesn't make one difference in terms of emotionally what the music can do to you or watching a gazelle leap can do to you.
Just because there is more structure than we initially suspected shouldn't rob us of anything of the wonder of what the behavior coming out at the other end looks like. But for another reason as well, we shouldn't worry about this, which is science is never going to go and inadvertently explain everything because what this whole course has been is every time they answer a question, they generate 10 new ones.
This is the nature of science. Haldane, J.B.S. Haldane, he was the guy who gave us, "I'd laid down my life for two brothers or eight cousins," had another wonderful quote. He said, "Life is not only stranger than we imagine. Life is stranger than we can imagine." And that's exactly the point. The purpose of science is not to cure us of mystery.
Its purpose is to constantly reinvent it. What should one do with all this information? And what people are often totally frazzled with by this course right around at this point is like, it's so damn complicated and nothing causes anything. Everything else is modulating something else. Everything is a predisposing factor. Nothing actually causes it.
It's so complicated and there's so many ways in which things can go wrong. How am I supposed to do anything about this? How am I supposed to fix any of this? And this could easily become paralyzing. Where we begin to appreciate what might you do about this is to appreciate kind of where you fit into the world at this point.
Dos anécdotas y el privilegio
Two anecdotes. First one, I can't even remember if it was in the movie about Oppenheimer, but apparently after the bomb went off the very first time, he said, "Now even physics has known sin." The second anecdote is about my father. My father was an architect and an architectural historian and he taught architectural history at a crappy little night school in Brooklyn, which he wanted to teach in because it was filled with nothing but like immigrants who were working as draftsmen during the day trying to get their architectural licenses, exactly what his trajectory had been.
And once I went to sit in on one of his classes and he was an amazing lecturer and he was like singing arias to tell you about acoustic material and, and one of the other things he was doing is at one point he's like putting up pictures of like some of the great glorious things in architectural history and yeah, of course saying, "Oh my God, how inspiring, how wonderful." That's not what he's doing.
He's putting up pictures of the Palace of Versailles and the pyramids of Giza and all of. And he's saying, "Throughout history, architects over and over and over have just been the whores of the wealthy, building them their palaces, building them their mausoleums, just being their toadies. I don't want to see you go out and be the whores of the wealthy and the powerful.
I want you to get fair housing." And he's going on and on like that, yelling at these people. These are people who are not going to be building the Palace at Versailles. If they're lucky, they're going to be doing an illegal renovation on somebody's garage in Canarsie in Brooklyn or something. And I thought this was the stupidest thing I'd ever heard in my life.
And it wasn't until after a while that I sort of sensed that he was in fact doing something very, very respectful to these folks that even if they're out there and their destiny is to do illegal renovations on a garage somewhere in Brooklyn, even if they have the capacity to sin, some secular version of it, to do construction that is unsafe, to do something that is corrupted, that even they can do it.
So now even physics has known sin. Even somebody doing a renovation on a garage can know some secular version of sin. What's the punchline here? You guys are not the first atomic bomb. You guys are not night students who are like unlikely to ever get a license and do that. You are not people where it is marginal whether or not you're ever going to have an influence.
You guys are going to, you are privileged. You are lucky. You are educated. You have clean running water. You probably have a home to return to at the end of each day. You are among the lucky ones. And part of what that privilege is going to do is you are going to be among the powerful ones.
You're going to face some circumstance where you have to decide whether to pump somebody's stomach when they've taken a whole overdose of something because they can't live any longer. You at some point are going to be someone deciding whether or not a budget in the legislature you're in commits money to this mental health problem.
You are going to be an elected official. You're going to be a prosecutor. You're going to be a judge. This class has already produced one U.S. senator and a couple of representatives. And you guys are going to go out and be influential. People are not going to be looking at you and saying, "Oh, let's gratuitously praise them on the fact that they could do rotten like garage renovations in some place or other." You guys are going to have power.
And the key thing that comes out of this is, "Oh, it's so complicated. It's so complicated. It's impossible to do anything. It's impossible to make anything better." The more convincing it seems that nothing can be done, the more you guys have to be the ones to do it because you guys are the privileged lucky ones positioned to do that.
Exactly as that quote from the other week ago, "The less forgivable the act, the more you have to forgive it. The less lovable the person, the more you have to find the means to love them." The more it seems that any rational conclusion is nothing could be made better and I'm helpless, the more you got to do it because if you don't, nobody else will be in a position to.
Ciencia y compasión
So on that note, good luck with the process of doing that. And even if it's complicated, that's never an excuse. Something has to be done. So do it cautiously, do it prudently, do it humbly, all of that. But somebody's got to and you will be best positioned. Good luck with that process. And just as a final thought, you are not going to have to choose between being scientific and being compassionate.
They're completely compatible.
Última clase: causa, voluntad y libre albedrío
Esta es oficialmente nuestra última clase, así que ni siquiera voy a hacer el paripé de poner ahí nuestro habitual esquema temporal y, en su lugar, voy a intentar algo parecido a un resumen. Vale. Empezamos, y buena parte de lo que ha sido este curso es, ya sabéis, cuál es la causa de por qué ocurrió esa conducta.
¿Cuáles son las explicaciones? Y pasamos por nuestro obligado un segundo antes, un año antes, etcétera. Entre esas líneas, mucho de lo que preguntamos a menudo no es solo por qué ocurrió esa conducta, sino si fue voluntaria.
¿Qué control tenemos sobre nuestra conducta? Y mi, mi deseo más profundo es que muchos de vosotros salgáis de esta clase quizá cuestionando la idea de que el libre albedrío sea algo muy extendido. Mi postura personal y lunática es que no hay libre albedrío en absoluto. Y creo que eso debería informar todo lo que hacemos.
Pero espero que ver de dónde vienen todas esas influencias distintas desmonte la idea de que cualquiera de nosotros es agente de su propio destino, gente que se ha ganado su posición, gente que merece algo de lo que ha conseguido por algo distinto a la suerte biológica interactuando con la suerte ambiental. Ese ha sido mi objetivo secreto, o no tan secreto, durante toda la clase.
De quién es la culpa: una costumbre occidental
Y eso va muy en la línea de una tendencia occidental: cuando decimos «¿por qué hizo esa persona esa conducta?», «¿por qué pasó esto o aquello?», muchas veces lo que en realidad se está diciendo es «¿de quién es la culpa?».
¿Quién tiene la culpa? ¿Por qué ha ocurrido esta conducta inaceptable? Y ahí sí que nos metemos de cabeza en lo del libre albedrío. ¿Por qué ocurrió esa conducta? ¿Quién tiene la culpa? Y estudiando, no sé, los últimos 400 años de cultura occidental y de medicina occidental y tal, una de las cosas que ha pasado son avances reveladores a la hora de averiguar quién tiene la culpa de una cosa u otra.
Por ejemplo, hace 400 años, en prácticamente todos los países de Europa occidental, si tenías una crisis epiléptica había un diagnóstico médico de lo que la causaba, y era que estabas confabulado con Satán, como signo de posesión demoníaca. Y la intervención médica de entonces era muy directa: quemar a la persona en la hoguera.
Siglos y siglos de ver no solo las crisis epilépticas como algo de algún modo voluntario, sino como algo que provocas tú por tener el alma manchada de acostarte con el diablo. Y luego, no sé, hace unos 200 años, la gente empezó a descubrir que no, que en realidad no es una posesión satánica. Es algo que falla en algunos de tus canales iónicos.
Es un trastorno. Es una enfermedad neurológica. Y de la noche a la mañana, la gente no se curó de la epilepsia, pero sí se curó de la idea de que no solo había algo estigmatizante en ella, sino que había algo voluntario. Y aprendimos a sacar la responsabilidad de la idea de las crisis. Y mira tú por dónde.
La esquizofrenia y las madres
El mundo se volvió un lugar más humano. Y ya conocemos otro ejemplo de eso, uno que ha ocurrido en mi vida, aunque para vosotros es un poco anterior, que es tirar de una vez por todas la idea de que la esquizofrenia la causan las madres. La esquizofrenia la causan las madres que tienen un odio secreto, freudiano, macerado en hiel, inconsciente, hacia su hijo, y que desearían que ese hijo no hubiera nacido nunca.
Y como oímos en la clase sobre la esquizofrenia, eso debería haberse tirado del todo en los años cincuenta, con la aparición de los primeros fármacos antipsicóticos. Y lo que hizo el establishment psicoanalítico con eso fue decir: «Ah, ah, estos fármacos solo tranquilizan a la persona, para que sea más fácil hacer con ella el trabajo psicoanalítico sobre lo que le hicieron sus madres». Y no fue hasta la neuroimagen de los años ochenta cuando, de golpe, cientos de miles de madres dejaron de ser responsables de haber causado esa pesadilla de enfermedad a su hijo.
El niño que no aprendía a leer
Y el impacto de eso, y el impacto de las décadas y décadas anteriores de cada sabio diciéndole a cada madre exactamente cómo funcionan las cosas, es inconmensurable. Así que aprendimos a sacar la voluntad, el libre albedrío, de todo eso, y el mundo se volvió más humano. Mucho más recientemente, y otra vez en mi vida, cuando yo era un crío, si estaba sentado en clase y el niño de al lado no aprendía a leer y tal, yo tenía una atribución, y todo el mundo en el aula tenía una atribución, incluidos el profesor y los orientadores y quizá los padres, que era: ¿sabes qué?
¿Puedo decirlo? Son un poco, esto, están desmotivados, son vagos, no prestan atención, no son muy listos. Y entonces llegó justo el tipo de cosas que llevamos diez semanas estudiando. Y la gente descubrió que, ah, a veces hay pequeñas malformaciones arquitectónicas sutiles en una capa de la corteza, en una parte del cerebro, y como resultado mezclas letras del alfabeto.
Las trazas, las cambias de sitio, las ves al revés y, ah, es una diferencia de aprendizaje. Es la dislexia. Y de la noche a la mañana, de golpe, eso fue transformador, salvo por el hecho de que no ha sido de la noche a la mañana. Pero transformador cuando ha ocurrido, hasta el punto de que puedes leer testimonios de personas de 40 años que dicen: «Sí, por fin me diagnosticaron dislexia hace dos años.
«Si al menos me lo hubieran diagnosticado de niño. Me he pasado la vida entera odiándome por ser vago, por ser tonto, por...». Y eso no es lo que lo causaba. Y eso ha sido increíblemente liberador. Y no solo quita ese estigma, sino que además te enseña a tratar mejor a la gente, a enseñar mejor a leer a las personas que tienen diferencias de aprendizaje así.
Lo que todavía se está aprendiendo
Así que sacamos la culpa y el libre albedrío de eso. Y el mundo se volvió más humano. Y estamos viendo ahora mismo otras versiones de lo mismo. Creo que quizá estemos justo en el filo, en la mayor parte de este país, de caer en la cuenta de que a quién amas y con qué sexo te sientes más natural no es una elección.
Es un fenómeno biológico. Estamos empezando a aprender cada vez más que la obesidad extrema no la causa alguien sin autocontrol, que solo es indulgente consigo mismo y que probablemente se odia sin saberlo y quiere hacer eso. Y hay como mutaciones en receptores de hormonas del tubo digestivo que, si las tienes, vas a ser extremadamente obeso, y también lo será un miembro de tu familia.
Y esto lo estamos aprendiendo poco a poco. Ese, curiosamente, entre las pruebas de asociación implícita, sobre qué sesgos inconscientes tiene la gente, un hallazgo maravilloso es que en los últimos 30 años, más o menos, que esas pruebas llevan existiendo, los sesgos implícitos contra prácticamente todos los grupos de fuera han mejorado. Vaya. Progreso de verdad. Con una excepción, que ha empeorado en este tiempo: el sesgo implícito contra las personas con sobrepeso.
Es una mutación. Es parte de esa variación genética que conocemos. Así que quizá estemos en medio de una revolución en eso de aprender a sacar el libre albedrío de ahí. Claro que ya no somos perfectos en nada de esto. En su mayor parte sí averiguamos que las madres no causan la esquizofrenia.
Pero en la mayoría de los jurados y las salas de justicia de este país, a alguien no se le absolvería de una violencia que cometió estando esquizofrénico, porque todavía no están dispuestos a decir que ahí no había control. Así que una y otra vez: pasamos de «¿te acuestas con Satán?» a «¿es que tienes problemas de autocontrol cuando ves unas Oreo o algo así?».
La esencia y el fallo biológico encima
Lo que hemos estado viendo son dos cosas: la biología que ha dominado esta clase, enseñándonos una y otra vez que puede haber una división radical entre la esencia de quien alguien es y el caos biológico que da la casualidad de que acaba superpuesto encima y produce una rareza, o le arruina la vida en el proceso.
Phineas Gage y el continuo del daño frontal
Y lo que también estamos viendo es esa línea entre la esencia y el fallo biológico de encima. Esa línea se nos va acercando cada vez más a todos nosotros, todo el tiempo. Ya hemos visto algunos ejemplos buenos y, solo por repasarlos, en los que todo el asunto son sus matices. Los matices: empezando por uno que no tiene matiz, Phineas Gage, saltarle a alguien la corteza frontal por los aires es totalmente dramático.
Pero lo que ya sabemos es: daño del 100 % en la corteza frontal. Vale. ¿Y el 99 %? ¿Y el 98? ¿Y el 97? ¿Y el hecho de que tú tengas más receptores de dopamina ahí que la persona de al lado?
La persona de allá abajo tiene más sinapsis en esta parte de la corteza frontal. Y las diferencias individuales, las diferencias individuales. Y ya hemos visto algunas versiones de eso: la personalidad represiva. Y vimos que eso no es un trastorno psiquiátrico. No son personas a las que se les diagnostique depresión ni ansiedad. De hecho, esas son criterios de exclusión.
¿Y qué es esto? Es un predictor de personas que pueden tener bastante éxito. O sea, quizá sea por eso por lo que tú, en primero, te pasabas la tarde estudiando como un loco mientras tu compañero de habitación estaba fuera jugando al beer pong, o quizá al revés en esa relación. Pero lo que estamos viendo son diferencias individuales y la mecánica fina de todo esto.
Y ya puedes empezar a imaginar algunas de estas pistas. ¿Cómo es que la persona de al lado es un poco mejor en esto o aquello en un contexto frontal, o un poco peor?
Huntington: el gen más puro
¿O cómo es que todos estamos en un continuo con esto? El siguiente ejemplo es una enfermedad que mencioné en la primera clase: la enfermedad de Huntington. Es el trastorno neurológico más puro que hay. El trastorno neurológico genético más puro. Es una mutación en un solo gen. Tienes la mutación, tienes la enfermedad. No la tienes, no tienes la enfermedad.
Y es un trastorno del movimiento en el que empiezas a tener sacudidas violentas de las extremidades y que acaba matándote, porque no puedes coordinar la deglución. Te ahogas con tu propia saliva. Es una enfermedad terrible. Y lo que se ve es que la gente llevaba mucho tiempo observando algo interesante: unos cuantos años antes de que la enfermedad de Huntington sea un trastorno neurológico, aparecen cambios conductuales en las personas.
La desinhibición que precede al temblor
Empiezas a ver desinhibición conductual. Hay gente haciendo cosas socialmente inapropiadas. Hay gente que de repente roba en tiendas, que de repente se exhibe, que de repente tiene aventuras, que de repente se mete en peleas a puñetazos, ese cuadro de desinhibición y de conducta socialmente inapropiada, sexualmente inapropiada, todo tipo de versiones de eso. Y, vaya, ¿qué pasa con eso?
Y con el tiempo llegó la imagen cerebral, que explicó el asunto. Lo que todo el mundo sabía era que Huntington era un trastorno de ciertas neuronas que liberan GABA en una parte motora del cerebro. Pero cuando después se descubrió que se podía estudiar a las personas con riesgo de Huntington, porque venían de una familia con Huntington, o a las personas que se sabía que iban a desarrollarla porque se había confirmado que tenían la mutación, se las pudo empezar a escanear años antes de los síntomas.
La imagen cerebral: el frontal se va primero
Y lo que emergió fue que, años antes de que empezara la enfermedad de Huntington, la enfermedad de Huntington ya había empezado. Unos años antes del daño en la vía motora, hay daño frontal. De hecho, es la primera parte que se va. Y la edad a la que la enfermedad de Huntington suele atacar, alrededor de los 40, genera algo muy interesante en esos pocos años previos: ahí es sobre todo desinhibición frontal, y eso no es una enfermedad neurológica.
Es decir, llevas a este familiar al psiquiatra, o vienen las visitas de los trabajadores sociales o la policía o cualquier cosa así. Durante ese periodo, como decía, una de las cosas que se ven es desinhibición sexual. Y lo que han mostrado los estudios es que durante ese periodo, las personas en esa ventana del daño frontal temprano de Huntington tienen más descendencia que sus hermanos no afectados, por volverse sexualmente desinhibidas.
Pleiotropía negativa: la factura que llega después
Vaya. ¿Qué estamos viendo? Estamos viendo un gen que te pudre el sistema nervioso para cuando tienes 50 años y te mata cinco años después. Estamos viendo un gen que, en la última parte de tus treinta o al principio de tus cuarenta, tiene bastantes probabilidades de aumentar tu éxito reproductivo. Lo que estamos viendo es un fenómeno de la genética médica llamado pleiotropía negativa: una mutación que, de hecho, confiere una ventaja al principio de la vida y después, inevitablemente, llega la factura.
Viejos conocidos: lóbulo temporal, TOC y esquizotipia
Y Huntington parece encajar en ese perfil. Y es un solo gen el que tiene la mutación. Vimos el otro día la personalidad del lóbulo temporal. Y eso no es una categoría diagnóstica. Es solo un estilo. Hay un cierto estilo de personas que tienen epilepsia del lóbulo temporal en un sitio concreto de ahí dentro. Vimos el TOC el otro día.
El TOC, lo vamos entendiendo cada vez más a nivel neurobiológico. Las, ay, las obsesiones, los pensamientos que simplemente no paran. Los pensamientos blasfemos, los pensamientos de preocupación, el «¿y si le doy un puñetazo a la persona de al lado?».
¿Y si hiciera tal cosa? ¿Y si gritara algo ahora mismo? ¿Y si no he cerrado la puerta, aunque ya he vuelto tres veces a comprobarlo y cada vez estaba cerrada y todo está bien?
En lo obsesivo, la gente todavía no tiene mucha idea de la neurobiología. Pero la C, las compulsiones, el dar golpecitos con el tenedor no sé cuántas veces, ritualísticamente, antes de poder empezar a comer. Ese tipo de cosas, el ritualismo motor, eso sí está empezando a entenderse. Metes a alguien con TOC en un escáner cerebral y, cuando tiene un tic compulsivo, lo que ves es más actividad en la corteza motora, porque está haciendo ahí una cosa de tics.
Da igual. Más actividad en los ganglios basales. ¿Y os acordáis de este circuito que veíamos? La amígdala estimula los ganglios basales para dar lugar a esto que es lo habitual. Esto es lo implícito. Nadie está sentado ahí pensando: «Ahora voy a golpear la mesa siete veces con el tenedor». Es simplemente esta compulsión, esta cosa imparable. Esta vía se refuerza, mientras que durante el momento compulsivo se debilitan las proyecciones inhibitorias de la corteza prefrontal hacia todo esto.
Así que el TOC, el TOC, todo tipo de pistas de que es un trastorno biológico, de que va en familias y todo eso. Vimos después la personalidad esquizotípica. No es un trastorno. Es, de hecho, un rasgo muy interesante de tener en todo tipo de culturas tradicionales, y bien llevado en nuestras propias culturas occidentalizadas.
Y lo clave es que no es una enfermedad mental. No es una enfermedad mental creer en los ovnis o ir a la Comic-Con o cualquier cosa así. Son rarezas. Son rarezas dentro de ese rango de lo que vemos como el continuo normativo en el que todos habitamos. De la mayoría de estas enfermedades no sabíamos nada hace no tanto.
Phineas se remonta a los años cuarenta del siglo XIX, pero la mayoría de estas son mucho más recientes, de las últimas décadas. Hemos ido aprendiendo que son maneras en que tu vida puede quedar profundamente moldeada, distorsionada, constreñida, hecha menos exitosa, más dolorosa, más estigmatizada, lo que sea, por causa de justo el tipo de biología que está en un continuo entre todos nosotros.
Los territorios más raros: el síndrome de Tourette
Así que lo que vamos a hacer aquí es empezar a mirar ahora algunos de los puestos más extraños de exactamente este fenómeno, ya que hemos cubierto lo anterior. El primero, creo que no mencionado antes en el curso: el síndrome de Tourette. El síndrome de Tourette, lo que todo el mundo sabe del síndrome de Tourette es la escatología. La gente tiene tics. Tiene tics verbales y suelta obscenidades en momentos totalmente inapropiados, y todo el mundo lo conoce.
Eso no llega ni a arañar la superficie de lo que es el síndrome de Tourette. La persona suelta cosas totalmente inapropiadas. Ladra. Hace sonidos de animales. Se queda enganchada a los sonidos de las palabras y tiene que gritarlo una y otra vez. Tiene tics faciales. Tiene tics motores en el cuerpo. Simplemente se apodera de ella y es imparable.
Y las personas con Tourette grave tienen tics de tipo Tourette, no sé, no sé cuántas veces por minuto, a todas horas. Y esto es un desastre para ellas. Y en los extremos, esto deteriora por completo el funcionamiento normal. Y lo más importante: es decir, tienes daño en el lóbulo frontal. Y lo que ves ahí es que desinhibe cosas que están dentro, cosas que podrías pensar, cosas que podrías, y si alguien supiera que estás pensando eso, te morirías de vergüenza y de humillación.
Y dañas la corteza frontal y eso oculto sale. Las personas con Tourette no tienen un deseo secreto de graznar como un pato que esta enfermedad haya desinhibido. Es como si tuvieras hipo del ello. Simplemente está superpuesto encima. Es este trastorno neurológico que es discerniblemente distinto de la esencia de quien es alguien con Tourette, y la enfermedad va superpuesta encima.
PANDAS: cuando el estreptococo llega al cerebro
Y vamos aprendiendo cada vez más sobre esto. Tiene componentes genéticos. Tiene un solapamiento genético fuerte con el TOC, lo cual es interesantísimo. El Tourette, en algunos casos, es probablemente un trastorno autoinmune, de la siguiente manera. Tienes un niño, le da una infección por estreptococo, está enfermo, tiene fiebre alta, sale de eso y vale, se encuentra mejor.
Y de repente, una o dos semanas después, estalla en tics, tics faciales, tics vocales, todo eso. Y esto, ¿a qué se debe? Y en estas circunstancias hay incluso un nombre para esta situación. Se llama enfermedad PANDAS. P.A.N.D.A.S., la enfermedad. Trastorno neuropsiquiátrico autoinmune pediátrico asociado a infección estreptocócica: eso es lo que significan las siglas. Y aquí, ¿qué está pasando?
Tienes fiebre alta cuando tienes una infección por estreptococo y, en un subconjunto de niños, se abre la barrera hematoencefálica. Eso tiende a pasar con la fiebre. Pero justo en la parte del cerebro que no querrías que se abriera. Y entran glóbulos blancos y factores inmunitarios que deberían quedarse fuera del cerebro y empiezan a formar anticuerpos contra partes de los ganglios basales.
Y como resultado atacan ahí y tienes todo tipo de cosas: tics motores y tics verbales. ¿Y qué haces con eso? ¿Cómo tratas a alguien, a un niño que acaba de tener un brote de esto dos semanas después de una infección por estreptococo?
Esto es muy raro, por cierto. Se les trata con un inmunosupresor o se les filtra la sangre para quitar ese autoanticuerpo, ese anticuerpo contra esta parte. Y luego están perfectamente hasta que tienen la siguiente fiebre alta y, dos semanas después, vuelven a estallar en tics tipo Tourette. Y no sé los números más recientes, pero algo así como el 20, el 30 % de las personas con Tourette: miras su sangre y tienen autoanticuerpos contra partes de los ganglios basales, contra partes motoras de su cuerpo.
Y lo que se ve es que cuanto más extremo es el tic, más se correlaciona con atrofia en subpartes de esta zona. Subpartes que probablemente ya podáis adivinar que juegan un papel inhibitorio. Y se dañan y hay desinhibición en esta forma de tics aleatorios. Y es extremadamente, extremadamente limitante de la vida para las personas con versiones graves.
Tourette en su contexto histórico: el exorcismo
Así que pongamos el Tourette en un contexto histórico. Te llega un niño, y el inicio en la mayoría de los casos es en niños de forma abrumadora y, por razones no del todo comprendidas, tiende a darse más en niñas que en niños, un ligero sesgo en ese sentido. Pero tienes a una niña de 10 años que de repente empieza a maldecir y a blasfemar y a hacer todo tipo de movimientos inapropiados, agarrándose la garganta, agarrándose la entrepierna, agarrándose todo tipo de cosas, donde de repente hay un estallido de esto, y es 1528 o algo así.
¿Y cuál es tu descripción más probable de lo que está pasando? Está poseída. Ha sido poseída por Satán y por eso hace sin control estas cosas blasfemas. Los que seáis aficionados a la historia, la película El exorcista, que yo nunca he sido capaz de ver entera, pero una niña en la que esto es lo que parecería el Tourette en esa circunstancia.
¿Y cuál era el diagnóstico entonces? Posesión demoníaca, y entrar y hacer algo médicamente apropiado, como quemarlos en la hoguera. Y ahora tratamos a las personas con Tourette de forma muy distinta. Hace años tuve en esta clase a un alumno que tenía Tourette. No era grave. Eran un par de tics faciales y unas cuantas cosas de tics en las manos.
Y al principio de la clase vino a decirme que tenía Tourette y a explicarme más o menos cómo funcionaba. Y le hizo mucha ilusión que yo ya supiera qué enfermedad era. Y me explicaba que a veces, en clase, hacía algún sonido o algún gesto inapropiado. Y que en esas circunstancias, si molestaba a los estudiantes de alrededor, no pasaba nada si hacíamos algo.
Y se pasó todo el rato haciendo esto y luego bajándose el brazo. Ese era su Tourette. Esa era la esencia de él intentando controlarlo. Y ya sabéis, quemarlos en la hoguera. Qué va, ahora es psiquiatra infantil. Así que todo lo que hace falta es que pasen unos cuantos siglos para ir de «¿qué haces con este hipo que tiene aquí?» y de quemar en la hoguera a esto: es alguien que hace el examen de acceso a medicina en una sala aparte de todos los demás, para no molestarles con sus sonidos de ladrido.
El síndrome de acaparamiento
Ahí hemos progresado algo. Otro dominio de estas cosas, cada vez más raro: algo llamado síndrome de acaparamiento. El síndrome de acaparamiento. Y cualquiera de vosotros que algún día sea padre sabrá que está en la zona de que le diagnostiquen acaparamiento, porque todo, cada obra de arte, cada cosa que haga vuestro hijo, la atesoraréis y la guardaréis y la apilaréis en algún rincón del salón, en un armario o algo así.
Y eso no es el trastorno de acaparamiento. Las personas con este trastorno psiquiátrico acaparan. Acaparan todo. Acaparan cada periódico, cada revista que ha entrado en la casa. Acaparan los pañales usados de su hijo. Acaparan comida podrida. Acaparan los materiales de embalaje. Acaparan los sobres de las cartas. Acaparan papel higiénico manchado de heces que, y su casa, su vida se llena de esto.
Y, en general, parece haber dos subtipos distintos de acaparadores patológicos. Están los que te pueden decir con decisión: «Esto lo necesito de verdad. Por esto. Algún día voy a necesitar este trozo de pañal manchado de caca. Por esto es bueno que lo haya estado guardando estos últimos 10 años». Lo justifican.
El otro tipo es la persona que dice: «Sí, sí, sí. De verdad que tengo que ponerme a ordenar», pero no es capaz de decidir qué tirar. Vale, eso suena bastante mal. Todos conocemos a alguien así. No, no conocemos a nadie así. Cuando el acaparamiento es un caso grave, son personas, por ejemplo, que en algún momento viven en una cuevita dentro de su casa, con cosas apiladas hasta el techo, y una de esas pilas se derrumba y los asfixia o los deja atrapados ahí dentro porque no pueden salir: extremos del acaparamiento.
El síndrome de Jerusalén
Estas personas mueren por esta enfermedad. Más cosas raras. Estas son algunas de mis enfermedades favoritas. Ahora, algo llamado síndrome de Jerusalén. El síndrome de Jerusalén. Hay un montón de artículos publicados sobre esto. El síndrome de Jerusalén. La psicosis de Jerusalén, que es como se le llama muchas veces, solo la puedes tener si estás en la ciudad de Jerusalén.
Y de forma abrumadora, quienes la tienen son turistas. Turistas estadounidenses mayores. Turistas estadounidenses mayores bautistas del sur. Son personas que se han pasado la vida entera queriendo ir a ver la Tierra Santa. Y por fin, aquí está el viaje, van para allá y van a poder ver las calles por las que caminó Jesús.
Y les pasa algo, y es que de repente están rodeados de realidad. Es como una ciudad moderna. Hay tráfico. Hay contaminación. Hay gente siendo grosera. Hay basura. Hay carteristas. Todo eso. Y están decepcionados. Están devastados, porque pensaban que iban a ver, ya sabéis, la aldea pequeñita por la que caminó Jesús y tal.
Y están decepcionados. Están decepcionados, con algunas cosas añadidas que van con ello. Número uno: normalmente están solos. Normalmente tienen muchos problemas con el jet lag. Así que están tumbados en su habitación por la noche. Toda su vida habían esperado venir a este lugar sagrado y mítico.
Y la realidad entra y es psicóticamente decepcionante. Y esto es lo que pasa. Todos los que, todos los que tienen un brote del síndrome de Jerusalén en ese momento. Desarman la cama. Sacan las sábanas, las hacen jirones, se quitan la ropa, se hacen una toga con la sábana. Y antes de que te des cuenta, están en una esquina de una calle de Jerusalén predicando a todo el mundo sobre que tienen que volver a sus formas de vida sencillas.
Vaya. Es una locura. Qué raro es eso. Hay 50 casos al año en el principal hospital psiquiátrico de Jerusalén. Y este es el perfil: por definición, si a alguien le van a dar este diagnóstico, por definición no tiene antecedentes de psicosis, eso es un criterio de exclusión. Llegan estas personas y están decepcionadas.
Están abatidos. Todas sus expectativas. Y lo vierten en que la gente ha arruinado este lugar con la modernidad y yo voy a hacer algo con ellos de alguna manera. Y antes de que te des cuenta, están ahí fuera con su toga predicando, lo cual a mí siempre me ha parecido que una solución para, eh, el síndrome de Jerusalén, o una manera de prevenirlo, es que todas las sábanas de las habitaciones de hotel de allí fueran a cuadros o de cachemira o algo así, porque sospecho que una sábana blanca impoluta lo facilita mucho.
50 personas al año. Y la persona queda hospitalizada una o dos semanas, hasta que se le despeja la cabeza y vuelve a casa, a dondequiera que viniera, y está bien el resto de su vida. Hay artículos sobre esto. Es un trastorno identificable. Leí, curiosamente, un artículo reciente que muestra un equivalente exacto del síndrome de Jerusalén entre personas que están haciendo su peregrinación única en la vida a La Meca.
Y esperan que sea la tierra por la que anduvo Mahoma y todo eso. Es una ciudad. Es moderna. Y tienen el mismo brote psicótico, exactamente el mismo tipo de cosa: están psicótica, patológicamente empeñados en intentar dar marcha atrás al reloj. Otra versión de eso se llama síndrome de París.
El síndrome de París y el de Stendhal
Y esto afecta a unas doce personas aquí. Y de forma abrumadora son turistas japoneses. No entiendo a qué se debe, pero al parecer en Japón hay una visión increíblemente idealizada de cómo son Francia y los parisinos. Allí todo el mundo es guapo y delgado y se desliza por calles llenas de cultura y toda la basura huele a perfume y hay un mimo en cada esquina.
Y llegan a París y es como una ciudad, y está sucia, y la gente es grosera, y todo eso. Y tienen el mismo batacazo, el mismo batacazo de decepción. No acaban, ya sabéis, en una esquina disfrazados de mimo diciéndole a la gente que vuelva a formas de vida más sencillas.
Es simplemente un brote psicótico que les pasa a estas personas. Unos doce casos al año, y 10 de los 12 o así suelen ser japoneses. Pero tienes la otra cara, la versión buena: el síndrome de Stendhal. Stendhal, escritor francés, la primera vez que fue a Florencia. Si alguna vez vas a Florencia, casi con seguridad tendrás alguna versión mínima del síndrome de Stendhal, porque mires donde mires hay un museo lleno de cosas increíbles y todo es antiguo y magnífico y, después de un rato, resulta del todo abrumador, hasta el punto de querer gritar «¡Basta ya de cosas bonitas!» Y el síndrome de Stendhal es que la gente entra en un estado psicótico de euforia, asombro y gratitud por ver todo esto.
No sé cuántos casos al año, pero hay varios artículos sobre esto. Mirad todas estas maneras en que las cosas se pueden torcer. Ladras sin control porque tu sistema inmunitario ha atacado parte de tu cerebro. No eres capaz de tirar nada y al final la pila se derrumba y te asfixia. Vas a ciertos sitios y tienes un patrón predecible de psicosis si eres la persona adecuada con el tipo adecuado de problemas y, antes de que te des cuenta, has hecho jirones las sábanas de allí y estás de camino a la planta del síndrome de Jerusalén, donde reciben 50 al año.
Tricotilomanía, tricofagia y el síndrome de Rapunzel
Así que eso es bastante extraño. Pero luego, luego llegamos a algo todavía más extraño, a un terreno que es muy, muy desconcertante. Primero, una enfermedad llamada tricotilomanía. Te arrancas el pelo en exceso. Las personas con tricotilomanía se arrancan todas las pestañas, todo el pelo de las cejas. Se lo arrancan justo donde hace cosas muy dañinas y bien visibles, y no se puede parar.
Estas son personas que están compelidas a hacer esto. Curiosamente, no se clasifica como un subtipo de TOC y la medicación del TOC no funciona en la tricotilomanía. Luego tienes la tricofagia. Tricofagia, donde la compulsión no es solo arrancarse el pelo, sino comérselo. Comerse el pelo, morderlo, masticarlo, tragarlo, todo eso.
Y en las formas extremas, es alguien que va a cenar a casa de otra persona. Y en un momento dado va al baño y rebusca en el armario del anfitrión hasta encontrar un cepillo, un cepillo lleno de pelo. Y lo saca, se come el pelo y luego vuelve a la cena.
Con esta hay una versión extrema que se llama síndrome de Rapunzel. Ya sabéis, Rapunzel, la del pelo de oro y todo eso. Y esto es la tricofagia llevada a un extremo verdaderamente patológico. Es alguien que come, que traga tanto pelo que se le forma una bola de pelo en el estómago que se extiende todo lo largo del esófago y a menudo todo lo largo del intestino.
Y esto pone la vida en peligro. Y cuando se hace la cirugía y sacas ese coágulo, es una bola de pelo grandísima con un hilo larguísimo de pelo ahí. ¿Qué sube por el esófago?
Ay, justo como Rapunzel con su pelo. Esto puede llegar a ese extremo. Si no lo arreglas, si no entras ahí quirúrgicamente, revienta el estómago y la persona se desangra hasta morir. Pero hay cosas todavía más extrañas por ahí. Algo llamado delirio de Capgras. Las personas de su alrededor a las que conocen y quieren ya no parecen esas personas.
El delirio de Capgras
Estás ahí dentro. Estás en una cama de hospital. Vale, muchas veces es después de un traumatismo craneal. Estás ahí y entra tu ser querido y no te parece que sea él. Crees que son una imitación. Crees que la persona es un impostor. Crees que los han sustituido por un robot. Puedes decir: «Sí, sí, sí, ya lo sé.
«Se parece mucho a él. La misma altura, el mismo pelo, todo eso. El mismo... Vaya, buen trabajo, chicos. Esta vez las pecas os han quedado genial. Bien. Esa está un poco desviada, pero, buen trabajo. Casi me la coláis, pero eres un impostor. Tú no eres de verdad mi ser querido». Y esto desemboca rápidamente en paranoia.
¿Quién es el que ha cogido a tu ser querido y lo ha sustituido por este robot, por esto? Y esto, durante décadas y décadas, se clasificó como un trastorno psiquiátrico con psicosis, y a la gente se la hospitalizaba. Se describió por primera vez hacia 1900, en Francia. Y esto contrasta con el síndrome de Fregoli. En este crees que una persona puede habitar varios cuerpos y que te los va cambiando, en una especie de estado paranoico.
El síndrome de Fregoli y las dos corrientes visuales
Estás ahí sentado y entra, ya sabéis, un húngaro grandote y corpulento, y sale de la habitación y 10 minutos después entra una mujer muy menuda de Tailandia o, y tú insistes en que es la misma persona. Salió y se cambió rápido y volvió a entrar. Le da nombre Leopoldo Fregoli, un actor italiano del siglo XIX famoso por lo rápido que cambiaba de vestuario.
Ah, sales de la habitación como un húngaro grandote y corpulento y vuelves a entrar como una tailandesa muy menuda. Sí, te has limitado a cambiarte de traje. Así que Fregoli, fijaos en el contraste de en qué consiste el delirio. En el primer caso, puedes tener a alguien que se parece exactamente a tu ser querido, que habita un cuerpo idéntico, pero en realidad no es él.
O en Fregoli, el delirio puede ser que esta es la misma persona y que estos tres cuerpos distintos que han venido, sí, han venido cuatro veces hoy, cada vez con un aspecto distinto, pero yo los detecto y sé lo que pretenden, desembocando con frecuencia en paranoia. Así que eso era un trastorno psiquiátrico hasta que la gente empezó a tener algunas ideas sobre el Capgras.
Y con eso hace falta otra comparación distinta, entre el síndrome de Capgras y la prosopagnosia, que es un trastorno en el que no puedes reconocer caras. Me enteré anoche de que Jane Goodall tiene prosopagnosia, lo cual me parece fascinante. Supongo que solo para humanos, porque se le dan estupendamente las caras de un montón de chimpancés a lo largo de los años.
Ceguera facial, ese es un término más genérico para esto. No puedes distinguir una cara de otra. Así que en el delirio de Capgras, tu ser querido está justo delante de ti y tú dices: «Sí, se parece mucho a él. No es él. Lo han sustituido». Y con el síndrome de Fregoli, tu ser querido entra y tú dices: «No sé.
«Nunca he visto antes a esta persona. Hola, encantado de conocerte. Yo me llamo Register». Y solo más recientemente la gente ha empezado a entender la neurología de las dos cosas, de la siguiente manera. Aquí tienes tu corteza visual. Y algo que se sabe desde hace tiempo es que luego lo mandas, después de hacer ahí el procesamiento básico del qué, lo manda a la corteza parahipocampal.
No os preocupéis, habré dicho esa palabra tres veces. No es importante. Mandan la información ahí. Pero lo clave es que va en dos corrientes separadas. Esa es la palabra que se usa. Dos corrientes separadas. Y una de ellas parece llevar la información de quién es este.
¿Qué es esto? Esto es una nutria marina. Esta es mi hermana. Esto es un... ¿Quién es este? Y la otra corriente lleva cuál es su significado. ¿Cuál es su significado emocional para mí? ¿Qué siento yo por él?
Así que si sufres un derrame en esta corriente y esta queda anulada, miras a tu ser querido y sabes que sí, que las pecas están en el sitio correcto, todo eso, pero no siente como mi ser querido. Siente como un impostor. Podrías reconocer los detalles concretos que hacían que se pareciera justo a quien sea, pero como esta vía ha quedado anulada por un derrame, no siente como quien sea.
Y lo único que puedes, puedes concluir es que lo han sustituido. Esto es un robot. Esto es un actor. Esto es un impostor. A la inversa, si sufres un derrame en esta corriente, ya no puedes reconocer la cara de tu ser querido. Pero esto es lo que ves. Te llega alguien así, con la prosopagnosia, después de tener daño por derrame ahí, y entra su ser querido en la habitación y dice: «Ah, hola.
«Creo que no nos han presentado». No hay ningún reconocimiento. No saben quién es. Te dirán que nunca han visto a esa persona en su vida. Todo eso. Y después dirán: «Pero, oye, me ha caído bien. Me da la sensación de que, es, es, es buena gente».
«Tengo así como la sensación de que sí, de que me gusta cómo me cae esa persona». O será autonómico. Su ser querido entra y no reconocen la cara, pero se les acelera el corazón. Y lo que estás viendo ahí es que no pueden con lo concreto, con el quién es este, pero el sentimiento sí llega.
La enfermedad de Munchausen
Así que estas son dos maneras en que las cosas se pueden torcer. Más zonas de rareza: algo llamado enfermedad de Munchausen. Munchausen, o probablemente se dice Munchausen si de verdad sabes leer. La enfermedad de Munchausen es un trastorno facticio en el que las personas fingen síntomas médicos. Van de médico en médico quejándose de este o aquel dolor, de este o aquel problema.
Se fabrican síntomas a sí mismos. Se tragan lejía para provocarse un problema gastrointestinal o lo que sea. Y están compelidos compulsivamente a inventarse dolencias médicas. Y acaban completamente perdidos en el sistema médico, muchas veces convenciendo a los médicos de que efectivamente hay algo que va mal. Eso es bastante raro, pero, agarraos, que viene el Munchausen por poderes, donde lo más típico, en un 95 % de los casos aproximadamente, es que seas la madre de un niño.
Munchausen por poderes
En esos casos, tú induyes los síntomas, tú induces la enfermedad en tu hijo. Ah, no vas y dices: «Ay, tiene apnea del sueño por la noche. Dejó de respirar o tuvo una fiebre muy alta». No: le pones todo tipo de cosas. Le pones venenos a tu hijo para provocarle fiebres.
Haces cosas indecibles. Lo que suele pasar es que es un niño que ha pasado por ronda tras ronda de cirugía, y muchas veces son muy pequeños y no están en posición de decir: «Mamá me hace beber lejía de vez en cuando. Mamá me frota la piel una y otra vez con papel de lija hasta que parece que tengo este sarpullido.
«Mamá hace esto». Y lo que suele pasar es que tienes ahí a un niño que ha pasado por rondas de cirugía, porque las madres con Munchausen por poderes muchas veces son muy, muy buenas en esto y convencen a los médicos. Y casi siempre lo que ocurre es que es alguna enfermera jefa veterana y cínica, que ha visto de todo, la que empieza a fijarse en que el niño solo tiene fiebre justo después de que la madre haya hecho la visita, y la que consigue que pongan a escondidas una cámara de televisión más cerca, en la habitación.
Y entonces es cuando ves cosas increíbles, como que el niño tiene una sonda de alimentación por este problema gastrointestinal imaginario y ves en la cámara que mamá desconecta la sonda o que mamá desconecta la vía intravenosa y le inyecta dentro heces de perro. Y ese niño tendrá una infección desatada durante días después, que nadie puede, y ningún niño está en posición de decir: «Vaya, cuando no hay nadie en la habitación, mamá entra con una almohada y me asfixia hasta que casi me ahogo». Y luego se ve que tengo los electrolitos todos desmadrados después.
Algo así, donde mamá me inyecta en la circulación las heces de nuestro perro. Esto es un desastre de enfermedad y termina matando a alrededor del 20 % de los niños que tienen Munchausen por poderes. En realidad, la gente del campo debate si el diagnóstico es del niño o de la madre, o si flota en medio, o si flota entre los dos y el personal médico al que arrastran a seguirle el juego.
Y estas madres muchas veces son muy, muy buenas y muy, muy persuasivas. ¿Cuál es su motivación? Lo realmente aburrido es que consiguen compasión. Consiguen reconocimiento. Consiguen cosas gratis. Consiguen, ya sabéis, la Fundación Make-A-Wish para su hijo supuestamente moribundo de cáncer y un viaje de lujo a Disneyland, ese tipo de cosas.
Hay como incentivos materiales. Pero eso no es lo interesante. Lo que de verdad las mueve es que son personas que simplemente tienen una necesidad compulsiva, una necesidad imparable de estar de algún modo envueltas en el mundo médico, de conocer a todo el personal por su nombre de pila, de estar allí a todas horas con su hijo enfermo. Además, caminan por el pasillo y las enfermeras se giran entre ellas, sondeando, y dicen: «Dios mío, ¿has visto alguna vez a una madre tan entregada?». Se hace amiga del personal de enfermería.
Les trae brownies. Se invade el camino hacia sus vidas, y todo ello es solo para quedar envuelta en este sistema médico. Curiosamente, un porcentaje alto de mujeres con Munchausen por poderes tienen antecedentes de alguna formación médica, y casi siempre donde fracasaron, donde tuvieron que abandonar el programa de auxiliar de médico, donde nunca fueron capaces de terminarlo.
Y es algo psicológico: querer estar envuelta en ese mundo y, a la vez, estar diciéndoles: «Que os den. Me echasteis de la escuela de enfermería. Mirad qué buena soy. No tenéis ni idea de que estos síntomas no son reales. Ya os lo demostraré». Increíblemente patológico. Hubo un caso famoso que se convirtió en quién sabe cuántas películas para televisión.
El caso de Gypsy Rose Blanchard
Gypsy Rose Blanchard. Gypsy, que era la hija de una madre con un Munchausen por poderes grave, y es una pesadilla ver lo que le pasó a esa niña hasta que por fin escapó al principio de la edad adulta, mantenida aún en ese estado neonatalizado y enfermizado, con el mundo entero creyendo que estaba paralizada en una silla de ruedas, que tenía parálisis cerebral, que tenía un retraso del desarrollo muy serio.
Y tenía en secreto un novio que había encontrado por internet, al que convenció en secreto de que matara a su madre. Así que, Munchausen por poderes. Pero, vaya, eso no es nada comparado con algunas de las cosas que vienen ahora. Siguiente. Siguiente: tenemos la somatoparafrenia. ¿De qué va eso?
Somatoparafrenia y el síndrome de Cotard
Es alguien que insiste en que, ya sabéis, este miembro, este miembro mío, en realidad no es mío. Es de otra persona. Es protésico. Es falso. ¿Dónde está mi miembro? Alguien se lo ha llevado. O está ahí en el congelador. O cada vez que intento sacarlo del congelador, lo vuelven a mover.
Es esta creencia delirante de que uno de tus miembros no forma parte en realidad de tu cuerpo. Una locura, ¿no? O puede ir un paso más allá, al síndrome de Cotard, donde insistes en que tu cuerpo entero no eres tú porque estás muerto. Estás putrefacto. Eres inmortal. Eres lo que sea. Esto no es realmente mío, mi cuerpo está en otro sitio por completo.
Vaya, vaya trastorno psiquiátrico. Y resulta que hay lesiones. Hay lesiones en partes de la corteza que tienen que ver con integrar la información de tu cuerpo. Ves cosas como que, cuando alguien está diciendo «este brazo no forma parte de mi cuerpo, este no es mi brazo», entras y los médicos lo tocan y tienes activación de la corteza insular.
«Ah, eso es asqueroso. Eso, esto no soy yo. Esto no soy yo». Y es algún tipo de problema neurológico que se ve. Tres cosas distintas que lo pueden causar. La primera es que sí, efectivamente: en alrededor de la mitad de los casos es una esquizofrenia de aparición lenta. Así que sí, efectivamente es una psicosis. En la mayoría de los casos restantes hay algún tipo de daño leve por derrame en una zona de la corteza motora y en una zona que integra esa información que te da la sensación de tu cuerpo como un todo coherente, y no funciona muy bien y esta pieza no se siente como yo.
O la tercera circunstancia, una que tuve que leer dos veces de lo raro que parece. Hay un medicamento antiviral llamado aciclovir y, en una de cada mil personas que lo toman, induce un delirio de Cotard, que esto ya no es realmente mi cuerpo, y se les va del organismo y a partir de ahí están bien.
Apotemnofilia y el trastorno de integridad corporal
Esto se puede torcer. Pero, ay, mucho más raro a partir de aquí. Llegamos a algunos de estos trastornos finales en los que hasta yo tengo que mirarlos, porque nunca soy capaz de pronunciarlos bien: la apotemnofilia. Es un trastorno psiquiátrico que se describió por primera vez hace unos 20 años. Son personas que solo pueden excitarse sexualmente con amputados.
Luego está la vorarefilia. La vorarefilia, una parafilia sexual, una obsesión fetichista con ser canibalizado. Solo te excita sexualmente la idea de ser canibalizado. Dos subtipos distintos. Uno es que te tragan entero, y el otro es que te trocean en pedacitos primero. Y hay páginas web de personas con este trastorno hablando entre ellas de cuál es su fantasía caníbal concreta.
Esto no son personas fantaseando con que son caníbales. Ya sabéis, todos conocemos a docenas de personas así. Eso está a montones. Esto es lo contrario: lo que se puede torcer. Pero luego, y para rematarlo, la apotemnofilia. Esta es alguien que ha mostrado, desde la infancia, estar convencido de que debería ser amputado.
Que la manera en que se sentirán una persona completa, la persona que estaban destinados a ser, es si este brazo pudiera quitarse, si esta pierna puede quitarse: solo tienen la sensación de ser quienes siempre iban a ser si les amputan un miembro.
En hombres, es como un 90 % de hombres. Eh, de algún modo perder un miembro, hacer que te quiten un miembro, preserva tu masculinidad. Y esa no la entendí en absoluto. Otra teoría, era otro artículo, es que esto es lo más aterrador que te puedes imaginar: perder un miembro, desear que ocurra e ir a conseguir que ocurra es tu oportunidad de superar el miedo.
¿Vale? Y luego, claro, entra algo de galimatías psicoanalítico, que esto es algún odio sexual distorsionado hacia tu madre. Leí un informe de caso sobre un chico que desarrolló este trastorno cuando era joven. Vio a otro chico con un miembro amputado y se fijó en ese chico. Era gay y se fijó y pensó que la única manera de ser digno de él, de ser igual a él, de ser él, quién sabe qué, era tener un miembro amputado.
Trastorno dismórfico corporal ulceroso, trastorno de identidad de género. No entiendo muy bien de dónde sale eso. Trastorno de integridad de la identidad corporal, que parece ser distinto de todas estas teorías. Y luego la gente mira en el cerebro y hay anomalías en partes del cerebro donde, por ejemplo, no estás recibiendo retroalimentación somatosensorial del miembro que quieres que te quiten.
Así que simplemente se siente como una cosa rara y alienígena encima de ti, que es asquerosa, y se te activa la ínsula. Y lo más horrible de todo es que las personas con este trastorno tienen grupos de chat. Hablan entre ellas. Se dan consejos sobre un médico de tal sitio o sobre algún médico que perdió la licencia pero que está dispuesto, por la cantidad de dinero adecuada, a amputarle un miembro a alguien.
Aquí tienes cómo puedes provocar un accidente laboral que te cueste un miembro. Esto es un trastorno psiquiátrico real. Estas enfermedades no existían hace 100 años. Las más locas que acabo de repasar no existían hace 10 o 20 años. Ahora mismo no tenemos ni nombres para algunas de las maneras en que tu suerte biológica puede torcerse muchísimo y arruinarte la vida.
Pero esos nombres irán llegando, y tenemos más y más de estas, y tenemos más y más de estos diagnósticos, y al final todos vamos a tener unos cuantos. Yo no tengo TOC, pero cada vez que subo un tramo de escaleras tengo que contar los escalones.
No puedo evitar hacerlo, por mucho que me irrite. Tengo otras cuantas cosas así que no puedo... Vale, esto es lo que he estado haciendo hoy. Esta mañana he pensado en la escena de Harry Potter 1 en la que Hagrid entra por primera vez y dice: «Eres un mago, Harry». Así que pienso en lo genial que es, y luego pienso en Hagrid diciéndolo, y luego me pregunto si sabría hacer su acento escocés, y luego me doy cuenta de que tengo los labios moviéndose.
Y entonces pienso: «Deja de hacer el tonto. Tienes que prepararte para la clase». Y luego pienso en la escena en la que Hagrid entra por primera vez y dice: «Eres un mago». No sé cuánto de esta mañana he desperdiciado con esto. Todos tenemos cosas así en marcha. Con 600 personas en esta clase.
Un número desgarrador de vosotros ha lidiado con la depresión o la ansiedad. Pero estoy dispuesto a apostar que algunos de los que estáis ahí habéis lidiado con la tricotilomanía o la bulimia o alguna de estas, algunas de estas, y todas ellas tocan muy de cerca. Así que, ¿qué vamos a hacer cuando lleguemos al punto en que todos tengamos un par de nombres para estas cosas y todos suframos algunas de ellas y todos tengamos que plantearnos la buena suerte que hemos tenido frente a aquel cuya vida queda completamente descarrilada por ellas?
Vale, uno de los desenlaces que dan miedo es que, ya podéis apostar, en cuanto la gente tenga estos diagnósticos, va a ser una oportunidad buenísima para negarles el seguro médico o una vivienda justa o el empleo o cosas así. Va a pasar siempre, y cualquier norma y ley que exista sobre privacidad genómica no va a funcionar a la larga.
El lado malo y el lado bueno de saberlo
Así que ese es el lado malo. El lado bueno es que todos aprendemos a extender este paraguas de a quién le debemos compasión y quién cuenta como alguien a quien uno de estos trastornos le ha arruinado la vida. Y hemos aprendido en las últimas décadas que sí, que una manera en que tu cerebro te traiciona son las alucinaciones esquizofrénicas.
Otra manera es que no puedas salir de casa porque tienes que dejar simétricos los cordones de los zapatos o algo así: esa es una manera en que tu vida se puede arruinar. Sin duda. Y a medida que aprendemos más de eso, aprendemos una y otra vez lo obvio, que es: si tú hubieras tenido un par de receptores más de esto, o unos pocos menos de aquello, o lo que sea, ahí, pero por la gracia de la biología, irías tú.
Todos estamos en un continuo con esto. Y lo que uno se da cuenta es de que, al final, esta supuesta frontera entre la esencia de quienes somos y el tumulto biológico superpuesto. Esa frontera, según se va acercando, nos damos cuenta de que es una frontera completamente falsa. No hay diferencia. Y a fin de cuentas, estar sano es tener las mismas enfermedades que tiene la mayoría de la gente, porque todos tenemos algunas de estas.
Así que, ¿qué significa esto sobre la naturaleza de la vida y sobre que somos máquinas? Somos máquinas biológicas. Somos máquinas biológicas. Estamos, estamos hechos de los mismos bloques de construcción que una babosa de mar. Lo único distinto que tenemos es que, hasta donde yo sé, somos las únicas máquinas biológicas que saben que son máquinas biológicas.
Pero somos máquinas biológicas. Y, o sea, ¿qué hacemos con esto? Y aquí es donde la gente se suele poner muy, muy incómoda, y es de forma bastante fiable un subconjunto de gente de esta clase, porque lo que esto empieza a atacar es esa pretense tan preciada que todos tenemos de que somos únicos, de que no tenemos parangón, de que somos esa llama parpadeante de individualidad.
Los nueve mil millones de nombres de Dios
Y todo lo que va a hacer esta ciencia es llegar y apagar esa llama y explicar cada vez más sobre cada vez menos, y todo el misterio desaparecerá. Esto lo resumió maravillosamente ese clásico de la ciencia ficción de Arthur C. Clarke titulado Los nueve mil millones de nombres de Dios, en el que un grupo de monjes tibetanos, con un ordenador superpotente de los años cincuenta, empiezan a escupir los nombres de Dios.
Los nueve mil millones de nombres. Una metáfora de alcanzar lo inalcanzable, lo sublime. Y, según el relato, a medida que sale cada nuevo nombre del ordenador, una de las estrellas del cielo se apaga. Esa es la metáfora de por qué todo esto preocupa. Es decir, que esos científicos van y lo explican todo sin querer, y lo convierten todo en mecanismo y nos convierten a nosotros en máquinas.
Que con cada nuevo dato una de las estrellas del firmamento se va a apagar. Esto es lo último de lo que tenéis que preocuparos, por varias razones. En primer lugar, el hecho de que resulte que tenemos cosas mecanísticas funcionando bajo la superficie no debe robarnos nada de lo que sentimos por lo que hay en la superficie.
Puedes convertir a Bach en un montón de reglas de contrapunto y puedes convertir a una gacela saltando en un montón de ecuaciones de biomecánica. Y el hecho de que puedas hacer eso no marca ninguna diferencia en términos emocionales respecto a lo que la música puede hacerte o lo que puede hacerte ver a una gacela saltando.
Que haya más estructura de la que sospechábamos al principio no debería robarnos nada del asombro por cómo se ve la conducta que sale por el otro extremo. Pero también por otra razón no deberíamos preocuparnos por esto, y es que la ciencia nunca va a explicarlo todo sin querer, porque lo que ha sido todo este curso es que cada vez que responden a una pregunta generan 10 nuevas.
Esa es la naturaleza de la ciencia. Haldane, J. B. S. Haldane, fue el que nos dejó «daría la vida por dos hermanos u ocho primos», y tenía otra cita maravillosa. Decía: «La vida no solo es más extraña de lo que imaginamos. La vida es más extraña de lo que podemos imaginar». Y eso es exactamente el punto. El propósito de la ciencia no es curarnos del misterio.
Su propósito es reinventarlo constantemente. ¿Qué debería hacer uno con toda esta información? Y con lo que la gente muchas veces se queda totalmente desconcertada en este curso, justo en este punto, es con que es tan malditamente complicado y nada causa nada. Todo lo demás modula otra cosa. Todo es un factor predisponente. Nada lo causa de verdad.
Es tan complicado y hay tantas maneras en que las cosas se pueden torcer. ¿Cómo se supone que haga algo con esto? ¿Cómo se supone que arregle algo de esto? Y esto podría volverse fácilmente paralizante. Donde empezamos a apreciar qué podrías hacer con esto es apreciando más o menos dónde encajas tú en el mundo en este punto.
Dos anécdotas y el privilegio
Dos anécdotas. La primera: no recuerdo siquiera si salía en la película sobre Oppenheimer, pero al parecer, después de que estallara la bomba la primera vez, dijo: «Ahora hasta la física ha conocido el pecado.» La segunda anécdota es sobre mi padre. Mi padre era arquitecto e historiador de la arquitectura y daba historia de la arquitectura en una escuela nocturna cutre de Brooklyn, en la que quería dar clase porque estaba llena de inmigrantes que trabajaban de delineantes durante el día intentando sacarse su licencia de arquitecto, exactamente la trayectoria que él había tenido.
Y una vez fui a sentarme en una de sus clases, y era un profesor increíble, y cantaba arias para explicarte el material acústico, y, y otra de las cosas que hacía es que en un momento dado ponía imágenes de algunas de las cosas gloriosas de la historia de la arquitectura y sí, claro, diciendo: «Ay, Dios mío, qué inspirador, qué maravilla». No es eso lo que está haciendo.
Está poniendo imágenes del Palacio de Versalles y de las pirámides de Giza y de todo. Y está diciendo: «A lo largo de la historia, los arquitectos, una y otra y otra vez, no han sido más que las putas de los ricos, construyéndoles sus palacios, construyéndoles sus mausoleos, siendo sus lacayos. No quiero veros salir ahí fuera y ser las putas de los ricos y de los poderosos.
«Quiero que consigáis vivienda justa». Y sigue y sigue así, gritándoles a esa gente. Son personas que no van a construir el Palacio de Versalles. Si tienen suerte, harán una reforma ilegal en el garaje de alguien en Canarsie, en Brooklyn, o algo así. Y a mí me pareció lo más estúpido que había oído en mi vida.
Y no fue hasta pasado un rato cuando percibí que, de hecho, estaba haciendo algo muy, muy respetuoso con esa gente: que aunque estén ahí fuera y su destino sea hacer reformas ilegales en un garaje en algún sitio de Brooklyn, aunque tengan la capacidad de pecar, en alguna versión secular de eso, de hacer una construcción insegura, de hacer algo corrupto, hasta ellos pueden hacerlo.
Así que ahora hasta la física ha conocido el pecado. Hasta alguien que hace una reforma en un garaje puede conocer alguna versión secular del pecado. ¿Cuál es el remate aquí? Vosotros no sois la primera bomba atómica. Vosotros no sois estudiantes nocturnos con pocas probabilidades de sacarse nunca una licencia y dedicarse a eso. No sois gente en la que sea marginal si vais a tener influencia o no.
Vosotros vais a, tenéis privilegio. Tenéis suerte. Tenéis formación. Tenéis agua corriente potable. Probablemente tengáis una casa a la que volver al final de cada día. Estáis entre los afortunados. Y parte de lo que va a hacer ese privilegio es que vais a estar entre los poderosos.
Os vais a encontrar con alguna circunstancia en la que tengáis que decidir si le hacen un lavado de estómago a alguien que se ha tomado una sobredosis entera de algo porque ya no puede vivir más. En algún momento vais a ser alguien que decide si un presupuesto en la legislatura en la que estéis destina dinero a este problema de salud mental.
Vais a ser cargos electos. Vais a ser fiscales. Vais a ser jueces. Esta clase ya ha producido un senador de Estados Unidos y un par de representantes. Y vosotros vais a salir ahí fuera y vais a tener influencia. La gente no os va a mirar para decir: «Ah, vamos a elogiarlos gratuitamente por el hecho de que podrían hacer reformas de garaje chapuceras en algún sitio». Vosotros vais a tener poder.
Y lo clave que sale de esto es: «Ay, es tan complicado. Es tan complicado. Es imposible hacer nada. Es imposible mejorar nada». Cuanto más convincente parezca que no se puede hacer nada, más tenéis que ser vosotros los que lo hagáis, porque vosotros sois los afortunados con privilegios y en posición de hacerlo.
Exactamente como aquella cita de la semana pasada: «Cuanto menos perdonable es el acto, más tienes que perdonarlo. Cuanto menos adorable es la persona, más tienes que encontrar la manera de amarla». Cuanto más parezca que cualquier conclusión racional es que nada se puede mejorar y que yo estoy indefenso, más tenéis que hacerlo vosotros, porque si no lo hacéis, nadie más estará en posición de hacerlo.
Ciencia y compasión
Así que, dicho esto, buena suerte con el proceso de hacerlo. Y aunque sea complicado, eso nunca es una excusa. Hay que hacer algo. Así que hacedlo con cautela, hacedlo con prudencia, hacedlo con humildad, todo eso. Pero alguien tiene que hacerlo y vosotros seréis los que estéis mejor situados. Buena suerte con ese proceso. Y como último pensamiento: no vais a tener que elegir entre ser científicos y ser compasivos.
Son completamente compatibles.
Fuentes · 23 entradas
De dónde sale cada dato de este tema
Las fuentes de estas 1 clases, cada clase en su caja. Está plegado para que no tape las clases; se abre cuando haga falta.
Diferencias individuales · 23 fuentes
Clase 32 · La esencia y el fallo biológico encima · 23 fuentes
- 32Peg C. Nopoulos, Elizabeth H. Aylward, Christopher A. Ross y colaboradores (consorcio PREDICT-HD) Corteza cerebral en la enfermedad de Huntington prodrómica: el daño frontal precede al motor. Neurobiology of Disease 40(3): 544-552; texto completo en PMC2955824 2010. enlaceEn portadores del gen que todavía no tienen síntomas motores, el grosor de la corteza ya está reducido en regiones frontales, y la pérdida se concentra en los años inmediatamente anteriores al diagnóstico motor. Sostiene lo que la clase afirma —que el daño frontal llega años antes que el temblor— y sitúa la ventana de desinhibición en la que él coloca la ventaja reproductiva.
- 32no identificado La ventaja reproductiva en la ventana frontal de Huntington: estudio sin identificar. sin localizar. sin fuente localizableLa clase atribuye a «los estudios» que las personas en la fase de desinhibición frontal tienen más descendencia que sus hermanos no afectados, y no se ha localizado el trabajo que lo sostiene. La literatura sobre fertilidad en portadores del gen describe igualdad o descenso, no un aumento; la asociación entre desinhibición y más hijos es una hipótesis sobre por qué el gen persiste, no un dato medido. La pleiotropía negativa que él extrae como moraleja es un concepto sólido por otras vías, pero este dato concreto se queda sin fuente.
- 32Susan E. Swedo, Henrietta L. Leonard y colaboradores (National Institute of Mental Health) Descripción clínica de los primeros 50 casos de PANDAS. American Journal of Psychiatry 155(2): 264-271 1998. enlaceFijó los criterios del cuadro: inicio brusco de tics o síntomas obsesivos, edad prepuberal, curso episódico y asociación temporal con una infección por estreptococo. Es la fuente del nombre completo que la clase deletrea y también el origen del debate: el diagnóstico sigue sin criterios aceptados y la evidencia de autoinmunidad es indirecta.
- 32Harvey S. Singer y colaboradores (Johns Hopkins) Anticuerpos contra el putamen en niños con síndrome de Tourette. Neurology 50(6): 1618-1624 1998. enlaceEncontró anticuerpos dirigidos al putamen en una parte de los niños con Tourette, y los trabajos con controles han dado cifras dispares y en general más bajas que el 20-30 % que sugiere la clase; tampoco se ha reproducido un patrón estable en los estudios posteriores. La clase se cubre diciendo que no conoce los números recientes, y hace bien.
- 32Yair Bar-El, Rimona Durst, Gregory Katz, Joseph Zislin, Miki Strauss y Hanan Y. Knobler (Kfar Shaul) El síndrome de Jerusalén: la serie de derivaciones al hospital psiquiátrico de la ciudad. British Journal of Psychiatry 176: 86-90 2000. enlaceAnalizó trece años de derivaciones al hospital psiquiátrico de Jerusalén: del orden de cuarenta admisiones y un centenar de derivaciones al año con el cuadro, casi todas en turistas, y lo subdividió por tipos. La clase redondea a «50 casos al año» y no nombra ni el hospital ni a los autores.
- 32informe de caso de 2022 (PMID 36592108) Un caso equivalente durante la peregrinación a La Meca. informe de caso publicado en 2022 (Revisiting Jerusalem Syndrome: caso durante la visita a La Meca) 2022. enlaceDescribe a un peregrino que desarrolló un cuadro con la misma estructura que el síndrome de Jerusalén al llegar a La Meca: expectativa de toda la vida, aglomeración y desencadenante religioso. Es el «artículo reciente» que la clase menciona, y apoya su tesis de que lo que manda no es la ciudad sagrada concreta sino el guion que el viajero traía puesto.
- 32Hiroaki Ota (acuñó el término; la clase no lo nombra); cifras difundidas por la embajada japonesa en París El síndrome de París: las cifras de casos y quién acuñó el término. libro «Paris syndrome» (1991) y cobertura de prensa; sin serie de casos con revisión 1991. enlaceLa clase da «una docena de casos al año, diez de cada doce japoneses» y a continuación dice que no entiende a qué se debe. Las cifras que circulan vienen de la embajada japonesa y del trabajo de Ota, no de un registro sistemático, y el sesgo de nacionalidad se explica por la barrera del idioma y por el peso de la promesa de París en esa sociedad: el mismo guion del síndrome de Jerusalén con otro decorado.
- 32Graziella Magherini (no nombrada en la clase); la descripción original es de Stendhal, 1817 El síndrome de Stendhal: la serie de Florencia. libro «La sindrome di Stendhal» (1989); revisión clínica en Arquivos de Neuro-Psiquiatria (2018) 1989. enlaceMagherini reunió en el hospital Santa Maria Nuova de Florencia más de cien episodios de descompensación aguda delante de obras de arte, con asombro, taquicardia y desmayo. Es la versión buena que la clase contrapone al síndrome de París: la misma crisis, pero por exceso de belleza y no por decepción.
- 32Joseph Capgras y Jean Reboul-Lachaux La ilusión de los sosias: el caso original de Capgras y Reboul-Lachaux. Bulletin de la Société Clinique de Médecine Mentale (1923); revisión moderna en Case Reports in Psychiatry (2020, PMID 32378427) 1923. enlaceLa descripción original es de 1923, no de 1900: una paciente con delirio crónico sostenía que su marido y otras personas cercanas habían sido sustituidos por sosias. La clase fecha el cuadro «hacia 1900» y el desliz no afecta al mecanismo que explica después, la desconexión entre reconocer una cara y sentirla.
- 32Paul Courbon y Gaston Fail El síndrome de Fregoli: el caso de Courbon y Fail. Annales Médico-Psychologiques (1927) 1927. enlaceDescribieron el delirio simétrico al de Capgras: una única persona perseguidora que se disfraza y reaparece en cuerpos distintos. La clase lo usa para cerrar la simetría de las dos corrientes visuales, la que reconoce y la que siente; el epónimo viene del actor Leopoldo Fregoli, que cambiaba de aspecto en escena.
- 32Richard Asher Síndrome de Munchausen. The Lancet 257(6664): 339-341 1951. enlaceAsher describió a pacientes que se inventan y se provocan enfermedades y recorren hospitales contando historias falsas, y los bautizó con el nombre del barón de Munchausen, el narrador de embustes de la literatura alemana. El nombre diagnóstico actual es trastorno facticio; la clase usa el epónimo sin decir de quién es.
- 32Roy Meadow (Universidad de Leeds); acuñación discutida con John Money y June Faith Werlwas (1976) Munchausen por poderes: el hinterland del maltrato infantil. The Lancet 310(8033): 343-345 1977. enlaceMeadow describió a madres que provocan la enfermedad de sus hijos y bautizó el cuadro. Las mortalidades que maneja la literatura clínica van del 6 % al 10 % en las series clásicas, con cifras superiores solo en los cuadros más graves; el 20 % que da la clase está por encima de lo que sostienen los datos.
- 32no aplicable (caso judicial) El caso de Gypsy Rose Blanchard y la muerte de Dee Dee Blanchard. caso criminal de 2015 en Springfield (Misuri); cobertura judicial y varias series documentales 2015. enlaceClauddine «Dee Dee» Blanchard hizo pasar a su hija por enferma terminal durante años, con tratamientos y campañas benéficas conseguidos por engaño, y en junio de 2015 su hija y el novio de esta la mataron. Gypsy-Rose se declaró culpable de asesinato en segundo grado. Es el desenlace de Munchausen por poderes que la clase usa para cerrar el tema.
- 32Jules Cotard (1880); análisis de 100 casos por G. E. Berrios y R. Luque (1995); sobre el cuadro tras daño cerebral, Young, Robertson, Hellawell, De Pauw y Pentland (1992) El delirio de negación de Cotard y su análisis clínico moderno. Cotard, «Du délire des négations», Archives de Neurologie (1880); Acta Psychiatrica Scandinavica (1995) 1880. enlaceCotard describió el delirio de negación: creerse muerto, negar partes del propio cuerpo y, en las formas extremas, considerarse inmortal. La revisión de cien casos muestra que casi siempre aparece sobre una enfermedad orgánica o psiquiátrica de fondo, y no como entidad aislada: es el extremo de la serie de la somatoparafrenia que la clase presenta.
- 32Anders Helldén y colaboradores (farmacología clínica, Huddinge) Muerte delirante: dos casos de delirio de Cotard inducidos por aciclovir. BMJ 335(7633): 1305; texto completo en PMC2151143 2007. enlaceDescribió dos pacientes que, tras recibir aciclovir, sostenían que estaban muertos o que su cuerpo ya no era suyo, y que se recuperaron al retirar el fármaco: el delirio se asocia al metabolito CMMG acumulado en la insuficiencia renal. Es la fuente real detrás de «una de cada mil personas»: el cuadro existe y es reversible, pero el denominador de mil es una estimación que los propios autores no establecen.
- 32Gregg M. Furth y John Money (1977); John Money (1986); Michael B. First (2005) Apotemnofilia y acrotomofilia: dos cosas distintas con un solo nombre. Journal of Sex Research 13(4) (1977); Journal of Sex Research (1986); Psychological Medicine 35(6) (2005) 1977. enlaceFurth y Money describieron la apotemnofilia como el deseo sexual de ser amputado, y Money llamó después acrotomofilia a la atracción por personas amputadas, que es el ejemplo que la clase pone («solo se excitan con amputados»). En 2005 First publicó el primer estudio clínico del deseo de amputación no sexual, con 52 personas, y acuñó «trastorno de identidad de la integridad corporal». La clase junta las dos cosas y fecha el cuadro «hace unos 20 años».
- 32Tessa E. S. Charlesworth y Mahzarin R. Banaji (Harvard) Patrones de actitudes implícitas y explícitas: cambio y estabilidad en millones de pruebas. Psychological Science 33(7) (2022); la serie completa se publica en Journal of Personality and Social Psychology 2022. enlaceEl análisis de millones de pruebas de asociación implícita entre 2007 y 2020 muestra un descenso general del sesgo contra la orientación sexual, la raza y el tono de piel, y un cambio mucho más lento —o nulo— en el sesgo por peso y por edad. Es la fuente del «dato maravilloso» que la clase cuenta, con la advertencia del propio artículo de que el cambio es lento y desigual.
- 32no aplicable (resúmenes de referencia de la clase; para la dislexia, Albert M. Galaburda y colaboradores, 1985) Materiales de referencia de la clase: el descubrimiento de la dislexia y los criterios del Tourette. la clase usa dos resúmenes de referencia: el del descubrimiento de la dislexia (min. 5:35) y el de los criterios diagnósticos del Tourette (min. 22:53); el estudio citado para la dislexia es Galaburda et al., Annals of Neurology (1985). enlacePara la dislexia: hay malformaciones arquitectónicas sutiles en una capa de la corteza —ectopias y displasias— en cerebros de personas con dislexia, lo que apoya un origen del desarrollo y desmonta la lectura moral del problema. Para el Tourette (min. 22:53): el manual lo clasifica entre los trastornos del neurodesarrollo, de inicio en la infancia, con subtipos y curso fluctuante, y no como una variante de la enfermedad obsesiva.
- 32Jean Delay y Pierre Deniker (hospital Sainte-Anne, París); revisión histórica de Francisco López-Muñoz y colaboradores El primer antipsicótico: la clorpromazina y la caída de la culpa de las madres. Delay y Deniker describieron la acción de la clorpromazina en 1952; la síntesis histórica está en Annals of Clinical Psychiatry (2005), texto completo en PMC2655089 1952. enlaceLa clorpromazina llegó a la psiquiatría en 1952 y fue el primer fármaco que apagaba los síntomas psicóticos, lo que hizo insostenible leer la esquizofrenia como consecuencia de una madre fría. La clase lo usa como el momento en que empezó a caer esa culpa, que la imagen cerebral terminó de retirar en los años ochenta.
- 32no aplicable (clasificación del DSM-5 y revisiones clínicas, p. ej. Woods y colaboradores, 2018) Tricotilomanía: por qué no es un subtipo del trastorno obsesivo-compulsivo. Manual diagnóstico DSM-5 y revisiones clínicas (PMID 30152568). enlaceEl DSM-5 saca la tricotilomanía del capítulo obsesivo-compulsivo y la coloca en el capítulo propio de los trastornos relacionados, junto al de excoriación, porque el acto no responde al patrón de obsesión y compulsión y no mejora con los tratamientos del TOC. Eso es lo que la clase afirma de forma categórica, y es correcto.
- 32E. Darracott Vaughan, John L. Sawyers y H. William Scott (Universidad Vanderbilt); revisión moderna con caso ilustrado El síndrome de Rapunzel: el tricobezoar que se prolonga más allá del estómago. Surgery 63(2): 339-343 (1968); el caso moderno con imagen está en PMC2846351 1968. enlaceVaughan, Sawyers y Scott describieron en 1968 el tricobezoar con cola que se extiende más allá del estómago, y de ahí el nombre tomado del pelo de Rapunzel. La clase añade un detalle de su cosecha, que la bola «se prolonga todo a lo largo del esófago»: la literatura describe la extensión hacia el intestino, y la imagen que él evoca es la excepción y no la regla.
- 32I. Sadaf Farooqi, Stephen O'Rahilly y colaboradores (Cambridge) y revisiones posteriores de genética de la obesidad Obesidad monogénica: mutaciones de la vía leptina-melanocortina y agregación familiar. New England Journal of Medicine (2003) y revisiones de la vía MC4R. enlaceLas mutaciones de MC4R son la causa monogénica más frecuente de obesidad grave: quien las lleva gana peso desde la infancia, la transmite a sus hijos y come en exceso porque la señal de saciedad no llega. Es exactamente lo que la clase dice en jerga sobre «mutaciones en receptores de hormonas digestivas», y el punto terapéutico también es real: los agonistas de MC4R han producido pérdidas de peso grandes en los déficits de la vía.
- 32Anthony G. Greenwald, Debbie E. McGhee y Jordan L. K. Schwartz (Universidad de Washington) Midiendo diferencias individuales en cognición implícita: la prueba de asociación implícita. Journal of Personality and Social Psychology 74(6): 1464-1480 1998. enlacePresentó la tarea que mide asociaciones automáticas por la velocidad con que se clasifican palabras y caras, y documentó efectos que parecen escaparse del control consciente. Es el instrumento con el que la clase habla de sesgos implícitos; su fiabilidad y su capacidad de predecir conducta siguen discutiéndose, y la clase no entra en ese debate.